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Viernes, 19 de marzo de 2010

PERFILES

LA CANDIDATA

Tras un primer éxito en las urnas, Martine Aubry se perfila como la esperanza socialista en Francia

 Por Flor Monfort

El domingo pasado, el socialismo francés liderado por Martine Aubry ganó la primera vuelta de las elecciones regionales. A pesar de que se registró un record de ausentismo en las mesas electorales, no faltaron motivos para festejar: la izquierda francesa parece renacer tras años de pérdidas sistemáticas en los comicios y de una caída feroz en su popularidad.

Este era el primer gran desafío de la actual líder del Partido Socialista y alcaldesa de Lille, quien en noviembre de 2008 tuvo que enfrentar a la mediática Ségolène Royal para llegar a este cargo. Apoyada por pesos pesado de las filas del partido, con una exposición pública más moderada que ella y logrando el apoyo de quienes detestan a Royal, Aubry dibuja un perfil cuanto menos polémico.

Ministra de Trabajo del gobierno de Jaques Chirac, profundizó su gestión y es recordada por su aporte en las mejoras de las condiciones laborales de los trabajadores, haciendo hincapié en la no discriminación y en la negociación anual de los salarios, entre otras medidas que se tradujeron en políticas concretas. En octubre de 2009 declaró: “Las mujeres están más tocadas que los hombres en épocas de crisis: la precarización laboral y la reducción de salarios les llegan profundamente, pero ellas representan, al mismo tiempo, los derechos de todos los trabajadores, tanto mujeres como hombres”. En su biografía citada en la página oficial del partido no hay ninguna mención a sus opiniones en materia de género ni a sus políticas concretas en esta dirección. Sin embargo, en el 2000 trabajó en la ampliación de la ley de aborto, llevando a 12 las semanas de gestación necesarias para practicar un aborto legal y seguro. Tras esa campaña, Aubry pareció enfocarse en sus metas partidarias y se declaró católica, aunque asegura que “cada uno debe vivir su religión como mejor le parezca”, en relación al debate que divide a Francia: permitir o no el uso del velo y las vestimentas típicamente musulmanas. “Tenemos muchos hombres y mujeres de origen magrebí en nuestra lista, pero yo no hubiera aceptado que pudiera haber una mujer con velo, porque ese es el mensaje de una religión que debe permanecer en el dominio privado y que no debe meterse en el campo de la república. Cuando se es elegido, se representa a todo el mundo y no hay necesidad de mostrar un signo ostentatorio que está poniendo de relieve el propio mundo privado”, aseguró. Declaraciones de este tenor significaron que Aubry sea tildada de “contradictoria”, ya que en 2009 inauguró un centro deportivo y cultural para las mujeres del Magreb en Lille y las recibió con bombos y platillos, reconociendo que, en Francia, portar un apellido magrebí reduce un 50 por ciento las probabilidades de ser aceptado en un trabajo. Para la Organización SOS Racismo Aubry hizo una “puesta en escena” y la acusaron de “falta de voluntad política” por no presionar al gobierno para aplicar la ley de antidiscriminación laboral, ya existente desde hace cuatro años.

Sobre sus convicciones políticas, Martine dice anhelar una Europa unida y libre, no liberal, donde el socialismo esté unido en todo el continente, colocándose en la vereda de enfrente del actual presidente Sarkozy (principal perdedor en las elecciones del domingo). La perspectiva hacia la segunda vuelta se ve reforzada por este triunfo y el apoyo que Aubry consolidó de Europa Ecología y el Frente de Izquierda. Su discurso se amplía ahora y se solidifica en las zonas seguras de popularidad, reforzando el papel de la inclusión y la igualdad social, pilares tradicionales del partido. En este sentido, la semana pasada declaró: “Creo que sólo una cosa importa: es que antes de 2012, las mujeres y los hombres tengan más posibilidades: aquellos que han perdido su trabajo o que lo van a perder; los que no saben cómo sus hijos van a vivir mañana, los que no lo saben ahora; los ancianos, que no saben con qué salsa van a ser consumidos en pensiones, y cómo vamos a tener en cuenta el problema de la adicción. A mí, eso es lo que me interesa, que durante estos dos años la izquierda esté para acompañar a las regiones de Francia y a todas nuestras comunidades”.

En lo que parece ser el principio del fin de la era Sarkozy, hay que ver cómo convence Aubry al 53 por ciento que se abstuvo de votar en esta primera vuelta y cómo construye una posición sin recurrir a la veta opositora (“si ellos hicieron esto, nosotros vamos a hacer todo lo contrario”). Su discurso integracionista puede reflejarse en acciones concretas, eso ya lo saben los franceses; hay que ver hasta dónde es capaz de llevar su moderación o si esta nueva etapa la pone frente a posiciones más comprometidas.

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