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Viernes, 12 de agosto de 2016

DEPORTE

La garra olímpica

Paula Pareto es la primera argentina en ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos. La médica y yudoca logró el mayor título deportivo con políticas públicas, entrenamiento, técnica y manejo a favor de la presión. Su imagen es un desafío a los estereotipos de género y un impulso para que a las nenas no se les restrinja ninguna disciplina física. También Valentina Kogan, arquera del equipo de handball y a la espera del nacimiento de mellizos junto a otra mamá, es parte de una delegación argentina con un 35 por ciento de mujeres y diversidad de modelos que desarman esquemas e inspiran a las mujeres a disfrutar de su cuerpo y transpirar la camiseta.

 Por Luciana Peker

El 35 por ciento de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro es femenina. Este año hay 74 mujeres entre 213 deportistas. No es azaroso, aunque si virtuoso, que la primer medalla de oro haya sido para una mujer –Paula Pareto– y en el 2016. En Londres, en el 2012, fueron 41 mujeres entre 96 varones y la representación de género llego a 30 por ciento (el cupo político en el Congreso de la Nación) que, ahora, fue superado en cantidad y calidad. Van por todo. Y vamos con ellas. Y todo es todo. Porque llegaron lejos, pero todavía falta escalar. El promedio de participación de género global en el mundial de los mundiales es del 45 por ciento y en Latinoamérica del 39 por ciento, según un relevamiento del Observatorio de Género de los Juegos Olímpicos Río 2016, integrado por la organización Género y Trabajo (GROW) y UN PASTICHE (género y comunicación). En Honduras las mujeres no llegan al ocho por ciento de una delegación de 92 por ciento de varones. Argentina está por encima de Uruguay (29 por ciento); Haiti (30 por ciento); Cuba (26 por ciento) y Venezuela (31 por ciento), pero por debajo de naciones con mayores niveles de equidad deportiva como Ecuador (39 por ciento); Chile (40 por ciento); Perú (41 por ciento); Bolivia (42 por ciento); El Salvador (43 por ciento) y Brasil; Paraguay y Costa Rica (45 por ciento) y Colombia (46 por ciento). Un objetivo deseable es la paridad que ostentan Nicaragua y Panamá. Mientras que Jamaica es el único país con más atletas mujeres en su delegación. Woman no cry.

No se trata solo de quienes y cuántas van, sino de cómo las reflejan los medios en el más maravilloso y diverso espectáculo deportivo mundial. Si ya no se puede decir que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer ahora hay que decir que si hay una gran mujer es porque atrás hay un gran hombre. Bárbara Duhau, del Observatorio de Género de los Juegos Olímpicos señala: “Se les atribuye a los varones (maridos, entrenadores, parejas) los logros de las deportistas como en los casos de la nadadora húngara Katinka Hossu y la tiradora estadounidense Corey Cogwell. También se pone la atención en el físico, en la vestimenta o en las actitudes de las deportistas en vez de sus méritos deportivos o se comenta que cuando una deportista hace algo destacable “lo hace como un hombre”. En general el problema más evidente es la invisibilización (casi no se ocupa lugar en los medios cuyo tema central sean las mujeres deportistas), pero si se les dedica están objetivadas sexualmente, sus méritos se otorgan a otrxs o se hace referencia a sus relaciones familiares”.

¿Y por casa como andamos?: Prendan las alarmas. “De las denuncias que recibimos en Argentina la alarmante mayoría refiere a una grosera objetivación sexual de las mujeres con notas de rankings, de las más sexys, bombas o deportistas hot donde casi no se explicita cual es el deporte que la atletas mencionadas hacen ni se muestran fotografías de las atletas en la participación de los eventos o en acción de su disciplina”, apunta Taluana Wenceslao, integrante del Observatorio.

No es solo una masa horizontal de mujeres brazeando al agua, girando en el aire o dando vueltas como si la gravedad las soplara en una luna en aros y barras sincronizando sus movimientos con otras en armonía de espejo o sonrojando entre golpes y pelotazos una pasión que no necesita treguas y sí goles. Paula -la Peque- Pareto es la primera argentina en lograr una medalla dorada. Y otras mujeres patean estereotipos de modelos lánguidas por la pasarela simultánea de una pasión más cautivante que la otra. Solo un ejemplo: la brasileña Cristiane Rozeira de Souza Silva es la mayor goleadora de futbol olímpico (entre chicas y chicos).

