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Viernes, 21 de julio de 2006

TELEVISIóN

Chicas de folletín

 Por Moira Soto

Tratando de no tropezar con el cablerío que cubre el piso y de disimular la emoción, un toque cholulo de adicta que no se pierde un capítulo de la tira “Montecristo”, la cronista recorre el decorado que ya conoce casi de memoria: pasa la mano por la pulcra mesada de la cocina de los Lombardo, se sienta en la cama donde Laura rechaza sistemáticamente a Marcos frente a un seudo jardín zen, mira a través del cristal espejado desde donde Santiago espía a ciertas visitas, se sienta en el sillón rojo del living de Laura, no puede evitar un escalofrío al entrar en el imponente escritorio de Alberto donde entre adornos y libros están las copas que usa el supervillano para catar displicente el vino mientras humilla a Lisandro o pontifica autoritario ante Luciano. En el comedor de la casa de Elena, con todos sus cuadritos, se está grabando una escena –que ya se vio esta semana– en la que participan Roberto Carnaghi, Paola Krum y Virginia Lago, que fue previamente ensayada.

Sin duda el acontecimiento televisivo del año, que aúna calidad formal, contenidos políticos insólitos en una tira y un rating que roza los 30 puntos, “Montecristo” es vista por un público heterogéneo de toda edad. En la adaptación televisiva de la novela de Alejandro Dumas padre, protagonizada por un sobresaliente elenco en el que descuellan algunas revelaciones, los personajes femeninos son la clave para que avance la acción relacionada con la identidad de la protagonista, la búsqueda de un hermano/a nacido/a en cautiverio de la coprotagonista, el descubrimiento de los culpables de una cadena de crímenes que arranca en tiempos de la dictadura militar y se relacionan con la venganza que emprende Santiago, hijo de un juez comprometido con los derechos humanos y asesinado.

Antes de cederles la palabra a las actrices, vale remarcar el rendimiento del elenco masculino, encabezado por Pablo Echarri, Oscar Ferreiro, Joaquín Furriel, Horacio Roca, Luis Machín, Maxi Ghione. Con ustedes, las damas de “Montecristo”.

Rita Cortese
(Sarita)

“Se ha generado una mística interna que es increíble. Creo que el director Miguel Colom tiene mucho que ver, lo mismo que Pablo Echarri: él se pone la tira al hombro y quiere que las cosas salgan muy bien. Mirá, éste es un elenco donde no existe la histeria: es puro trabajo fervoroso, estudiar, ver qué se puede mejorar desde el guión, la actuación. Se conversa mucho, yo misma me he visto hablando con los autores por los personajes de otros actores... No ha habido un solo problema. Los cámaras, por ejemplo, se preocupan muchísimo, a veces no los ves porque están metidos en agujeros de la escenografía que no conocés. Mirá, yo es la primera vez que leo todas las escenas de todos los libros, que miro la novela todas las veces que puedo.

Creo que el tema de los desaparecidos y la identidad ha resonado profundamente en el inconciente colectivo. Además, claro, de todas las subtramas que sostiene la novela, donde no falta la insólita historia de amor de Leticia con el cura sanador. Sin duda, la acción está piloteada por las mujeres, casi todas relacionadas con esa búsqueda que no cesa.

Bueno, Sarita va en cana esta semana, lo cual no es ilógico. Porque esta mujer, con buenas intenciones, todo lo que quieras, mantuvo oculta durante diez años a Leticia. En aras de protegerla, arriesgándose ella misma. Una loca Sarita en el fondo, ¿eh? De una lealtad sin fisuras, sabiendo perfectamente que le podía pasar esto: ir presa. Por amor, por principios, por convicción protegió a toda costa esta testigo que sufre desequilibrios mentales, dándoles una excusa a los malos para llevarla demorada.”

Virginia Lago
(Elena)

“Me interesó mucho la propuesta, el elenco. Me pareció muy rico este personaje de Elena que empieza de una manera y se va transformando hasta llegar a lugares impensados. Supe enseguida que quería participar de una novela que se proponía tratar un asunto tan tremendo como el de los chicos apropiados. Porque en ‘Montecristo’ hay odios, amores y sorpresas como siempre en el género, pero además se habla de la barbarie del Proceso militar. Creo que es la primera vez que se trata a fondo, de frente, en una tira que ve un público tan masivo, en una producción tan cuidada en todos los rubros. Antes de cada escena conversamos, se intercambian ideas, si tenemos alguna duda hablamos con los autores. Miguel Colom es un director fantástico, está rodeado de un gran equipo.

