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Viernes, 4 de abril de 2008

MONDO FISHON

Camisas tuneadas y piezas exóticas

 Por Victoria Lescano

Una muestra con una docena de obras derivadas de collages y graffities sobre gráficas recortadas de revistas de moda fue bautizada Tunin’ la vida loca. Las piezas fueron ideadas por Diego Grinbaum y se exhiben en tamaño gigantografía en las paredes de Le Bar y luego circulan en el booklet que se repartía en las mesitas rojas con tatamis al tono del bar situado en Tucumán al 422.

Hay imágenes de lencería intervenidas con slogans de corte punk, un primer plano de corbata y camisa roja ornamentadas con manifiestos en homenaje a los mods trazados en tipografia manuscrita, ironías sobre una campaña del perfume Issey Miyake (del que emerge un fantasma); sobreimpresiones y stencil sobre botellas de agua Evian y de vodka Absolut además de recreaciones de pins de rock y poesía que admiten de Palo Pandolfo a Rimbaud. .

Abundan ironías sobre lo que se supone bello; así, los niños de una campaña de la marca local Cheeky , mediante marcador de trazo negro y tinta al tono, devienen personajes de un cuento dark con antifaces , llevan en sus bracitos hipotéticos tatuajes que rezan:“Crítica Institucional” y juegan con n un nido con pollitos cual los músicos de Kiss lo hicieron con tales aves.

Garabatos manuscritos en corrector blanco sobre la figura de un traje rescatado de la publicación Leit Motiv advierten: “La sofisticación cuesta mucho”. La afirmación “una linda apariencia no es todo” emerge sobre traje negro de chaqueta larga y etiqueta Nina Ricci recortado de la revista Harpers Bazaar.

En el catálogo, Carlos Carpintero afirma sobre los experimentos con moda y gráfica allí deslizados: “El pavor caligrafiado en la carne, donde la mugre modelizada le disputa la soberanía al buen gusto publicitario”.

Mono –tal es el apodo de Grimbaum–, es conocedor de los mejores kioscos de revistas de moda que posee Buenos Aires. También es consultor de identidad, diseñador y socio de un pequeño holding de restaurantes que exaltan platos austeros y elegantes, ideó el interiorismo de Le Bar y años atrás el de Olsen y también edita un pequeño sello llamado Pan Pan.

En esta semana también se puede ver “Museo Salvaje” en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, una muestra curada por Fernando Brizuela, artista y también uno de los integrantes del equipo de montajistas del Museo Malba. La sala, escaleras abajo en Florida 943 luce atiborrada de obras que hacen anclaje en el mundo animal y las curiosidades “de un perro vagabundo a un balcón abandonado cuya vegetación se descontrola”, enuncia su ideólogo. Cautivan el mameluco de trabajo blanco intervenido por la artista y diseñadora Delia Cancela que cuelga de un maniquí y que también fue fotografiado con pin de oso, un corazón con lazo emblemático en la iconografía de Cancela por el fotógrafo Juan Duarte para una reciente producción de moda en la revista Catalogue.

La apuesta de Cancela se complementa con series de envoltorios y packagings que ostentan gatos, canguros y mapaches trazados por la artista.

El museo arbitrario que se exhibe hasta mayo tiene en su “colección permanente”, las fabulosas esculturas símil pez de El Búlgaro, los botellones con cucarachas de León Ferrari, toboganes símil pista y morfología de un animal de Miguel Harte, cruces de taxidermia con últimos modelos de zapatillas para la disco, ,parlante, globo con expresión lisérgica de Nicanor Aráoz, perros tallados en yeso, –Verónica Romano– un gato montés devenido trofeo –Andrés Toro– y también los homenajes a muñecos y robots en trapo reinventados hace algunas temporadas por el colectivo de artistas Doma.

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