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Viernes, 11 de marzo de 2016

ENTREVISTA

Las chicas superpoderosas

Una o dos veces por año, Angélica Gorodischer suma un nuevo título a su ya inmensa obra literaria. En 2015 publicó una novela, Palito de naranjo (Emecé), y un volumen de cuentos, Otras vidas (Palabrava), que se distribuyó con el diario santafesino El Litoral. Apenas iniciado 2016, la autora de Kalpa imperial y Menta, entre otros hits de la ficción local, publica por Emecé un volumen de cuentos nuevos que tienen sabor a clásicos. Las nenas incluye catorce cuentos protagonizados o narrados por niñas: niñas fantasmas o amigas de fantasmas, ex niñas convertidas en vengadoras de abusos y vejaciones, niñas asesinas por accidente, aventureras por naturaleza. A esa decisión editorial, Gorodischer le añadió una cuota de originalidad: mediante una serie de intervenciones entre algún cuento y otro, la voz de la autora se dirige a lxs lectorxs para presentar esos relatos, señalar determinados aspectos narrativos o, como ella dice, “porque mi piace”.

 Por Daniel Gigena

Angélica Gorosdischer viajó desde Rosario, acompañada por su marido, para dar algunas entrevistas por la publicación de Las nenas. En Retiro, donde la esperaban la editora y la encargada de prensa de la editorial, ella y su marido se subieron a un taxi y llegaron solos a la cita (en la entrevista aparece la voz de Sujer, el marido de Angélica). La vitalidad y el humor de la autora nacida en 1928 son desbordantes y guardan, a la vez, afinidades con las protagonistas de sus historias. “Estaba enganchada con una novela que me daba trabajo, y para trabajar los dedos y distraerme escribí un cuento, que no estaba mal –cuenta Gorodischer sobre el origen de Las nenas–. Lo pasé al papel, y cuando lo leí me dije: ‘Cómo, este cuento ya lo escribí, no puede ser’. Fui a la carpeta de cuentos, revisé, y había dos que se parecían bastante, porque tenían de personaje a nenas chiquitas. Lo repasé, y pensé: ‘Tengo cuatro o cinco que se parecen, escribamos el resto y hacemos un libro’.Tenían algo en común. Así que me pareció bien y terminé el libro, y puse un cuento para nenas que había escrito para mi nieta: ‘Las cosas que pasan en los jardines’”.

–Me gustó la presentadora que aparece a lo largo del libro antes de algunos cuentos.

–Se me ocurrió: “¿Por qué no tengo un diálogo con el lector y le explico cómo empecé con esto, con el asunto de la infancia, o para aclarar por ejemplo lo de Trafalgar en el cuento ‘Strelitzias, Langestremias e Hisophilas’?” La editora lo aceptó, le pareció que estaba bien. “Lector, vea, fíjese lo que hice.” Converso con el lector.

–Algunos de los cuentos trabajan temáticas actuales como la trata de personas o el abuso de menores, que casi siempre padecen las mujeres.

–En general tengo poca relación con la realidad en mi narrativa; no hablo mal de nadie, pero hay veces en que parece que “hay que escribir sobre tal cosa” y no, si tenés ganas sí, pero si tenés que plantear tu ideología, no. La narrativa ideologizante a mí me rompe los ovarios. Mejor escribí un ensayo, no una novela. Me ha pasado que me han preguntado: “¿Por qué no tratás sobre los desaparecidos o sobre Eva Perón?” Qué sé yo. No sé, vamos a ver si se me da la gana. Yo escribo si se me da la gana, cuando se me da la gana. Puedo parecer soberbia, pero no, creo que es lo que una debería hacer, responder a sus iniciativas, gustos y movimientos del alma en ese momento. Ahora, porque siete autores estén escribiendo sobre eso… Que escriban ellos. De todas maneras, escribas lo que escribas el lector siempre va a saber dónde estás parado. No necesitás decirle “porque yo…”. No.

–¿Y cómo hiciste para escribir sobre esas cuestiones?

–Una ha leído mucho, y es algo que me toca muy de cerca, porque pensar en la trata, y en la trata de crías, porque son nenas de ocho o nueve años, a mí que no me digan que se ahogó, que se perdió… No, están en el prostíbulo. Eso me pone loca; yo saldría con la metralleta.

–En “Conodio” la protagonista se toma revancha.