Pero creo que además de un hecho artístico, ‘Montecristo’ es un hecho social y político importante, en el cual es un orgullo participar. Elena, mi personaje, además de estar afectado por haber aceptado un bebé sin cuestionárselo, es una mujer golpeada. Es decir, acá hay un golpeador y una víctima. Elena es hija de un militar, fue criada en el rigor y el miedo. No se trata de que ella acepte ser golpeado por Lisandro, pero está aterrorizada, amenazada de muerte. La problemática de la mujer golpeada es muy grave y compleja, está relacionada con la misoginia, el desprecio por la mujer. Lo interesante es que Lisandro puede tener distintas facetas, es capaz de un gesto cariñoso: ‘Vení, Negrita, que te pongo la bolsita de agua caliente’. Yo traté de trabajar ese miedo que Elena tiene instalado desde hace mucho. La contradicción es que ella es una mujer con otra cultura, que lee, sensible. Pero marcada por su educación familiar, mantiene esa relación enferma, sufre por sus hijas pero todavía no ha podido tomar las riendas de su propia vida. Por la calle, muchas mujeres me preguntan cuándo me voy a rebelar.”

Paola Krum
(Laura)

“Este proyecto me pareció que valía la pena por muchos motivos. Supe que el elenco iba a defender mucho lo que tuviera que contar. Laura me gustó por sus imperfecciones, por sus circunstancias muy interesantes para actuar. Pensé que no me podía perder este personaje. Reconozco que el tema de los desparecidos me daba un poco de miedo, era la primera vez que en la televisión se iba a contar así, en una novela, como un asunto estructural. Pero al mismo tiempo pensaba que estaba bueno aventurarme, sentir ese vértigo.

Me gusta que un personaje tenga un desarrollo en el tiempo, que Laura vaya madurando, creciendo, despertando por etapas. Es un personaje que ya estaba herido cuando le mintieron, hace diez años. Y ella se armó una realidad alrededor de esa mentira. Ahora tiene que pasar una prueba muy fuerte, el dolor de ir desarmando esa vida que está edificada sobre dos mentiras: la de su origen y la de la muerte del hombre que amaba. Es cierto que Elena la ha querido como a una hija, pero a su lado estaba Lisandro, el hombre que la robó, un tipo violento. Me falta mucho por contar de mi personaje, momentos extremos como cuando Laura vuelva a ver a Santiago en un futuro próximo, por ejemplo.

Laura es un personaje permanentemente vulnerado, no termina de salir de una y ya está entrando en otra. No le alcanza el tiempo para pararse sobre sus dos pies y tomar una decisión, llevarla adelante. Le falta motor para romper con todo, lo va haciendo de a poquito. Estuve leyendo un poco sobre las personas que se enteran de que todo lo que saben de sus vidas es una mentira: el denominador común es que mientras estuvieron engañado sobre la verdad de su origen, se mantuvo en ellas una zona infantil, que no pudo crecer. Como si no se pudieran adueñar de su propia vida. Este dato en algún punto justifica a Laura, su inercia hasta ahora.”

Viviana Saccone
(Victoria)

“Me decidió el elenco. Y en la primera reunión me contaron cómo estaba planteada la adaptación de la novela actualizándola y relacionando el relato con el tema de los desaparecidos, y este dato me terminó de partir la cabeza. No tuve ninguna duda. Aprecio mucho la forma en que está tratado el tema de la apropiación de chicos, tan delicado de encarar. El público lo recibió de la mejor manera, lo mismo Abuelas y Nietos. Se abrió un compromiso social, una toma de conciencia que superó las expectativas. Creo que es muy bueno que toda esta temática se vea en una producción tan popular, sobre todo que se enteren y lo hablen los más jóvenes. Porque ya sabemos que una buena ficción puede ser más efectiva y directa que todo un ensayo, por el contenido emocional y por el alcance.

