futuro

Sábado, 20 de agosto de 2005

SUPERHEROES Y SUPERCIENCIA

DIOSES MODERNOS

 Por Federico Kukso

¿Qué son los superhéroes occidentales, además de la encarnización potenciada de la propaganda patriotera norteamericana, personajes de rasgos deformados y seres estridentes de dudoso gusto a la hora de elegir su vestimenta? Al parecer, su irrupción, presencia y eterna permanencia en los sueños y fantasías de chicos y grandes remiten a varias lecturas posibles: la política (el Capitán América enfrentando en pleno marzo de 1941 a nazis y japoneses; el sutil cambio de slogan –en medio de la Guerra Fría los superhéroes norteamericanos dejan de combatir por la “verdad y la justicia” y pasan a hacerlo por “la libertad y la democracia”–; los Cuatro Fantásticos, entrelazados en la carrera espacial EE.UU.-URSS); la psicoanalítica-culturalista (los superhéroes como producto de la cultura popular que reactivan los relatos del patrimonio colectivo arrojados por mitos escandinavos, egipcios o griegos –la Mujer Maravilla (princesa del Olimpo) y Flash con su casco alado de Hermes–) y por supuesto la mirada científica. Se ve en el origen mismo de estos nuevos dioses paganos, en el momento bisagra en el que abandonan la mundanidad y se elevan al pedestal de lo sobrehumano: el joven científico Bruce Banner se convierte en el increíble Hulk (revival del Mr. Hyde de Stevenson) cuando en medio de una prueba de su último invento, la bomba G, cae expuesto ante los rayos gamma; antes de ser los Cuatro Fantásticos, Reed Richards, su esposa Sue, su cuñado Johnny y su amigo Ben Grimm eran astronautas, y Peter Parker se vuelve de una vez y para siempre Hombre Araña luego de ser picado por una araña común, accidentalmente expuesta a la radiación de un laboratorio.

Eso en lo argumental. Pero también estas figuras sirven de comodines para la explicación de los principios físicos y químicos detrás de su cotidiano actuar. Robert Weinberg y Lois Gresh, por ejemplo, escribieron en 2002 La ciencia de los superhéroes (y ya está listo para salir La ciencia de los supervillanos), un libro –aún inhallable en castellano– en el que los autores se esfuerzan por separar lo real o plausible de lo directamente ridículo o fantasioso. Luego de examinar el caso de Superman (por qué a este extraterrestre le es ajena la gravedad local y es capaz de volar y tener tanta fuerza y, por ende, ¿cuánta tendría que haber sido la fuerza gravitatoria del planeta Krypton?), la elasticidad de la telaraña de Spiderman, los rayos cósmicos y gamma (Hulk), Aquaman y los superhéroes acuáticos (¿por qué no se puede respirar bajo el agua?), y Flash y la velocidad de la luz, llegan a la conclusión de cuál es su paladín favorito: “Científicamente, Batman siempre fue el superhéroe más creíble: cada pieza (o gadget) de su equipo es reproducible en la vida real”. Pero quizás eso sea medio tramposo porque el hombre murciélago es uno de los pocos superhéroes sin poderes –algunos arriesgan que por ende no es un superhéroe–, un hombre ordinario que desarrolló sus habilidades a partir de situaciones extraordinarias. Lo cual lo hace, mal que les pese a sus críticos, el mejor superhéroe de todos.

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