–Claro, esa es otra. Hay algo que me gusta mucho y es que estoy cansada de las mujeres vencidas. Sé que estamos jodidas, bastante jodidas, no todas, pero en general sí. Esta chica del cuento no.

–A usted no le ha ido mal en la vida eh –acota su marido.

–¡Callate la boca! Estamos bastante jodidas y me encanta que alguna de esas minas que esté jodida lo joda al que la quiso joder. Me parece un buen enfoque, te puede pasar tal y tal cosa, pero agarrá un hacha y dale con un hacha en la cabeza. Está muy bien, perfecto. Así que me gustan, no las mujeres triunfantes, sino las mujeres que se vengan o dicen: “¿Sí? Ajá, ¡tomá! Y ahora te doy”.

–En los cuentos predominan las madres; los padres o están en el trabajo o encerrados en un escritorio o ni siquiera están.

–Perdoná, tengo una pregunta, ¿cómo van a predominar las madres si madre hay una sola? –interviene de nuevo Sujer. Silencio de la autora.

–Casi todos los relatos están contados en primera persona.

–Sí, algunos, no todos. El de los fantasmas, “Benito”, sí; yo lo conocía al fantasma Benito, era un personaje de una revista, y siempre me quedó ¿Quién hizo esto, por qué lo tiraron? Ah, claro, fue el fantasma Benito. Después hay un cuento que cuenta un hombre, “Buen hijo”, que no sabe quién es el fantasma que sólo él ve. Todo lo que él dice es como para matarlo, qué tipo desagradable.

–Escuchame Angélica, ¿por qué me dedicaste ese cuento? –dice Sujer.

–Hay veces en que los hijos por querer hacerle bien a la madre hacen todo lo que la madre no quiere, “¿ves que te conviene?”. ¡No quiero!

–¿Quiénes son las personas a las que está dedicado Las nenas?

–Cecilia Gorodischer es mi hija, Nabú es mi nuera, Martina es mi nieta y Celeste es la hija de Mempo Giardinelli. No nos vemos mucho con Mempo pero cuando nos vemos… Es uno de mis grandes amores.

–¿Cómo, cómo? –interrumpe el marido.

–Grandes amores. Hace rato decidimos que somos hermanos. Ellas no leyeron nada todavía, ni siquiera saben que están mencionadas.

–¿Y qué pasó con la novela que estabas escribiendo?

–Está por ahí, probablemente no la siga nunca, y no me pongo loca, si veo que no va, no va. Después de escribir Las nenas terminé otro libro. Cuentos. Son cuentos muy raros que surgieron de una cosa que escribí por casualidad y me dije que podría seguir una línea más lingu¨ística de estilo. Los personajes están determinados por el lenguaje, tienen un lenguaje rebuscado, trabajado, en el sentido de que busqué una y otra vez la manera de decir esa frase de una u otra forma. No me suele pasar, yo soy medio catarática, me sale todo de una. Está medio fresco acá, ¿no?

–¿Querés que te dé mi saco? –pregunta Sujer.

–Pero no, vida mía, me pongo el pulóver, pero no está acá.

–¿Te lo olvidaste en el restaurante?

–No, pero acá no está, en la cartera tampoco. Es un saquito blanco tejido, estoy segura de que lo traje.

–Si te lo olvidaste en el restaurante, dalo por perdido. No es el fin del mundo. Es el fin del saquito.

Minutos más tarde, el saquito blanco llega a la sala de la mano de Amelia, la encargada de prensa de la editorial.

–¿Esos cuentos saldrán este año también?

–Y vamos a ver qué dice la editora, por ahí me sacan corriendo. La novela quedó en suspenso, no me preocupa, es como cuando uno es más joven, yo leía un libro que era un plomazo y no lo podía dejar, “oh, tengo que terminarlo”. Con la lengua afuera. Ahora, a esta altura del debate, llego a la página 11 y pum, fuera. Me ha pasado con libros que me recomendaron, con un calor de admiración, leelo, y no. Llegás a la 11 y decís: “Dios Mío, basta”. Voy a decir uno que como es extranjera qué me importa, El jilguero, de Dona Tartt, qué plomo, llegué a la 15 porque iba remontando la montaña, y son 15 páginas en las que te explica el tamaño, peso, consistencia del cascote que cayó al suelo con la explosión, ¿y a mí qué mierda me importa? Yo quiero que pasen cosas, que es lo que uno quiere de la narrativa. Umberto Eco decía que él leía libros de filosofía, difíciles, pero que le gustaban Los tres mosqueteros, y a mí también me gustan Los tres mosqueteros. Quiero ver lo que pasó: ¿llegó la policía?, ¿se cayeron por el precipicio?