Sí, Victoria es un poco mendiga de amor. Ella se jura y se perjura no volver a mendigar, pero recae en la misma, no puede con su debilidad. Pero también le sale un costado inexplicable, ligado al melodrama: cierta cosa que le pasa con Laura cuando la tiene enfrente. Debería odiarla porque es su competidora y sin embargo, algo le sucede que está por encima de esa rivalidad. Algo visceral que he sabido que sucede en encuentros semejantes, y que en esta novela está muy bien observado. En otros momentos, por supuesto, le sale la leona, los celos. Es tan humano esto de que todos los personajes tengan sus grises, que no haya maniqueísmo... Tengo que reconocer que Santiago sigue enamorado de Laura, pero lo une a Victoria un gran agradecimiento: ella le salvó la vida, le hizo esa cirugía. Creo que algo le pasa con Victoria, me lo tengo que creer, si no debería irme a llorar a un rincón... Ahora anda rondando Milena por ahí, pero yo fui su primera mujer en diez años, no te olvides. El conocer a Santiago lleva a Victoria a recomenzar la búsqueda de su hermano o hermana.”

María Onetto
(Leticia)

“Veo que mi personaje va rotando, como les sucede a los demás papeles, que tienen su momento protagónico dentro de un relato muy equilibrado. Ahora me toca a mí desencadenar cosas, todo lo que trae aparejado que Leticia reaparezca en su casa después de 10 años, pero instalada en los 90. Aunque muy inquietante, es buenísimo para actuar, me ha permitido mostrar diferentes estados del personaje.

Soy una actriz que no tiene trayectoria en la TV y a mi lado hay gente talentosísima, con muchos años en el medio. Y percibo mucha solidaridad, mucho estímulo, me siento observada de la mejor manera. Es muy inspirador para mí. Como situación humana me conmueve mucho, y sucede en un lugar como la tele, habitualmente denostado, en la grabación de una tira. Es una experiencia muy completa para mí, tanto como la del teatro, me siento realmente afortunada.

Las actrices que interpretan a las mujeres de ‘Montecristo’ son divinas todas y me he cruzado con casi todas, especialmente con Rita, mi compañera durante tanto tiempo. Lo que sucede con esta novela es que tiene un grosor dentro del relato, en los personajes. Aun en ciertas situaciones más ligadas al culebrón clásico, más al servicio del género que del personaje, se construyen episodios sumamente verosímiles y emotivos. Por ejemplo, en la vuelta de Leticia a su casa, situación de gran impacto obviamente, hubo una marcación de quedarse en silencio, mirándola. Fue una elección artística extraordinaria: en otro caso, se hubiera optado por la velocidad, por apenas enunciar la situación. Y acá se le dio un tiempo que yo llamaría poético, y el resultado fue de una enorme intensidad. Tenemos la gran suerte de tener directores muy sensibles a lo actoral, lo visual. Y está bueno esto de ir por más, en la medida que los tiempos lo permitan. Sé que estoy viviendo una situación excepcional en la televisión, en cuanto a la forma de trabajar, a la excelencia del resultado, a la repercusión entre el público. Ojalá que otras producciones de la televisión se animen a ir por este camino.”

Mónica Scapparone
(Lola)

“Lola es una chica que viene de Villa Caraza y aspira a una vida burguesa, con todo el confort y el lujo posibles. Pero si bien tiene este interés por el dinero, por asegurarse el futuro y no es demasiado fiel, tampoco es mala persona. Vive en ese mundo que se ha inventado sin enterarse de quién es su marido, se da sus gustos, ha cometido alguna que otra boludez, pero mantiene un espacio de inocencia. Lola es incapaz de hacer daño, no se mete en chanchullos. Pobre Lola, ella soñaba con casarse bien, tenía todo listo y mirá lo que le pasó: su sueño hecho añicos. Para ella que tiene esa familia impresentable, Alberto es como un padre, es lo único que Lola tiene y más allá del tema económico, lo quiere. El la protege, la contiene, además, es el padre de su hija.