La cara sonrojada sin maquillaje, el pelo despeinado por la fuerza de darse vuelta a pesar de tener a otra atleta encima, el cuerpo que se puede redimir tantas veces como giros permite la vida. Los Juegos Olímpicos no son solo un espectáculo. Son un impulso. La arquera del equipo de handball Valentina Kogan le dice a Las/12 desde Río de Janeiro: “La identificación es un motor. Siempre es importante que las mujeres estemos representadas en todas las áreas, en la dirigencia deportiva, en una empresa, en un gabinete político, en la literatura, en el deporte. Estamos acostumbradas a prender la televisión y ver representantes masculinos. Eso empezó a cambiar con figuras políticas mujeres y con Las Leonas, mas allá de la cosificación de las mujeres en el espectáculo. En el desfile inaugural me llamo la atención que hay países sin mujeres y en donde no se permite hacer deportes como en Arabia Saudita. Pero ver a otras mujeres haciendo deporte es la clave para que muchas mujeres puedan tomar la decisión de hacer actividad deportiva”.

Valentina hace ocho años es Directora del Club de Corredores, que organiza maratones y careras de aventuras, y destaca el crecimiento en la participación femenina que hoy llega al cincuenta por ciento en las piernas que no cansan de alcanzarse y el aire que se cambia para alcanzar la meta. “La mujer se lanza a la actividad física porque ve cuerpos que le resultan atractivos. Mostrar cuerpos atléticos como bellos es importante para abrir la cabeza y para mostrar diversidad y heterogeneidad a nivel corporal”, subraya.

La fibra, la tenacidad, la resistencia, el coraje, la superación, la elasticidad, la velocidad, la inteligencia son valores que vibran desde una pantalla divida en disciplinas que no uniforman, sino que abren abanicos de cuerpos caminando por una vara o corriendo por una pista o levantando peso y peleando entre palos. Todo vale cuando vale moverse.

Valentina está contenta con el rendimiento del equipo en donde los goles son una obra de arte del tiro y los tres pasos un pase mágico para llegar al arco. Ellas entrenan la misma cantidad de horas que un equipo europeo, pero necesitan una liga federal más competitiva en Argentina para poder crecer y también jugar afuera para estar preparadas con adversarios a nivel internacional. Ella, que se anima a todo y no le tema a nada, para atrapar una pelota con el cuerpo valiente y expuesto y la mente atenta a adivinar el tiro de las lanzadoras, pide giras. Y giros en donde la red festeja con los brazos en alto para volver al ataque. Y la vida ya no saca a nadie de la cancha.

En octubre, Valentina va a ser madre junto a Carolina, su pareja, que esta embarazada de mellizos. “El deporte siempre fue un ámbito donde se relaciona a las mujeres con lo aguerrido, los músculos, la potencia, que son características asociadas al hombre históricamente. Pero cuando tenes posibilidad de estar con la elite deportiva en un Juego Olímpico ves físicos de todo tipo y mujeres super femeninas y aguerridas a la vez, no tiene que ver con la sexualidad, sino con los objetivos. En un diario que se difunde en la villa olímpica, la tapa fue la propuesta de matrimonio que le hizo una jugadora de rugby de Brasil a su novia que es una voluntaria. Es un tema que está en agenda, que no se esconde. Por eso, yo también cuento mi historia para ponerla en agenda y mostrar una realidad más allá de los prejuicios homofóbicos que se ponen en evidencia”.

Otro paso adelante fue la cobertura de la Televisión Pública que incorporó a comentaristas especializadas en deportes. Por ejemplo, Cynthia Basile, ex jugadora de handball de la selección argentina e integrante de la delegación en los Panamericanos de Río, en 2007 y periodista deportiva que, por primera vez, ocupa un lugar en la pantalla. Ella destaca que ahora las jugadoras tienen un sueldo, nutricionistas y psicóloga deportiva. La preparación y la atención es mayor. Y, también, es la primera vez que el equipo, pelota en mano, se clasifica para unos Juegos Olímpicos. “El torneo es muy difícil, son todas potencias, son todas profesionales. El objetivo argentino era jugar de igual a igual y dejar un buen papel y lo están haciendo”, valoriza. También que una voz de mujer explique con detalle un partido de handball donde la destreza y la belleza se mezclan con velocidad y fuerza. “Estoy muy contenta que haya una mujer comentando handball porque siempre son hombres y nos sirve mucho”, rescata Cynthia.

