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Jueves, 25 de enero de 2007

OPINION

Hay y no hay festival

 Por Efraim Medina Reyes *

Con un grupo de amigos he organizado el segundo No Hay Festival. El nombre, por supuesto, está inspirado en el Hay Festival que se realiza a fines de enero en los parajes turísticos de Cartagena de Indias. Como había previsto, algunas personas y medios en Colombia han interpretado mi No Hay Festival como una reacción contra el Hay Festival producto de la amargura y la envidia (un despropósito considerando que soy uno de los invitados); lo que pretendo con No Hay Festival es mostrar a través de crónicas, reportajes, ensayos y columnas la otra cara de Cartagena; la Cartagena donde nací y crecí, la que no sirve para hacer postales ni festivales internacionales de nada; la del comercio sexual de menores, la ruina ambiental, el desempleo, los desplazados, la miseria absoluta... esa Cartagena desolada, inmóvil e invisible que sólo recibe personajes “ilustres” en tiempo de elecciones.

Exigir que el Hay Festival se interese en los problemas de Cartagena sería absurdo, se trata sólo de una cita más de la vasta agenda del turismo literario y digo turismo porque los escritores en esos eventos aparte de pasear poco hacemos. La rutina es más o menos la misma: los escritores, internacionales, nacionales y locales, sueltan el rollo que se saben de memoria, los moderadores muestran su habilidad en el tema, al terminar la cháchara el público aplaude o suspira aliviado, algunos fans se acercan al escritor de turno para reclamar un autógrafo. No existe razón para esperar que en una fiesta literaria, y menos si está apadrinada por el creador de Macondo, la dura realidad cuente mucho. Como en un reinado de belleza, lo único que suele ponerse a prueba al juntar varios escritores es la vanidad.

La idea de tener a Cartagena como escenografía de Hay Festival, que ya se ha realizado en otros países de Europa y América latina, fue del turista literario profesional Carlos Fuentes (digo profesional porque su tarifa para dar conferencias y asistir a festivales es de las más altas del mercado). No le falta razón a Fuentes, autor entre otros textos de Gustavo Cisneros, el adelantado (un elogioso prólogo a la biografía autorizada del magnate venezolano por el que se dice cobró 50.000 dólares), al considerar que el casco histórico de Cartagena sería un telón de fondo perfecto para el evento. Los cartageneros estamos acostumbrados a ver cómo las autoridades “limpian” en esos días cruciales las calles céntricas de indigentes y prostitutas de baja tarifa, restringen un poco el tráfico y “ahuyentan” a personajes populares que a su parecer no resultarían agradables para los visitantes. Toda puesta en escena tiene sus exigencias y hay que soportarlas para que, como dicen los organizadores de Hay Festival en su página oficial “Grandes escritores formulen verdades sobre el mundo, que nos hagan entenderlo y planteárnoslo de nuevo”.

La única cosa que me produce cierto fastidio, teniendo en cuenta el espíritu filantrópico que parece animar Hay Festival y los poderosos patrocinadores que tiene, son los costos de las entradas. En la mayoría de festivales literarios de que tengo noticia el público ingresa gratis y aunque es probable que para los turistas y la pequeña clase adinerada de Cartagena el precio del ticket no pase de ser “una mera contribución simbólica” no sobra recordar que la bella Cartagena de Indias posee el cordón de miseria más grande de América latina y el 80 por ciento de sus habitantes están condenados a sobrevivir con menos de un dólar al día. Digo esto a modo de ilustración y sin pretender, en ningún caso, restar méritos al enorme esfuerzo que seguramente demanda, como subraya la propia página oficial del evento, traer “el sello de hedonismo de Hay Festival” a nuestra ciudad.

* Escritor colombiano.

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