Es verdad que Lola no es inmune a Rocamora, que fue su primer gran amor, el todavía le mueve alguna cosita... Pero básicamente es una buena mina, se solidariza con Helen cuando le ve el moretón, la quiere ayudar. Trato de serle fiel a Lola y no subestimarla. Ella es transparente, le gusta lucir su cuerpo, sabe que los tipos le miran las gomas y coquetea un poco. Menudencias al lado de lo que es la verdadera maldad. Es un personaje muy disfrutable, me permite jugar la comedia y el drama. Ahora se le derrumbó su mundo, está tratando de entender qué pasó, pero no se entrega.”

Victoria Rauch
(Valentina)

“En ‘Montecristo’ pasa algo muy especial: todos los actores, todas las actrices siguen la novela porque les importa, y al día siguiente la comentamos, hacemos aportes, se felicita una buena actuación, se la analiza.

En cuanto a los personajes femeninos, creo que todos son interesantes, muy distintos entre sí. Las que aún están adormecidas tienen todo un camino por delante, van a sacar una fuerza interior todavía latente, van a dar lucha. Laura, Elena y Valentina son las que están en ese tramo, debatiéndose entre tanta mentira y oscuridad que ahora comienzan a despejar. Mi personaje mantiene aún cierta candidez, sigue siendo un poco la nena de papá, de ese padre todopoderoso que la consiente. Tampoco advirtió hasta ahora el lado avieso de Luciano. Hay que considerar que Valentina cargó sola con la mochila de la repentina desaparición de su madre, nunca aclarada. Ella siempre tuvo sospechas, vivió diez años de orfandad en la duda. Hoy la recuperó, pero se tiene que encontrar con ella en un punto intermedio: su madre ya no es la misma persona, y a la vez no termina de reconocerla, busca a una Valentina niña. Para mi personaje, esta situación representa una angustia tremenda y a la vez un factor de maduración, algo que la impulsa a salir de la burbuja. Creo que junto a Leticia puede despertar. Va a necesitar mucha fortaleza para todo lo que se le viene encima cuando sepa qué fue lo que detuvo a su madre en el tiempo, qué es lo que la aterra tanto para que se refugie en los 90. Como en esas terribles verdades están implicados Marcos y Alberto, la unión de Valentina y Leticia va a ser decisiva, me parece.”

María Abadi
(Erica)

“Después de ‘Geminis’, surgió ‘Mujeres asesinas’ y a partir de allí hubo propuestas diversas. Yo pensaba que iba a estudiar durante más tiempo antes de ponerme a trabajar, quería formarme... Jamás imaginé que tan pronto iba a estar en la tele, ni siquiera tenía esa fantasía. Pero acá estoy, disfrutando mucho, confiando en la mirada de Miguel Colom, el director, dentro de un grupo humano y profesionalmente tan bueno. Yo había visto ‘Resistiré’, y cuando me llamaron para ‘Montecristo’, me contaron el proyecto y algunos nombres del elenco, acepté. Sabía que Pablo Echarri se comprometía mucho con todo lo que hacía. Me gustó lo que me dijeron de Erica, y cuando supe quiénes iban a ser mis padres –Virginia Lago y Roberto Carnaghi– me emocioné: sabía que iba a aprender mucho trabajando con gente de semejante nivel. ‘Montecristo’ es muchas cosas para mí: un trabajo que me entusiasma, una gran experiencia de equipo, una escuela. Por otro lado, es una novedad para mí la experiencia de la calle, las preguntas de la gente me demuestran que esta tira es tomada muy en serio.

Sabía que no iba a ser fácil tocar el tema de los desaparecidos, de los chicos apropiados. Había que estar a la altura, no trivializar ni hacer sensacionalismo. Y sinceramente, creo que lo están manejando muy bien en el plano de una ficción que alude a una realidad no tan lejana. Me alegró enterarme de que se habían multiplicado los llamados a Abuelas. Parece increíble, pero también hay personas que recién ahora, a través de la novela, empiezan a asumir lo que pasó.

Sí, esta Erica puede parecer tremenda, pero no es una villana. Le tocó nacer y criarse en esa familia formada por sometedor y sometida. Ella se subleva contra esta situación. Y tiene una ambición por mejorar su situación que sí, la lleva a lugares donde termina actuando como una turra. Ella es orgullosa y ha desarrollado esa viveza, esa inteligencia del resentido, cree de verdad que la vida ha sido injusta con ella. Además, quiere diferenciarse de la madre, que es una buena persona, pero blanda, que no se valoriza, no ocupa ningún espacio. Para Erica, eso es insoportable. Creo que con respecto a Lisandro, el padre, ella tiene una actitud moral, intuye que es un ser despreciable auque aún no sabe hasta qué punto.”