No hay una mujer, hay muchas mujeres. Pero, para la televisión, la idea de femineidad es uniformemente flaca, pulposa, lisa y alta. Paula Pareto es baja, musculosa, despeinada y brilla con sus ojos húmedos desde todas las pantallas con una gloria imbatible y que vibra como la potencia de su capacidad de salir de cualquier asfixia. Débora D’Amato Viola es periodista y corresponsal del periódico deportivo mexicano Record. Ella rescata: “Paula Pareto es el fiel reflejo del esfuerzo, la dedicación y la lucha por los sueños. Hace honor a la maravillosa frase de José de San Martín: “persevera y triunfarás” pues no conforme con los Juegos Olímpicos de Londres y su medalla de Plata, la Peque, en las olimpiadas posteriores siguió entrenando mientras, palmo a palmo, se recibió de traumatóloga. Soñar e ir a por ello se vio reflejado en los Juegos Olímpicos de Brasil. Una gigante que invita a creer que no todo está perdido y que algunas utopías son alcanzables. Pequeña, musculosa y lejos de los cánones habituales de la belleza mediática con timidez y simpatía supo ganarse el respeto y el cariño de todos rompiendo así la estructura berreta que dice que las mujeres solo pueden pertenecer con medidas ideales y belleza singular. Esa que invita, en muchas ocasiones a ver a las mujeres como un potus que adorna el decorado. De a poco se puede romper con el machismo televisivo para sumar mujeres talentosas y reales”.

Pareto no es solo una mujer inspiradora que puede convertirse en heroína por ser médica, por ser deportista, por brillar como oro. Pero no es un oro que pueda opacar la llegada de otras mujeres, sino que abre paso a que otras chicas se caigan, se levanten, se defiendan y se alcen por sus propios sueños. Laura Martinel es la Entrenadora Nacional Olímpica de Judo y la estratega para que Pareto llegué al oro. Ella revaloriza: “Paula es modelo en muchísimos sentidos. Un ejemplo de esfuerzo, de trabajo, de compromiso. Pensando en las nenas creo que es un ejemplo de que las mujeres podemos elegir el camino que más nos guste y llegar hasta lo más alto. Paula demostró que no tenemos límites, por eso, hizo historia”.

Uno de sus secretos como entrenadora fue poder lograr llegar a los más altos niveles de competencia transformando el viento del éxito a su favor (justamente lo que se critica a la selección argentina de futbol que perdió en la última instancia del Mundial y la Copa América por un exitismo que patea en contra) sin que inhiba ni abrume. Martinel explica: “El trabajo con Gustavo Ruiz, el psicólogo, fue fundamental. El desafío es transformar la presión en energía positiva. Paula es muy fuerte en ese aspecto y se trabaja mucho para gestionar la presión cada vez mejor”.

La mayor cantidad de mujeres en los Juegos Olímpicos tampoco es un soplido, sin causas ni sentidos. El Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) junto a la Secretaría de Deportes, gracias a un impuesto del 1 por ciento a la telefonía celular, lograron fondos para fomentar el entrenamiento de deportistas. Las políticas públicas y el presupuesto son imprescindibles, pero no solamente para quienes quedan en la carrera deportiva, sino para que el deporte sea una de las elecciones posibles –y libres– de niñas y adolescentes. “Desde hace unos años recibimos un apoyo muy importante. De todos modos, se necesitan políticas integrales y transformaciones culturales. Hay que lograr que las nenas hagan tanto deporte como los nenes y, además, que no lo abandonen. Muchas adolescentes dejan de hacer deporte cuando sienten que sus cuerpos no responden al estereotipo de los cuerpos que muestran en las publicidades. Para eso se necesita una transformación muy profunda”, impulsa Martinel.

“Paula Pareto fue la heroína de estos Juegos Olímpicos”, grafica la periodista deportiva y conductora en Agenda Fox Sports Luciana Rubinska. “Ella empezó acompañando al hermano y probó. Yo la conozco desde muy chica y es muy tenaz y disciplinada. Es una maravilla que pudo desarrollarse en un contexto propicio que le permitió dedicarse al judo. Pero, además, tiene un cerebro diferente. Por eso, sus lagrimas llegaron al corazón. En un deporte con tantas luchas encima fue un premio para todas.”

La alegría no es solo argentina. También en Brasil la sonrisa fue de una garota super poderosa. Pero no precisamente la reina del desfile inaugural, la top model Giselle Bündchen, sino Rafaela Silva, desde las favelas al Oro. En Londres el racismo se encarnizó con ella y la tildó de mono. El desprecio no necesita éxitos para desmentirse. Pero, contra todas las miserias, Rafaela ganó el premio mayor en los Juegos Olímpicos, en judo.

