futuro

Sábado, 19 de marzo de 2005

FINAL DE JUEGO

Final del juego

 Por Leonardo Moledo

–Me parece –dijo Kuhn– que al final no volvimos sobre el enigma de los experimentos de la caída de los cuerpos. Esto es, ¿cómo se puede deducir que la caída de los cuerpos no depende del peso sin hacer un experimento?
–Sí –dijo el Comisario Inspector–. Hay una manera muy simple de demostrar que la ley de caída de los cuerpos no depende del peso. Si agarramos un papel –y lo hizo– y lo soltamos –y lo hizo– vemos que tarda un cierto tiempo en caer. Y si ahora lo arrugamos y lo volvemos a soltar vemos que cae mucho más rápido.
–Me gusta que haya tanta acción en esta columna –dijo Kuhn–. Hace bastante tiempo que estamos bastante pasivos. Es que cada tanto nos agarra la urgencia de hacer cosas, y la emprendemos con muertos, facultades, decanos, asesinatos, y después entramos en un período de stasis, como en el equilibrio puntuado de Gould –dijo Kuhn–. Nos falta esa serena continuidad de la novela.
–Es una novela interrupta –dijo el Comisario Inspector.
–Volviendo al tema –dijo Kuhn–, el experimento del papel demuestra que la caída de los cuerpos no depende del peso –pero se podría argumentar que depende de la forma–. Y habría algo que decir, además, sobre la palabra “demuestra”.
–Es razonable la objeción –dijo el Comisario Inspector–. Entonces, vamos al asunto de la forma. Este es un experimento que sugirió el propio Galileo: tenemos dos esferas iguales; las soltamos, y obviamente caen de la misma manera y tocan tierra al mismo tiempo. Ahora, agarramos un delgado hilo de coser, de peso ínfimo, y unimos las dos esferas mediante el hilo. El nuevo objeto que acabamos de construir ahora pesa el doble que las esferas anteriores. Lo dejamos caer. Es de suponer que el hilo no transforma demasiado las cosas respecto del caso anterior, así que las dos esferas vuelven a tocar tierra al mismo tiempo. Y ahora, la forma es la misma que en el caso anterior.
–Mmmm –dijo Kuhn–. ¿Pero cómo lo sabemos? Hay una sola manera y es haciéndolo, con lo cual tenemos que experimentar.
–Veámoslo de otra manera –dijo el Comisario Inspector–. Yo tiro un objeto. Cada una de las mitades del objeto, según la teoría aristotélica, tarda el doble del tiempo que el objeto entero para tocar tierra. Y cada cuarta parte tarda cuatro veces el tiempo original, y cada octava parte ocho veces y así: cada uno de los puntos tardaría un tiempo infinito en tocar tierra, lo cual significa que el objeto no cae, cosa que evidentemente no ocurre.
–Mmmm –dijo Kuhn–. No me convence. Veamos qué dicen los lectores. ¿Y el enigma?
–Justo abajo –dijo el Comisario Inspector.

¿Qué piensan nuestros lectores? ¿Los convence el razonamiento del Comisario Inspector? ¿Y qué sutiles errores e incoherencias se han cometido en la columna de hoy?

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