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Miércoles, 2 de noviembre de 2005

¡Después de los 50 también se puede!

 Por Emanuel Respighi

“Lleva tiempo llegar a ser joven”, dijo alguna vez Pablo Picasso.
Y parece que la frase fue recogida este año como una inusual sentencia divina en el mundo del espectáculo local, en la que la tercera edad pasó a cumplir un extraño rol protagónico para la historia del medio. Además de la belleza octogenaria de Eva Morel en la flamante campaña de Reebok (una marca deportiva históricamente vinculada a la juventud), se puede ver por estos días la publicidad de Key Biscayne de una nueva línea de ropa para hacer yoga, en cuya campaña un hombre y una mujer de 75 años posan serenamente como símbolo de la plenitud de la vida. Pero no sólo de la publicidad viven los mayores de 50: tanto la pantalla chica (Amor en custodia) como la grande (Elsa & Fred) muestran que se puede tener una historia de amor furtivo con una jubilación bajo el brazo o, en el mejor de los casos, aún en trámite. Ya lo dijo Erich Fromm: “El amor inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te necesito porque te amo’”.
A contramano de la propia historia de los medios de comunicación, en la que la tercera edad sólo tenía lugar en los “rinconcitos de los jubilados” de los noticieros, el 2005 parece ser el año en que los ancianos tomaron protagonismo. Lejos de los papeles secundarios que las novelas y películas les suelen dar a los viejos, en la que la ancianidad suele ser entendida como resistencia al paso de la vida (preferentemente en teatro) o como cliché sabelotodo y confidente (tal el caso de la eterna Lydia Lamaison en televisión), ahora la tercera edad se ubicó en el centro de la escena con sus propias historias, inquietudes y modos de vida, sin avergonzarse ni renegar de su presente. Claro que en el auge de la ancianidad en los medios también tiene sus perversiones y abusos: el paso de Amelia Bence, por caso, en No hay dos sin tres, es una muestra de que en la TV se hace cualquier cosa por sumar algunos puntos de rating. Aun a costa de reírse de quienes ingenuamente creen revivir su época dorada...
Opuesto al histérico amor adolescente de Rebelde way o Frecuencia 04, el amor maduro invadió la pantalla con tonos y colores distintos. “El amor de la madurez –detalla el psicólogo Andrés Sánchez Bodas– muestra un acercamiento en afinidad y similitudes. Cuando se pasa la barrera de los 50 es más importante estar cerca del otro que seguir con la lucha de los sexos, la competencia y el egoísmo.” La apasionada relación que por estos días tiene como protagonistas a Soledad Silveyra y Osvaldo Laport en Amor en custodia (lunes a viernes a las 13.30, por Telefé) signa las diferencias: las escenas de sexo se insinúan mucho más de lo que se muestran, y el deseo amoroso entre la empresaria y el custodio tuvo que esperar 71 capítulos en concretarse en la realidad ficcionalizada. Ambientada en Madrid, la película protagonizada por China Zorrilla y Manuel Alexandre, Elsa & Fred, da un paso más y rescata la posibilidad del romance en la tercera edad. Dos claros ejemplos que respaldan la remanida frase de que “para el amor no hay edad”. Tampoco para los éxitos audiovisuales: Amor en custodia es una de las telenovelas más vistas del año y Elsa & Fred ya superó los 500 mil espectadores.

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Manuel Alexandre y China Zorrilla, los maduros protagonistas de Elsa & Fred.
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    Por Emanuel Respighi
 
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