Soledad Domínguez Galarza, periodista argentina en Río de Janeiro y reciente becaria de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) señala: “Rafaela Silva no es sólo de la favela, es mujer y negra. Un dato de peso para un país y una sociedad en que la discriminación de género y racial es latente pero subterránea. Eso no escapa a lo que sucede en todos los países latinoamericanos. En Brasil, en la última década, 43,5 mujeres fueron asesinadas y 4.500 por año sufren violencia doméstica. En los Juegos Olímpicos en Río 2016 esto se trasluce en otro tipo de agresiones. La atleta brasileña Juliana Maranhão declaró ser objeto de críticas y prejuicios tras su derrota en la competición de la categoría natación. Quedó eliminada y además de mencionar los casos de abuso sexual que sufrió de chica comentó que luego de la eliminación se encontró con mensajes del público deseándole la muerte y que merecía que la violaran”.

Las derrotas también destapan los prejuicios que sufren las mujeres en todos los terrenos y en donde la billetera y la piel potencian el machismo y la desigualdad de las desiguales. “Esta situación se complejiza cuando las mujeres son negras y pobres. En Brasil, más del 60 por ciento del total de muertes maternas se da entre mujeres negras, contra un 34 por ciento entre parturientas blancas. Se mueren más y la atención médica es desigual entre unas y otras. También sucede con el salario promedio de las personas negras en general: es 2,4 veces más bajo que el de las blancas. La población negra es la menos beneficiada (2/3 de las casas de familia en las favelas tienen jefes y jefas de hogar negros y negras). Tienen menos representatividad parlamentaria: en el Congreso Nacional, apenas el 8,5 por ciento de los diputados son negros en un país donde son poco más del 50 por ciento. Ésta es una de las críticas de Rita Izak, relatora sobre Derecho de Minorías de la ONU, a los resultados de las iniciativas de los últimos veinte años de Brasil para reducir la disparidad de las personas negras. Para ella la marginalidad de los afro-brasileños no es por su baja clase social sino por una discriminación estructural. Y Rafaela Souza (ganadora de Medalla de Oro en la categoría Judo de 57 kg.) no es una excepción. Es mujer, negra y pobre, oriunda de la favela Cidade de Deus. Ya en las Olimpíadas de Londres, al quedar eliminada, las agresiones tomaron un tinte racista: el público la llamó mono y que era una vergüenza para su familia. Sin embargo, Rafaela empezó a practicar deporte a los 15 años cuando su padre la llevó a un curso de judo que era parte de un proyecto social. A los 24 se tornó en la chica más joven campeona olímpica. Una señal de que las oportunidades sociales, las políticas y las cuotas raciales deben existir para dejar aflorar los talentos de personales”, apunta Domínguez Galarza.

Los logros no enterraron la homofobia ni el racismo. La brasileña Juliana Maranhao denuncia: “Brasil es racista, sexista y homofóbico”. Ella fue eliminada de la clasificación en los 200 metros en estilo mariposa en Río de Janeiro y recibió ataques a través de las redes sociales. Ella defendió a la ex Presidenta Dilma Rousseff porque quería un país para todos y fue atacada por el conservador evangélico Eduardo Cunha, padre del golpe institucional a la ex mandataria. Juliana destaca que los logros como los de Rafaela Silva no son un exotismo existista sino fruto de programas sociales de inclusión del derrocado gobierno del PT. La nadadora pone el cuerpo para ganarle al agua, pero no acepta soportar en Facebook apologías de la violencia machista en su contra. “Escribir que merezco ser violada cruza la línea”, interpela. Su crítica también se escucha, después de desafiar la corriente y mover su cuerpo entre el aire y la fuerza, porque, contra todo embate, los Juegos Olímpicos dan voz a mujeres aguerridas que no se vencen, aunque sean vencidas.

Las primeras mujeres que participaron en un Juego Olímpico fueron francesas jugando en París, en 1900, en tenis, golf y criquet. Ahora, en cambio, ninguna disciplina se puede incluir si es solo masculina. Ya no se trata de ser la mitad del cielo o acompasar con delicadeza una pelota. Ahora todos los huracanes y sutilezas son elecciones posibles para ponerse la camiseta por una igualdad de toda la cancha.

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Imagen: EFE
 
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