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Viernes, 1 de agosto de 2008

RESCATES

Leonor Fini: Fuera de catálogo

Nunca musa sino pura inspiración, la excéntrica Leonor Fini, que nació en la Argentina pero transcurrió en Europa, fue pintora, escenógrafa, vestuarista y diseñadora de objetos de culto en tiempos surreales. Su vida y su obra son la prueba de que es posible vivir sin límites. O, al menos, elegir con cuáles.

 Por Leonor Silvestri

Algunas voces dicen que es la artista mujer más importante del siglo XX y, sobre todo, una de las pocas cuya figura no está ligada a la de un varón. Tal vez porque las mujeres artistas son usualmente las esposas, compañeras o amantes de algún famoso pintor, la historia de Leonor Fini no circula tanto. Por lo general, el ánimo de catalogar la incluye entre los surrealistas, en especial porque comparte el interés en lo onírico y la sugestión. Sin embargo, y pese a la cercanía con el grupo y la amistad con Max Ernst y Leonora Carrington, y aunque Eluard y De Chirico escriben el prefacio del catálogo de su primera exposición personal en Nueva York en 1938, Fini nunca se consideró una surrealista. Su mal temperamento y sus enfrentamientos y desafío contra André Breton por su “homofobia y misoginia” son proverbiales. Los temas surrealistas son recurrentes, pero en su mano se convierten en un arma contra las convenciones sociales, incluso las de pertenencia a los grupos de elite de artistas. Erotismo mórbido y macabro que beben de la filosofía de Bataille en su regreso a los aspectos primitivos del ser humano, Leonor Fini fue una autodidacta con conflictos para ser incluida en ningún grupo porque pintaba “cuadros que no existen y que desearía ver”, según declara. Lesbiana, bisexual, surrealista son todas definiciones que alguna vez le dieron; a todas las rechazó.

ARGENTINA E INTERNACIONAL

Nuestro país tiene el extraño honor de haberla visto nacer en 1907. Tras el divorcio de sus padres, su madre vuelve con ella a Triste, Italia. Allí comienza su historia de ambivalencia y experimentación con el género: como en el mito egipcio-romano de Ifis, su madre la trasviste de niño durante seis años para evitar que su padre se la lleve secuestrada. Más aún, en la famosa presentación con el grupo de surrealistas de la mano de Carrington, supuestamente, Fini apareció vestida como un cardenal porque le gustaba “la naturaleza sacrílega de vestirse como un cura, y la experiencia de ser una mujer vistiendo ropas de un varón que nunca conocería el cuerpo de una mujer”. Se la cree bisexual, aunque resistió toda clasificación. De hecho, en una entrevista de 1982 confesó: “he experimentado con mujeres pero no deseo ser lesbiana”. Fini pasó toda su vida en Francia, sin casarse nunca, todo una provocación para su época; siempre vivió en completa libertad sexual, autonomía y llena de voluptuosidad. Durante cuarenta años convivió con Stanislao Lepri, un diplomático que se convirtió en artista plástico, y Constantin Jelenski, un escritor polaco. Ambos tuvieron que competir con tantos como 23 gatos.

AUTORRETRATO IMPOSIBLE

Se podrá ver en Fini qué pintores aprecia y disfruta, como por ejemplo los prerrafaelistas, pero, como dijo Aira de la poeta Marosa di Giorgio, su arte no se parece al de nadie. En cambio, podría decirse, con temor a equivocarse, claro, que sus pinturas remiten todas un poco a ella: mujeres gatunas y misteriosas de sensuales bocas. Metamorfosis erótica de ambigüedad y exploración en mujeres y animales, especialmente gatos, su tótem, como mensajeros de poderosa fuerza psíquica inconsciente e irreal. Re-significando el mito de Psique y Eros que pasó a la fama de la mano de Apuleyo en el Asno de Oro, la Psique de Fini en su cuadro homónimo observa dormir a un gato gordo. Sus trabajos reducen la posición masculina, en vez de combatirla. Sus mujeres andróginas y fantásticas son el centro casi siempre, libres del deseo de la mirada masculina. Fini pinta visiones de transformación donde el género no condiciona la sexualidad. En “El intervalo”, una mujer le mira el sexo a otro ser de inmensa cabellera rojo fuego, que parece ser otra mujer, para luego descubrir en el devenir de la serie que se trata ni más ni menos que de Febo, el dios Sol.

Leonor Fini dijo una vez: “Toda la pintura es erótica. Ese erotismo no tiene necesariamente que estar en el tema. Puede estar en la forma con que se pinta un ropaje, en el diseño de una mano, en un pliegue”. Así las cosas, después de la Segunda Guerra Mundial sus trabajos incluyeron diseño de indumentaria para el Ballet de París, las películas 8½ de Federico Fellini (1963) y A Walk with Love and Death de John Huston protagonizada por otra rareza, Anjelica Huston. Leonor escribió memorias, fragmentos, poemas en prosa y narrativa. Hay nueve documentales sobre su vida, entre ellos La Légende cruelle de Gabriel Pommerand y Arcady (1951) y Leonor Fini de Chris Vermorcken (1978), y cuenta con una página propia postmortem que depende de una de sus amigas, Arlette Souhami: http://www.leonor-fini.com/ en Galería Minsky, llamada así por ser un término de cariño que Fini usaba. Allí se puede encontrar una exposición permanente, información y obras a la venta.

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La vida ideal, 1950.
Kinderstube, 1971.
La coronación del felino sagrado., 1974
Tarde de domingo, 1980.
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