futuro

Sábado, 22 de junio de 2002

FINAL DE JUEGO

Correo de lectores

Mechas y vacio
Estimados amigos de Futuro:
El enunciado del problema de las mechas debería contener una cláusula que prohíba doblarlas. Si estuviera permitido doblar las mechas, la solución es trivial: basta con doblar una de ellas en cuatro, marcar así el punto situado a los 3/4 de la mecha, y encenderla en ese punto. Al consumirse el trozo más largo han pasado 45 minutos, y no hizo falta la segunda mecha (...).
Alejandro Satz

El universo hace lo que puede
Estimados Kuhn y Comisario Inspector:
Atrae la idea de un universo que se las arregla un poco como puede. Las leyes fundamentales fijan las condiciones de contorno y la estructura que soporta el universo físico, el resto es aventura. La naturaleza, a su vez, actúa impulsada por dos fuerzas: la transmisión de los caracteres heredados y la adaptación al medio. No se desenvuelve como un ingeniero que diseña sobre un papel en blanco y partiendo de materiales vírgenes para moldearlos a su criterio. No puede hacerlo porque la naturaleza no tiene fines determinados. Más bien hace bricolaje, tomando lo que está dado, una estructura incompleta o utilizada para otros fines, la cual, evoluciona con las sucesivas generaciones y aparece como elemento de supervivencia de la especie en el medio.
Creo que es justamente este camino azaroso, con sus avatares y catástrofes, lo que le da diversidad y encanto a la vida.
Cordiales saludos,
Daniel Rosenvasser

Doblar o no doblar
Querido Comisario Inspector:
¿Por qué un enigma tan fácil? Conociendo el factor tiempo no importa la longitud, doblamos la mecha en cuatro, separamos 1/4, los 3/4 restantes = 45 minutos en arder, ignición y ¡Pum! problema resuelto. La naturaleza o universo se manifiesta de mil diversas maneras, probablemente la forma en que lo sentimos no es igual para todos los seres, pero esto no invalida su presencia, las leyes y las formas de tratar de comprenderlo y analizarlo, desmenuzándolo previamente, eso sí es un problema humano. Pero como dice Murray Gell-Man: no me maravilla el quark sino el jaguar, ese sistema tan complejo que desafía nuestra pobre capacidad humana que para tratar de entender las cosas; debemos separarlas en múltiples fragmentos, ya que el poder comprender in toto nos está negado.
Juan Berger

Vacio
Estimado Comisario Inspector:
Si tomamos en cuenta que al vacío se lo puede denominar también “no-ser” o “nada”, entonces, desde mi punto de vista, Parménides no estaría de acuerdo con usted ya que el no-ser no es, no existe y no puede dejar de no-ser. Por el otro lado el ser existe y no puede dejar de ser. Es decir que la generación (el cambio del no-ser al ser) o la corrupción (el pasodel ser al no-ser) es imposible y contradictorio. Parménides afirma que el cambio es una ilusión de los sentidos, una apariencia.
Matías Gibson

La sencillez deL VaCIO
Sr. Comisario Inspector, Estimado Kuhn:
El enigma de las mechas es muy sencillo, tanto que hasta un economista puede responderlo: basta con doblar a la mitad la mecha de 15 mts. y con la longitud resultante hacer una marca sobre la mecha de 10 mts. La marca señalará, entonces, el 75 por ciento de la mecha, que se corresponde con el 75 por ciento de una hora, es decir, 45 minutos. Luego, encendemos la mecha, aguardamos que arda hasta la marca (transcurrirán 45 minutos) y empezaremos a correr, ya que 15 minutos después, todo, los explosivos, la cotización del dólar y el maldito Beckham, estallarán por el aire. Una vez que todo esto estalle, el vacío será más patente. Lo que indica que el vacío sí existe, tal como explicó el viejo Demócrito, mientras hacía la cola para comprar dracmas.
Las piedras y las laderas también existen (y si no, preguntémonos cómo murieron todos los lapidados de la historia, o por qué Sísifo tuvo que esforzarse tanto para nada) si bien que sean piedras y laderas, y no cerdos y camiones, depende de la arbitrariedad del lenguaje. Dependen además de nuestros sentidos, ya que, como explicó Galileo (a quien Anoop Singh lee con asiduidad), las cualidades no están en el objeto, sino en el sujeto perceptor. En definitiva, los objetos no son más que la agregación de átomos, bastante parecidos unos a otros. Esta unión, regida por leyes físicas y químicas, crea la dureza o la blandura, la negrura o la blancura, la dulzura o la acidez, en tanto suponemos la existencia de un sujeto perceptor capaz de asignar tales cualidades a un montoncito de átomos (o enorme muchedumbre, en el caso de una ballena o un transatlántico). Las leyes también existen, aunque su materialidad es más discutible. Por lo pronto, yo confiaría más en la persistencia de una ley física, como la de la gravitación, que en una ley hecha por el Senado nacional, tan sujeta a los dictados de la evolución y la selección natural.
Y esto es opinión, porque todo lo demás es vacío; estricto, riguroso, oscuro, helado y terrorífico. Un buen tipo me preguntó hace unos días qué sucedería con una persona flotando en el vacío intergaláctico. La respuesta es, nada, además de que moriría rápidamente debido a la ausencia de presión.
Carlos Carabelli

N. de la R.: Al final de esta carta había un poema que publicaremos la semana que viene.

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