Celina Font
(Milena)

“Salvo alguna excepción, todo el grupo de mujeres de ‘Montecristo’ está bastante dispuesto a descubrir la verdad. Hay todo un tema con esto de sacar a luz secretos guardados durante tanto tiempo, que llevaron a la traición y el crimen. En un principio, Sarita era como la depositaria de las claves, pero ahora la búsqueda está bastante repartida. Inclusive mi personaje, Milena, empieza a comprometerse, a acercar algunos datos que tienen que ver con las revelaciones importantes que se van a producir en algún momento. Ahora, Milena está actuando como una especie de Mata Hari, coqueteando un poco con dos bandos, todavía no del todo decidida, pero tocada por estas cuestiones que hacen a la verdad y la justicia. Porque si bien ella ha estado vinculada, como decimos entre nosotros, al eje del mal no conoce sus aspectos más negros. Lo que existe probablemente para Milena es una especie de pacto de lealtad, sabemos que hay algo en el pasado entre su padre y el de Marcos, esas cosas que no se cuestionan hasta que aparece un dato, algo que te modifica el punto de vista. Milena, como le pasa a tanta gente, está vinculada a un grupo familiar, social sin hacerse demasiadas preguntas. Hasta que empiezan a florar las evidencias que ponen en crisis su propios valores morales, se da cuenta de que si sigue conviviendo con ellos se convierte en colaboracionista, en un punto está participando.

Ultimamente, esta mujer empieza a tomar conciencia del verdadero calibre de las acciones de los Lombardo. Después de lo que le cuenta Santiago, ella sola empieza a atar cabos en relación a su propia historia, a sospechar de la relación entre su propio padre, que ya murió, y Alberto, a su vez una especie de figura paterna para Milena. Se han dado algunos desplazamientos un poco perversos: Alberto incitó la relación de ella con Marcos, su hijo casado con Laura. Esta mina ha crecido en ese ambiente, se ha adaptado, ha perdido la claridad. Hay una cuestión con la moral que se traba y tiene que pasar algo muy fuerte para que estos personajes –como sucede con el de Laura– se despabilen y empiecen a cuestionarse más profundamente. Lo que me parece genial de esta novela es que se hayan captado todas estas sutilezas que remiten al entramado de una sociedad, de nuestra sociedad, más allá de la inteligente decisión de articular el relato con nuestro pasado doloroso, relativamente reciente. Estos personajes que no se enteran, que colaboran indirectamente, representan a mucha gente. Hay mucho doble discurso en este país, mucha hipocresía, mucha tolerancia a cosas intolerables.”

Revirtiendo un mapa misógino

“A mí es la primera vez que me pasa esto de tener una novela donde cada semilla que se planta, florece gracias a que cada actriz, cada actor, encontró no solo su personaje, sino también el rumbo de ese personaje”, dice alborozada Adriana Lorenzón, autora de la adaptación y coautora, junto a Marcelo Camaño, de los guiones de Montecristo. “Estoy muy impresionada, porque la experiencia me indica que cuando arranca una tira con más de veinte personajes, sabés de antemano que hay cinco o seis destinados al muere: porque no pegaron, porque los autores o los actores no les encontraron la vuelta. Pero acá es milagroso, porque todos pegan. Cuando la gente del público me habla de la novela, los menciona a todos, con sus rasgos particulares. Incluso si se trata de roles que estaba previsto que entraran y salieran, como el de Vito el cocinero... Fui a comprar carne y el carnicero me sorprendió con una queja: Me mataste a Vito, ¿por qué?.”

