futuro

Sábado, 27 de septiembre de 2003

ASTRONOMíA: LA SONDA FINALMENTE SE ESTRELLó CONTRA JúPITER

Recuerdos de Galileo

Por Mariano Ribas

Hay naves espaciales que quedan en la historia. Y la Galileo, que desde 1995 venía explorando a Júpiter y a sus lunas principales, es una de ellas. Su aventura comenzó hace catorce años, y estuvo plagada de éxitos sensacionales. Pero hace unos días, se terminó: el 21 de septiembre la añeja sonda norteamericana se estrelló contra la densa, colorida y violenta atmósfera joviana, convirtiéndose, apenas, en un fugaz destello. Ahora que la Galileo ya es un recuerdo, todavía cercano, bien vale la pena repasar su formidable periplo interplanetario.

Idea y lanzamiento
A decir verdad, la idea de enviar una sonda destinada casi exclusivamente al estudio de Júpiter no es tan nueva. Ya en 1977, en los pasillos de la NASA se hablaba de un aparato conocido como “Júpiter Orbiter Probe” (nave orbitadora de Júpiter) que se lanzaría en 1982. En aquellos años, la agencia espacial norteamericana comenzaba a disfrutar del éxito de las Voyager I y II en Júpiter y Saturno. Y el clima de euforia llevaba a pensar, lógicamente, en misiones complementarias. La cuestión es que el proyecto se demoró, y hasta cambió de nombre. Finalmente, en octubre de 1989, la nave soñada fue lanzada hacia el planeta más grande del Sistema Solar a bordo del transbordador Atlantis. Se llamaba Galileo, en homenaje al gran astrónomo italiano que, entre tantísimas otras cosas, descubrió las cuatro principales lunas de Júpiter.

Visitas ocasionales
Después de un fugaz sobrevuelo por Venus, y dos por la Tierra, destinados a acelerarla, la Galileo inició su marcha final a toda velocidad. Y tal como estaba previsto, en 1991, aprovechó el viaje para visitar al asteroide Gaspra. Fue la primera sonda que se acercó a una de estas rocas espaciales, y nos envió detallados primeros planos de su superficie. Dos años más tarde, se encontró con Ida, otro asteroide, y descubrió que estaba acompañado por una mini-luna: Dactyl. Ya mucho más cerca de Júpiter, en julio de 1994, la nave de la NASA fue testigo privilegiada de los impactos de los veintiún fragmentos del malogrado cometa Shoemaker-Levy 9 contra la atmósfera del planeta gigante (uno de los eventos más impresionantes en la historia de la astronomía observacional). Nada mal teniendo en cuenta que su verdadera misión ni siquiera había comenzado.

El tour por Jupiter
Finalmente, luego de seis años de viaje, Galileo llegó al reino de Júpiter (a más de 600 millones de kilómetros de la Tierra) a fines de 1995. E inmediatamente, lanzó una minisonda de exploración que se zambulló en la atmósfera joviana para estudiar su estructura, densidad y composición. El aparatito sólo sobrevivió una hora antes de ser despedazado por las tremendas presiones y temperaturas. De todos modos, llegó a transmitir valiosainformación. Otro éxito. “Aquella sonda atmosférica era una de las mayores prioridades de la Galileo”, recuerda Torrence V. Johnson, un científico de la NASA que formó parte del equipo de la misión. A partir de entonces, la nave se colocó en órbita alrededor de Júpiter, y allí permaneció hasta el último de sus días. Además de su detallado estudio del gigantesco planeta gaseoso, su atmósfera, tormentas, auroras y campo magnético, Galileo sobrevoló varias veces a Io, Europa, Calisto y Ganímedes, sus cuatro grandes satélites. Y aquí se anotó algunos puntos más: en Io observó furiosos volcanes en plena actividad, que escupen gruesos chorros de azufre. En Europa, se cansó de recolectar evidencias que delatarían, casi con seguridad, la presencia de un enorme océano de agua tibia y salada escondido debajo de su corteza de hielo. Todo un tema. En Calisto dio con pistas similares, aunque no tan concluyentes, al igual que en Ganímedes, donde, además, detectó la presencia de un campo magnético (algo único entre las lunas del Sistema Solar).

Acto final
Aunque su misión primaria iba a finalizar en 1997, y como gozaba de buena salud –a pesar de algunos problemas, como la falla en su antena principal, que nunca llegó a desplegarse– la Galileo realizó varias “extensiones”. Y así siguió funcionando varios años más. Pero, en febrero de este año, su suerte final ya estaba echada: la NASA decidió darla de baja, estrellándola contra Júpiter. El acto suicida tenía un motivo: evitar cualquier posible contaminación en sus lunas, especialmente en Europa, donde existe una cierta chance de vida en aquel océano oculto. Y así ocurrió: durante la tarde del domingo 21, luego de dar 34 vueltas al planeta, tomar un total de 14 mil fotografías, y casi sin una gota de combustible, la venerable Galileo se lanzó, como un piloto kamikaze, contra Júpiter. Aquí en la Tierra, cientos de científicos, ingenieros, y técnicos, acompañados por sus familiares, se reunieron en Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en California, para escucharla por última vez. A las 15.47 hora argentina, su señal se fue debilitando más y más, hasta enmudecer para siempre.

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