futuro

Sábado, 29 de mayo de 2004

ASTRONOMIA

Asteroides, viejos y rojos

 Por Mariano Ribas

Muy a su modo, los asteroides también envejecen. Y lo hacen de una manera muy particular: con el correr de los millones de años, van cambiando de color. Ese es el precio que tienen que pagar por estar crudamente expuestos al hostil medio interplanetario, cargado de radiaciones y bombardeos de minimeteoritos. La idea de esta suerte de “erosión espacial” no es nada nueva. Pero ahora, una flamante investigación parece confirmar sus coloridos efectos sobre esas enormes rocas que deambulan, medianamente ordenadas, por nuestro Sistema Solar.

ESCORIA INTERPLANETARIA
Al lado de los planetas, los asteroides son objetos de segunda: más chicos, deformes, fríos, oscuros y bastante desordenados. En cierto modo, son la escoria del Sistema Solar. Pero, al mismo tiempo, su extravagancia y su misterio les dan un no sé qué verdaderamente fascinante. Son objetos de roca y metal (aunque hilando más fino, se puede decir que hay más de diez clases conocidas, según su composición), y sus superficies están cubiertas de cráteres y cicatrices que delatan un pasado (y presente) sumamente violentos. Más allá de su extravagancia, casi todos los asteroides tienen un lugar asignado dentro del Sistema Solar: giran alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter, formando un enorme anillo conocido como el “Cinturón de asteroides” (al parecer, se trataría de un descomunal desparramo de materia que nunca llegó a formar un planeta, principalmente por culpa de los continuos tirones gravitacionales ejercidos por Júpiter). Allí hay toda clase de especímenes, desde míseros cascotes del tamaño de un puño, hasta otros grandes como edificios, montañas, e incluso, verdaderos monstruos de piedra, como Ceres (el mayor de todos), que mide casi mil kilómetros de diámetro; o Vesta (el más brillante), de más de quinientos kilómetros.
EROSION COSMICA
Desde hace décadas, los astrónomos y geólogos planetarios sospechan que, más allá de los ocasionales impactos entre ellos, los asteroides sufren lentas transformaciones superficiales, a lo largo de los millones de años. Y la razón es sencilla: al carecer de atmósfera, no están protegidos contra el medio ambiente espacial. Constantemente, los asteroides padecen estoicamente los embates de la intensa radiación solar, la radiación cósmica (partículas de alta energía que provienen de todas direcciones del espacio), y de incontables impactos de micrometeoritos. Y en principio, los efectos acumulativos de esa erosión espacial deberían ser fácilmente observables. Exactamente aquí es donde aparece en escena un equipo de pacientes astrónomos encabezado por Robert Jedicke, de la Universidad de Hawai, Estados Unidos. Y según ellos, el síntoma más claro del deterioro y envejecimiento de los asteroides es, lisa y llanamente, su color.

COLORES DELATORES
Para comenzar su pesquisa, Jedicke y los suyos identificaron “familias” de asteroides dentro del famoso cinturón. Básicamente, se trata de objetos que comparten órbitas prácticamente idénticas y que, al parecer, son los restos de antiguos cuerpos más grandes. Luego, con la ayuda de computadoras, recrearon hacia atrás en el tiempo todas las órbitas de losintegrantes de cada familia, para ubicar, en cada caso, el momento de ruptura del objeto “padre”. Así, los científicos fueron obteniendo distintas “edades” para cada uno de los asteroides actuales.
El paso siguiente fue revisar las mediciones de color para cada uno de los 8416 asteroides estudiados (obtenidas por el programa Sloan Digital Sky Survey Moving Object), y vincularlas con su edad estimada. El resultado: en general, cuanto más joven es un asteroide, más azulado es su aspecto. Y cuando más viejo, más rojo (de todos modos, vale la pena aclarar que éstos son matices muy sutiles).

MISTERIOS RESUELTOS Y PENDIENTES
Jedicke y sus colegas dicen que esas variaciones de color también ocurrirían en las pequeñas lunas de Júpiter y Saturno (que, en definitiva, no son otra cosa que asteroides capturados gravitatoriamente). Por otra parte, estos recientes hallazgos resolverían un misterio de larga data: los meteoritos más comunes que caen sobre la Tierra (llamados “condritas ordinarias”) no son tan rojos como los asteroides de los cuales provendrían (los de “tipo S”, situados en la parte más interior del cinturón). Y eso se explicaría simplemente porque son guijarros que se desprendieron de aquellos asteroides y, por lo tanto, son más jóvenes, y sus superficies han estado menos tiempo expuestas a la erosión espacial. “El enrojecimiento de los asteroides con los millones de años explica las diferencias de color observadas entre ellos y las condritas ordinarias”, cuenta Jedicke. Sin embargo, el astrónomo también reconoce que no está del todo claro por qué los asteroides se ponen colorados con la edad: ese misterio, pétreo y rojizo, todavía está pendiente.

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