Lorenzón es en parte responsable de que la presencia femenina en Montecristo sea tan fuerte, pero reconoce que Camaño comparte esta visión: “es un tipo muy abierto y profundo. Estas mujeres son muy diferentes, pero todas son capaces de pasar a la acción, incluida la propia Laura, quien en los capítulos que estoy escribiendo ahora tiene un tránsito hacia la lucha, que será muy dura y que ella va a encarar con mucho coraje, por cierto que quedando fuera del lugar de heroína sufrida o aguantadora. Te aviso que va a hacer cosas que van a generar un poco de polémica. Porque aunque sigamos las reglas generales del género, ningún personaje es lineal ni totalmente previsible. Y lo bueno, precisamente, es encontrar dentro del formato tira, folletín, melodrama, una manera de contarlo que en alguna medida innove. Siempre guardando el equilibrio entre la historia de amor, la de suspenso, cierta zona de comedia para aliviar tanto penar... Está bueno que haya luchas de poder entre dos personajes y si además se trata de hermanos o de parientes cercanos, el conflicto se potencia. Y si encima no saben que son hermanos, ni qué decirte: agravado por el vínculo, como dicen las carátulas de algunas causas”.

Aun teniendo en cuenta la época y la situación de la mujer, a Adriana Lorenzón le llamó la atención lo lamentable que resultaba el mapa femenino en la novela de Dumas: “Envenenadoras, traidoras, hijas de puta, trepadoras, interesadas, sumisas. El rubro mujer estaba en problemas en el folletín original, destilaba una mentalidad misógina que no ha desaparecido totalmente de la tele, incluso en cosas que a veces escribimos las mujeres. En la adaptación eso se revirtió, más allá de que las protagonistas Laura y Victoria son antagonistas por esta situación de ser hermanas –ellas no lo saben todavía, claro– y estar enamoradas del mismo hombre. Pero no se trata del enfrentamiento típico de la buena y la mala, al contrario: le va a ser muy difícil a Santiago elegir, y a Victoria se le planteará la cuestión ¿recuperar a la hermana perdida y perder al hombre, o ganar el amor y tener un gran problema con esa hermana que buscó durante tanto tiempo? A Laura también se le abrirá un dilema complicado”.

A la hora de revertir el panorama misógino del novelón El conde de Montecristo y ya con la idea de incorporar el tema de desaparición forzada de personas y niños apropiados, la guionista se puso a repasar la lucha local por los derechos humanos: “Las mujeres tienen un 80 por ciento de presencia, este dato de la realidad marcaba un camino. Aunque no está explicitado, la idea subyacente es que el valor, la decisión de lucha de una se contagia a otra. Por otra parte, hacía rato que yo quería hablar sobre temas del Proceso en la ficción porque creo que este género popular es el más indicado para hacer estos planteamientos. Los personajesmasculinos manejan diversas formas de violencia y corrupción, incluido Marcos, quien ya cometió una violación, y ahora acosa moralmente a Laura. Sin embargo, en el caso de Santiago, vamos a trabajar la situación de la víctima que vuelve a ser victimizada, juzgada”.

Bernarda Llorente, subdirectora artística de Telefé, prefiere hablar de los logros del equipo creativo de la emisora antes que de los suyos propios: “Cuando imaginamos cómo iba a ser la televisión del 2006, pensamos que a la audiencia le interesaría una gran historia de ficción que pusiera a flor de piel los sentimientos humanos. Veníamos de hacer, dos años antes, Resistiré , y nos pareció que había otras demandas sociales. Pensamos que Montecristo podía representar una superación, esa estructura basada en el clásico de Dumas la elegimos el año pasado. En 2006 se cumplieron los 30 años del Golpe Militar y se reavivó el interés por ese tema en la gente. Y lo interesante es que, por un lado, el sector del público que había vivido ese momento recibió muy bien la propuesta, pero también Montecristo atrajo desde el vamos a franjas de jóvenes que tenían solo referencias –pocas o muchas– de esa etapa, pero no la vivencia. Era un gran desafío elegir qué hacer después de Resistiré, y apostamos al riesgo de poner la historia en un contexto muy específico. Montecristo es una historia de amor, como corresponde al género, pero el contexto es político. Lejos del panfleto, habla de cosas que nos han tocado muy de cerca. El tema de la identidad, pilar del folletín, venía como anillo al dedo para referirse a la apropiación de niños. Creo que fue un gran mérito encontrar esa coincidencia, una vuelta de tuerca que actualiza el género en lo cultural, lo social, lo político. Y en esta actualización entra el cambio de los roles femeninos tradicionales. Creo que Montecristo no hace sino reflejar la larga marcha de las mujeres, su accionar, su perseverancia, su valentía”.

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