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Viernes, 25 de mayo de 2007

TENDENCIAS

Celebracion de la fuerza

El estilo de las luchadoras en rings de box que simulan pistas de baile, ¿o pistas que emulan rings? Lo cierto es que esa capacidad de algunas chicas para poner en juego la fuerza inspira a DJ, artistas plásticos y también a quienes sencillamente quieren bailar, y sudar y jugar a la guerra pero sin dolor.

 Por Victoria Lescano

Foto: Lucila Portabales

Puertas adentro de un gimnasio de box situado en Martínez, con exhibición de trofeos y reseñas de combates pugilísticos de su dueño –el Karateca Medina–, el sábado por la tarde el interior admitió otras estéticas cuando el ring devino pista para la octava edición del ciclo Drumm and Box: boxeadores profesionales y amateurs, algunos ornamentados con guantes Everlast en tonos de rosa chicle, deslizando cachetazos coreografiados y bailando al ritmo de la electrónica más sofisticada o de cumbia fusionada con bases electrónica. En los entreactos de shows deportivos, los micrófonos se abrieron también para que subieran al ring trovadores del circuito indie y los integrantes de un conjunto folklórico. Y en la vitrina con vistas a la avenida Fleming se exhibían los dibujos de mujeres boxeadoras plasmados por la artista rosarina Analía Regue, cuyo nickname boxístico es “La damita dinamita”.

Los posters para pegatinas sobre el universo del box que una artista llamada Regue desarrolla inspirándose en fotografías de combates entre la Tigresa Acuña con otras mujeres de pesos pluma de Latinoamérica o célebres combates de Laila Queen son argumento de una nueva modalidad de arte callejero denominado stickboxing y cuyas figuritas pegadas con cola de pegar empezaron a llamar la atención desde carteles de ruta y postes de teléfono de Salta, Catamarca o Jujuy, galpones de Rosario (la artista y un grupo de practicantes del stickboxing al que ella llama su escudería la difunden y suelen pegarlas en viajes por el país).

Regue argumenta sobre su homenaje al mundo del boxeo femenino: “Elegí mujeres boxeadoras porque me parece que sus imágenes tienen mucho más voltaje que las masculinas, en mis dibujos, que resultan de investigaciones en Internet que luego dibujo y paso a fotocopias, pongo énfasis en los bordados y los brillos de los atuendos. Por un lado rescato el arte callejero e intento reflexionar sobre el arte como deporte, pero también hay citas del contexto social. En la Argentina estamos entrenados para sobrevivir a las situaciones cambiantes. Y a buscar modos para sobrevivir, que me remite a las boxeadoras”.

Las acciones de moda y música con guiños a superlooks femeninos son una constante en el ciclo que se realiza tanto en gimnasios como en discotecas desde 2002.

Foto: Ramon Cairo

Dice Mariano del Aguila, periodista especializado en música, también creador de Drumm & Box y ¡boxeador! sobre los estilos más cautivantes de esa pasarela: “Así como en la primera edición (2002) dos bailarinas hicieron un combate de sombras chinas muy sensual detrás de un telón que incluía salpicaduras de vino, hubo una lucha entre la boxeadora peruana Laura Linda Lecca y Marisol Ruiz. Las dos fueron con tops adherentes rojos y pantalones de raso de la firma Corti; la maquilladora Vanina Scolavino les hizo un make up al tono de la ropa, en plateados, rojos y azules. En las ediciones cinco y seis, ambas en la escuela del Karateca, la damita boxeadora que robó la marquesina fue Camila, una sobrina teenager del boxeador que sube al ring con calzas en color rosa, remera al tono y vincha coronita e hizo rounds amistosos con la periodista Paloma Fabrykant, con look amazona y pantaloncito muy corto. Y en el séptimo, durante diciembre de 2006, en las pistas de la discoteca Bahrein, hubo un cruce entre Ivana ‘La Terrible’ Rodríguez, del gimnasio Iron Woman, quien suele vestirse de negro, y Sol Bembi. En esa ocasión pedí a los diseñadores Isabel Paranza, Flavia Ramera y Diéguez que reformularan un stock de remeras negras fueras de circulación. Así fue que Flavia optó por pegarles telas con figuras de animales salvajes, más rayos en tonos fucsia y estampas a cuadros en rosa y amarillo, mientras que Isabel desarrolló unos animales increíbles, casi extraterrestres, se valió de pelotitas de ping pong simulando armaduras, o plumas con antenitas. Diéguez, de procedencia punk, eligió ponerles tachas, pins reciclados por todos lados y crestas de gallo de riña en las capuchas”.

