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Sábado, 29 de octubre de 2005

NEUROLOGIA: HISTORIA DE LA “JAQUECA CON AURA”

Cuando hierve la cabeza

Por Raul A. Alzogaray

Imagine que una fuerte luminosidad aparece de repente delante de uno de sus ojos y se transforma en algo parecido a una herradura de contorno anguloso y centelleante. Imagine que la herradura crece hasta bloquear por completo la visión de ese ojo, y entonces desaparece y un terrible dolor se apodera de la mitad de su cabeza. Esto que acaba de imaginar es lo que experimentan quienes sufren jaqueca con aura, una de las distintas formas que adopta la jaqueca.

Erróneamente utilizada como sinónimo de dolor de cabeza, la palabra jaqueca se refiere a una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. El dolor de cabeza es sólo uno de sus muchos y desagradables síntomas (náuseas, dolor abdominal, diarrea, mareo, vértigo, somnolencia, desmayos, fiebre, irritación ocular y angustia).

Sufrieron jaqueca personalidades como César, Kant, Freud, Van Gogh y Lewis Carroll. Algunos especialistas piensan que Carroll se inspiró en sus propias alucinaciones jaquecosas al escribir algunos pasajes de sus dos famosas novelas sobre las aventuras de Alicia.

Angeles y estrellas en el cielo de Hildegarda

“Las visiones que he tenido no las he visto ni durmiendo, ni en el sueño, ni en la locura, ni con mis ojos carnales, ni con los oídos de la carne, ni en sitios ocultos, sino despierta, alerta, y con los ojos del espíritu y los oídos interiores. Las percibo abiertamente y conforme a la voluntad de Dios.” De esta manera interpretaba la religiosa y compositora alemana Hildegarda de Bingen (1098-1179) las visiones que experimentó durante toda su vida. Se trata de uno de los pocos casos históricos de visiones religiosas que pueden ser atribuidas inequívocamente a la jaqueca con aura.

“Vi una estrella, espléndida y bellísima, y junto a ella una enorme multitud de estrellas fugaces que la acompañaban hacia el sur... De pronto, todas se extinguieron, convirtiéndose en carbones negros... arrojados al abismo de tal modo que ya no pude verlas.” Hildegarda creía estar viendo la caída de los ángeles, pero la visión contiene dos manifestaciones frecuentes de la jaqueca con aura: brillos o chispas que atraviesan el campo visual y ceguera.

Décima hija de una familia noble, Hildegarda inició su educación religiosa a los ocho años. Experimentó visiones desde los tres, pero no se decidió a hacerlas públicas hasta que recibió un “llamado de Dios” indicándole que debía escribir lo que veía.

Llegó a ser priora de un monasterio. Aunque nunca fue canonizada, siempre se la consideró una santa y su nombre fue incluido en el santoral católico (su fiesta es el 17 de septiembre). A fines del siglo pasado se renovó el interés por su música, que fue editada en discos compactos.

Hildegarda describió y dibujó sus visiones en dos obras que le demandaron años de trabajo y que aún se conservan: Scivias (Conocer el camino) y Liber vitae meritorum (El libro de los méritos de la vida).

Remedios parcialmente exitosos

La jaqueca con aura es sólo una de las distintas variedades de dolores de cabeza patológicos. El neurólogo Oliver Sacks ha propuesto cuatro tipos: 1) La jaqueca común, cuyo principal síntoma es el dolor de cabeza; 2) los equivalentes de la jaqueca, donde el dolor de cabeza ocupa un lugar secundario ante la magnitud de otros síntomas; 3) la jaqueca clásica, precedida por el aura; y 4) neuralgia de la jaqueca, que implica problemas neurológicos prolongados.

El gozo que experimentaba Hildegarda a causa de sus visiones es una rara excepción. Para el 15% de los europeos y americanos, el 7% de los africanos y el 8% de los japoneses que sufren una u otra forma de jaqueca, la enfermedad es una maldición con un gran impacto negativo en sus vidas.

En los últimos años se pudo determinar que el aura que precede a la jaqueca se debe a la inflamación de las células de la corteza cerebral. El uso de antiinflamatorios como la aspirina y un grupo de sustancias llamadas triptanos suelen ser tratamientos efectivos. Lamentablemente, alrededor del 30% de los pacientes no responde a estas drogas.

A fines del siglo pasado, varias grandes empresas farmacéuticas se embarcaron en lo que se llamó “la guerra de los triptanos”, orientada a identificar sustancias que alivien la jaqueca con más eficiencia que las ya conocidas. El neurólogo Michel Ferrari, en un artículo publicado en la revista médica The Lancet, expresó lo que todo paciente desea en casos como éste: “Esperemos que la decisión del ganador esté basada en argumentos clínicos y no en una cuestión de marketing”.

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