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Miércoles, 14 de enero de 2015

LITERATURA › OPINIóN

Guiños poéticos de otros tiempos

 Por Alberto Szpunberg

Poco antes de que Juan muriera, entre un montón de papeles salvados de la dictadura, me reencontré por pura casualidad con dos poemas: uno mío, “Stanleyville”, y otro de Gelman, “Explicaçâo”. Ambos poemas, ocultos vaya a saber en qué alcantarilla secreta, habían sobrevivido milagrosamente desde 1964. Ni Juan ni yo nos acordábamos de su existencia. Nunca, hasta ahora, habían sido vueltos a publicar. Como “la casualidad no es ausencia de causalidad, sino de causalidad inmediata” (¡gracias, Hegel!), hoy permanecen, de hecho, inéditos, pero permanecen. Mi poema “Stanleyville” había salido en Literatura y sociedad, una revista que, en 1964, fogoneábamos Ricardo Piglia, el legendario tano Sergi Camarda y yo, con la intención de nuclear a los intelectuales y artistas de la izquierda guevarista. El poema “Explicaçâo”, de Gelman, que él me dedicó, apareció también en 1964, en el número 61 de la revista Vuelo, de Gente de Arte de Avellaneda. En esos tiempos, estos poemas constituyeron un claro guiño de complicidad política y también poética: todo entonces iba muy junto y entremezclado. Juan y yo habíamos sido expulsados del PC por comulgar, según Ellos, con el “guerrillerismo” guevarista. Como sostenía el Che en El socialismo y el hombre en Cuba, “aun a riesgo de parecer ridículo, un revolucionario actúa movido por grandes sentimientos de amor”. En nuestros poemas, esta “licencia literaria” del Che se expresaba casi religiosamente. Y es interesante: ambos poemas remitían a Africa. No por casualidad, en ese 1964, en el que Juan y yo nos intercambiamos estos guiños, el EGP de Masetti ya merodeaba con su trágica deriva en Salta, pero el Che estaba a punto de iniciar su campaña en el Congo.

Mi “Stanleyville” estaba inspirado en una noticia leída en Crónica. Un cable daba cuenta de que, en Africa, precisamente en el Congo de Patrice Lumumba, Paul Carlsons, un pastor protestante, había sido devorado por una tribu antropófaga. Mi poema, irreverente, salpicado de humor negro pese a estar ante un hecho terrible, llegaba a “hablar en infinitivo” como Tarzán –“ustedes tocar aullar que yo hacer”–, una manera de recordar lo que el cable de Crónica, por supuesto, no mencionaba: la sistemática y masiva antropofagia practicada en Africa por el colonialismo “cristiano y occidental” desde los tiempos de la esclavitud. Y, como ya se respiraba en el aire de esos tiempos, “la violencia de los de abajo no es violencia; es justicia”. El poema de Gelman transmitía los mismos sentimientos y también se “ambientaba” en Africa. Y decía y sigue diciendo así:

Explicaçâo

a Alberto Szpunbergarthur rimbaud dijo que hay que cambiar la vida y dejó de escribir es decir dejó de alucinar la vida y fue al áfrica en cambio y amó a una negra inmensa como un hospital y fue amado por ella con gran rubor de los crepúsculos y entre tantos ingleses franceses portugueses y demás aves de rapiña rimbaud contrabandeó su amor tan increíble y para continuar el espectáculo ante los hombres santos como incrédulos arthur contrabandeó oro y diamantes en representación de sus abrazos y cuando fue por ello castigado su culpa verdadera nunca fue mencionada esas bestias cobardes prefieren no menearlo condenan ciertamente las formas de querer intervenir

Stanleyville
Al caer de la noche de pie contra el
/incendio de los cielos
le dije a mis compañeros ustedes tocar
/aullar que yo hacer
y tomé por las guedejas la rubicunda
/cabeza de Paul Carlsons
a tan buena carne de coleccionista
/cazador pastor de almas
la amé a zarpazos le di con los colmillos
/uno a uno
no podrás con mi aliento mi pedazo
/de hombre todo prójimo
y su blancura ascendía a los cielos
/entraba ahí su cosa pálida
mientras mis dioses mis hermanos
/Patrice y yo
rey de los animales de este mundo
rugíamos de amor contra la muerte.

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Violín y otras cuestiones, Cólera buey, Relaciones, Carta a mi madre, Valer la pena y Hoy son algunos de los poemarios de Gelman.
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