–En Las nenas esa voz entre cuentos dice que la peripecia es el cemento de la narrativa.

–Claro, a veces me pasa con estos grupos, que dicen “tengo unas ideas maravillosas para unos cuentos”, y les digo: “Agarrá las ideas y tiralas a la basura, o al inodoro y tirá el botón”. Porque los cuentos no nacen de las ideas, nacen de que vos decís, bueno ese tipo que sale de la casa, y va por la vereda resulta que en ese momento, viene un auto del otro lado, él se fija, y termina no sé… Pensá en eso primero, qué pasa. O’Henry, que es un cuentista extraordinario, decía una frase que siempre la supe pero la comprendí ahora que tengo 88 años…

–¿Cuántos? ¡Veinte años más que yo! Pero la quiero igual. La quiero como una madre –acota el marido.

–Ahora me doy cuenta, estamos acá sentados y pasa una señora gorda con un vestido celeste, y vació la mesa y no sabe si ir para acá o para allá, ¡ahí hay un cuento!. Pero hay un cuento bueno. Fijate esta mina, ya le hice la vida. ¿Por qué vaciló ahí? Le pareció que en el otro salón estaban… Y ahí hay una historia. Después viene el resto, el estilo, las influencias, qué se yo, pero primero es qué va a pasar. Dicen que O. Henry decía eso, estaba en un restaurante con un amigo y el amigo le pregunta: “¿Acá en el menú hay una historia?” Y salió uno de los cuentos más lindos que escribió, una pareja que se ha perdido el rastro y por el menú se encuentran. O. Henry no es Kafka ni Oscar Wilde, pero es un escritor digno de ser leído cuando uno quiere escribir cuentos.

–¿Cómo ves la situación del feminismo en la actualidad?

–El feminismo avanza y retrocede, tiene mala prensa porque una sociedad machista y falogocéntrica se ocupa especialmente de que tenga mala prensa. “Ah claro, sos feminista y odiás a los hombres”. Yo quiero un mundo para hombres y mujeres.

–Incluso entre las mujeres tiene mala prensa el feminismo.

–¡Y claro, porque son boludas! Porque no han leído, no se han interesado, no han ido a buscar. Vos me decís que las cosas son así pero no te creo un carajo y voy a ver realmente cómo son las cosas, eso es lo que hay que hacer. “No, es que si yo digo que soy feminista, el Cacho no me va a querer.” Y bueno, vas a encontrar a un Pepe si no es el Cacho; no te preocupes, loca. En mis momentos de optimismo digo: “¡Ay qué suerte, todo lo que hemos avanzado!”. Mi mamá, que era una excelente señora, bastante progre, salía a la calle pero no hubiera entrado jamás sola a una confitería. Yo veo viejos borrachos y entro igual, quiero un café, viajo sola. El tiempo de mi mamá era muy jodido, pero que todavía hay un techo de cristal, lo hay, querido. “Ay bueno pero sos mujer” ¿Pero qué? No estamos midiendo lo que tenemos entre las piernas.

–Siempre les reservan a las mujeres la emotividad, los sentimientos maternales.

–Hay quienes dicen “bueno, las mujeres tenemos cierta sensibilidad con…” No, no, no, esperá un momentito, no es que seamos distintas, es que también podemos y por lo visto podemos hacerlo bien. Tal vez tengamos un poco más de compasión. En Alemania con la gran inmigración de musulmanes, están desesperados porque no se dejan tocar por una mujer, entonces viene una enfermera con una inyección y arman un escándalo terrible. Y creen que pueden tratar a las mujeres como tratan ellos a las mujeres en sus países. Hay una cosa que me encantó, creen que si los matan en guerra, si los mata un tipo, se van al paraíso, hay setenta y cuatro vírgenes a su disposición, pero si los matan una mujer se van al infierno. Entonces Estados Unidos y otros países están preparando batallones de mujeres. Los tipos no sólo se rinden, sino que incluso hasta se suicidan, porque si los toca una mujer se van al infierno. Me parece bárbaro. Hay que ser pelotudos, imbéciles, hay que tener una cabeza cuadrada y en sombras…

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Imagen: Constanza Niscovolos
 
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