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Sábado, 28 de agosto de 2004

NOVEDADES EN CIENCIA

Novedades en ciencia

A FLOR DE PIEL
Es increíble lo que se puede aprender al abrir un libro y dejarse llevar por la cadencia hipnótica de párrafos, imágenes y guiños. No sólo se entra en contacto con nuevos conocimientos sino que también se disipan falsas nociones, migajas del sentido común, como la que dice que el órgano más extenso del cuerpo humano es el intestino delgado. Nada más erróneo: en verdad, el órgano que se lleva la medalla de oro en tamaño corporal es la piel que en un adulto de 70 kg puede llegar a medir aproximadamente dos metros cuadrados.
Pero aún más increíble es la última patente que consiguió el imperio Microsoft, cuyos productos sofocan a las computadoras del mundo. La compañía del ambicioso Bill Gates se alzó con los derechos de propiedad intelectual de algo que hasta ahora se pensaba impatentable: el cuerpo humano. Así es: bajo la etiqueta US Patent 6,754,472 (solicitada formalmente el 22 de junio) y con el nombre de “Método y manera de transmitir energía y datos utilizando el cuerpo humano”, se esconde lo que muchos presumen una nueva forma de negocios –una nueva gama de artículos electrónicos capaces de reproducir datos (como sonidos e imágenes)– que reportaría a los de Microsoft sumas millonarias. Los portavoces de la empresa se mantienen con la boca cerrada y hasta ahora no revelaron los planes que tienen entre manos.
Ante el silencio, lo que abundan son los rumores: que se podrían fabricar aros capaces de transmitir el sonido desde un teléfono sujeto al cinturón; anteojos que permitirían ver imágenes de video; sensores capaces de recopilar información sobre la salud del individuo; o hasta que no sería extraño intercambiar electrónicamente información con un apretón de manos. A pesar de la sorpresa de la noticia, no dejó a todos pasmados. Después de todo, el clic y el dobleclic del mouse ya tienen propietario: Microsoft.

TESTIGOS EN PRIMERA FILA
Cuando llega la muerte, ya está: no hay vuelta atrás, ni titubeos ni medias tintas. Pero sí testigos, aunque en la mayoría de los casos no tengan brazos, piernas ni cerebro. Se trata de moscas, gusanos, termitas y escarabajos cuyo sentido del olfato es tan agudo que son capaces de detectar un cadáver fresco a 3 km de distancia. Lo primero que hacen los insectos es atacar el tejido blando, devorando piel y tendones. Luego escarabajos y termitas acaban con los huesos.
Los entomólogos forenses que examinan escenas de crímenes en busca de pruebas confían en que estos devoradores de cadáveres develarán los pormenores de los últimos suspiros de vida de la víctima y determinarán con obstinada precisión su hora de muerte. Por eso una investigadora australiana tiene en claro que si su aspiración es rozarle los talones a Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Phillip Marlowe o Columbo debe esforzarse más en conocer a los escurridizos (y para algunos deliciosos) gusanos.
“Dependiendo de donde se esté, pueden pasar entre diez minutos y cuatro horas para que el cadáver sea visitado y consumido por moscas y gusanos, atraídos por heridas abiertas y orificios”, dijo la entomóloga forense Michelle Harvey, del Centro de Ciencias Forenses de la Universidad de Western Australia. Una vez que se conoce la especie de la mosca, la temperatura y la extensión de los gusanos, se puede establecer el momento de la muerte, por ejemplo. Pero estos cálculos a veces pueden ser engorrosos. Por eso Harvey propone utilizar técnicas genéticas –como el análisis de ADN mitocondrial– para identificar con mayor precisión a los gusanos. Su colección crece día a día y ya cuenta con muestras de Australia,Sudáfrica, Brasil, Italia, Gran Bretaña, Taiwán, Tailandia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, para ver si lo que escribió alguna vez Emily Dickinson en un poema (“Escuché el zumbido de una mosca al morir”) difiere de un lado a otro del océano.

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