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Viernes, 2 de abril de 2010

DIEZ PREGUNTAS > A VICTORIA ALMEIDA*

“La vida es una metáfora en la que hay que animarse a saltar”

 Por Clarisa Ercolano

1)Siempre se habla de El payaso, como una figura excluyentemente masculina. ¿Cómo fue entonces el proceso para encarar la obra desde el clown?

–Pienso en “el payaso” como una manera de ver el mundo. Es un personaje mujer, hombre, joven, viejo, petiso, alto. Con sus diversas cualidades y orígenes, logra emocionarnos y divertirnos con sus torpezas y salidas más absurdas. Blanco de situaciones problemáticas, tratará de zafarse apelando a su herramienta más noble: la esencia misma del ser humano. Todos nos vemos incluidos en cada clown, en mayor o menor medida, y mi objetivo fue el de hacer un espectáculo de los problemas de este clown mujer.

2)¿Por qué el precipicio y el vacío de la vida como disparador de la obra?

–El vacío es en sí el eje de la problemática de este personaje, ella siente un gran vacío todo el tiempo, de modo recurrente y a través de todo el espectáculo intentará llenarlo de una u otra forma, la mayoría de las veces errada, hasta descubrir su verdadero deseo. Es una suerte de ensayo y error constante.

3)¿El humor y la tragedia son siempre caras de una misma moneda?

–Pienso que sí. Y siento que el humor, si no se usa durante una tragedia, vuelve a toda la situación mucho más densa e intransitable.

4)¿Cómo componés a este personaje, a qué recursos recurrís?

–Fue hace algunos años, tenía ganas de ridiculizar todo aquello que me trae sufrimiento, y entonces descubrí a Haydée Munamú: una antigua romántica de clase alta, con un alto grado de hipersensibilidad extrema y que desea ser admirada y tiene una trágica preocupación por tener una vida trascendente además de pasar del blanco al negro en un segundo y viceversa. Así sale el personaje, con sus conflictos existenciales, su necesidad exagerada y casi patética de ser querida, su mirada ilusoria, sus penas y decepciones, su constante debate entre sus deseos y sus miedos. En definitiva, se sustenta en su gran ingenuidad. También hay un acompañamiento de herramientas tecnológicas y musicales que hacen a la composición actoral.

5)¿Te acordás cómo fue la primera vez que quisiste actuar?

–No creo que me acuerde... Creo que la actuación es algo que viene conmigo. Quizás haya sido esto mismo en otra existencia y de ahí viene mi deseo.

6)¿Qué es para vos lo mejor que tiene y ofrece el teatro como modo de expresión?

–Además de entretener, divertir, conmover, reflexionar y educar, pienso que el teatro tiene el don de envolvernos en un sueño del que somos parte, tanto los artistas como los espectadores. Que ocurre aquí y ahora, y es único e irrepetible de manera idéntica. También le adjudico una parte mística a este hecho vivo. Creo que tiene vida propia, y maneja a los actores como al resto de sus componentes a conveniencia. Como modo de expresión, creo que tiene un alcance tan profundo y transformador, que lo veo como un arma. Un arma de paz.

7)Fuiste parte de un grupo de rock pero siempre se dice que ese ambiente es bravo para las mujeres. ¿Cómo fue tu experiencia?

–Sí, eso es lo que se dice y creo que de algún modo, si todas o casi todas las mujeres piensan eso, debe ser así. En mi caso en particular, puedo decir que estuve muy cuidada cuando trabajé en el rock y que no me siento en un terreno problemático. Pero ése no es mi mundo más importante.

8)En la obra, ¿qué espacio de significación ocupa la suerte?

–Muchísimo espacio. Todo aquel que se da en la medida en que el personaje descubre que la suerte es aquello que va construyendo, nada más ni nada menos, que en el transcurso de toda su vida, de todas las decisiones que va tomando.

9)¿Sentís que el medio teatral está vedettizado o farandulizado?

–Siento que está muy diversificado por suerte, y que hay teatro para [email protected], y público para las distintas corrientes teatrales. Tal vez el teatro de revistas esté mediatizado y dé la sensación de que todo el plano, todo el universo teatral pasa por ahí. Pero creo que eso es algo que parece, pero no es así, no hay que quedarse sólo con lo que sale en televisión.

10)¿Las mujeres caminamos siempre más cerca del precipicio?

–No lo sé... Toco este tema en el espectáculo como una metáfora de la vida, de animarse a saltar. Y veo qué o quiénes entran en ella: mujeres, hombres, jóvenes, y grandes por igual, creo que nadie se escapa de que la vida en sí misma es una metáfora en la que hay que animarse a saltar.

La obra es una clown que se pregunta el sentido de su existencia parada en una cornisa frente al abismo. En busca de esa respuesta, atraviesa una serie de posibles soluciones al vacío de su vida, conduciéndola a descubrir quién quiere ser en realidad. Y eso, esa instancia, a todo el mundo le pasa en algún momento.

* Victoria Almeida es actriz. Acaba de reestrenar La última vez que me tiré de un precipicio, dirigida por Mario Marino, en el teatro Piccolino. Se formó con Helena Tritek, Norman Briski y Ariane Mnouchkine y estudió canto con los maestros Oscar Ruiz y Marisol Otero. Fue nominada “Revelación” en los premios ACE 2008 y por los premios Trinidad Guevara 2008. Además, conduce dos programas en Paka Paka por canal Encuentro y es corista de la banda Los Twist.

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