Sobre las mujeres del circuito profesional que más marcaron estética, dice Del Aguila: “En primer lugar está Marcela ‘la Tigresa’ Acuña, porque la boxeadora formoseña no sólo tiene una muy buena técnica, también hace escuela al tener en su equipo a una peinadora y a una vestuarista que desarrollan ideas para cada pelea. Del mismo modo que un entrenador hace un planeo táctico, ellas proponen trencitas, lacios o artilugios para el pelo en forma de corona. A mi criterio, cuando pelea vestida de rosa pierde potencia, en cambio, la favorece el animal print combinado con plata. De la escena local, se destaca otra chica formoseña a quien le dicen La Pantera; con muy pocos recursos se las ingenia para jugar también con un estampado de leopardo que repite hasta en las botitas. Y del circuito internacional, cautiva Laila Ali, quien subió al ring con triple banca: antes de ser madre, cuando comenzó, tenía un lomazo para su figura de casi 1,80. Además estaba muy bien lookeada por la firma Adidas y tiene su apellido monumental (es la hija de Muhammad Ali). Por un tiempo estuve completamente cautivado por el estilo de la holandesa Lucia Rikjer, la dama de hierro del boxeo, y también me hubiera gustado hacer unos rounds con la bealdad latina Michelle Rodríguez. Finalmente en la lista de superlooks está Regina Halmich, una campeonaza alemana, en una categoría muy chiquita, que usa faldas cortitas, casi bombachudo. En cambio entre los peores estilos para pasarelas del box destaco a Christie Martin, llamada en el mundo del box ‘La hija del minero’, si bien la vestían de rosa lo llevaba con poca gracia. Tampoco me gusta la estética de Mia St. John, una conejita Playboy devenida boxeadora de las grandes veladas en Las Vegas, recurre a mucha silicona, shorts adherentes y pocos fundamentos”.

Foto: Martin Bonetto

En las pasarelas del San Pablo Fashion Week, el boxeo irrumpió en la colección invierno ’05 de Alexandre Herchcovitch –quien fue auspiciado por la marca de ropa de box Everlast– con una puesta de modelos masculinos con buzos combinados con foulards, sombreros de dandy y en la cara simulacro de ojos en compota desarrollados por la eminencia del maquillaje Celso Kamura.

Algo similar en cuestión de maquillaje puede verse en algunas ediciones del Drumm & box en discotecas, con producciones de moda espontáneas coordinadas por la diseñadora gráfica Laura Escobar quien, según Del Aguila, es la responsable de darle un formato estético al ciclo equilibrando belleza y brutalidad, y el artista Diego Bianchi.

Los superlooks del lado del mainstream remiten a los colores fuertes de la firma Corti y las sofisticadas vendas con pulgar de Everlast (que ahora se fabrica en la Argentina).

Y en la historia del estilismo vintage para salir al ring, fueron hits los shorts cortos –que dejaban medio muslo al descubierto– que usaban Monzón y Leonard. O las batas de Muhammad Ali en algodón con bordados que rezaban “El Bocón” y una célebre con prints emulando su carta astral que fue subastada en Christie’s.

Foto: Laura Escobar

Continúa Del Aguila –cuyo nickname en las cabinas de música es Dj Campeón–: “Al boxeo le quedaba muy bien el blanco y negro, hay fotos increíbles de Sugar Ray Robinson, un peleador muy elegante de los años ’40, con bigote finito y cara de músico de jazz, vestido con enteritos blancos, en cambio en los años ’90 y 2000 se imponen los disfraces temáticos cercanos a la estética del clown”.

¿Se puede trazar un árbol genealógico de los nicknames boxísticos aplicados a las damas del deporte?

–Por lo general, apelan a los mismos argumentos que los de los hombres: agresividad, fiereza, estirpe, explosión, herencia, pero a veces se pone énfasis en atributos propios de las mujeres. A la mexicana Jackie Nava la llaman “La princesa azteca”. La contrafigura de la Tigresa Acuña es la Leona Quirico. Está además el apodo de Lucía “la Dama de Hierro” por su aspecto severo (aunque también la llamaban “La mujer más peligrosa del mundo” como a Tyson). El de Laila “She Bee Stingin” Ali deriva del slogan de su padre: “Flota como mariposa, pica como abeja”. A Irichelle Duran (hija de Mano de Piedra Durán) se la llama “Manitas de Piedra”, y los apodos por herencia alcanzan también a María Johansonn, la “Hija de Thor”.

¿La mujer lleva estrategias del flirt o disciplina samurai para enfrentar al contrincante?

–Siempre hay una actitud de la vida cotidiana que se acrecienta en el ring. Considero que las mujeres incluyen otros matices a lo que significa nobleza, las ves en el ring y no puede quedar ni un rastro de la idea arcaica del “sexo débil”. Hay boxeadoras que lo hacen mejor que los hombres, con más estilo. Y en lo que yo llamo groove deportivo, mezcla de baile y acción, definitivamente hay mujeres con más swing. La idea es movernos en una línea argumental donde confundimos baile con batalla, ritmo con juego de piernas, ovación con canción, y las bases, ya el dub, el drum & bass y la cumbia tienen un nervio muy parecido. Suelo definir al Drumm & box como una celebración de la nobleza del boxeo y también como deporte y música electrónica en perfecta confusión.

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