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Viernes, 7 de mayo de 2010

INVITADA ESPECIAL: HELENA TABERNA

Eterno resplandor de una mente con recuerdos

 Por Guadalupe Treibel

Sensibilidad no es lágrima fácil, es permear el cuerpo, asumir la historia, leer los contornos, interpretarlos. Sensibilidad no es sensiblería. Es relatar sin antifaz, escuchar al que pide la palabra y asumir un sentido, darle pantalla. Helena Taberna es una mujer sensible. Desde su arte –el cine–, la española de Navarra lleva tres films y varias preocupaciones: revisionismo histórico, perspectiva de género y derechos humanos. “Ante todo, mi interés es hacer buen cine”, destaca del recuento a Las 12 y su tríada –Yoyes (2000), Extranjeras (2003), La buena nueva (2008)– parecen darle la razón. Desde la ficción o el documental, Taberna se acerca al pasado inmediato y da forma a universos privados que, en definitiva, hablan de universales. “El cine y la memoria son sinónimos; de ahí la tentación de aprovechar la fuerza que tienen las películas para que algunas historias cojan pálpito y tengan resonancia”, afirma en clave concienzuda.

En Yoyes, reconstruye –con licencia artística– la vida de María Dolores González Catarain (a.k.a. Yoyes, en piel de Ana Torrent), primera dirigente de ETA que se une a la organización en época franquista y es muerta, años después (1986), bajo el rótulo de “traidora”, por la misma ETA. Se había animado al exilio, a desvincularse y cuestionar. Pero, por encima de todas las cosas, se había animado a volver a casa durante la transición. “Mantuvo la dignidad diciendo que era su derecho”, cuenta una Taberna capaz de mostrar las miserias del poder y el contrapoder, de hacer bandera de la libertad de mujer y los roles compatibles (Yoyes es madre, estudiante, ha trabajado para Naciones Unidas). “En mi ingenuidad, pensé que la película podía hacer cierre de una etapa al reconocer el romanticismo de los primeros etarras, su idea de una sociedad más justa. Lamentablemente la historia volvió y, al momento del estreno, se rompió la tregua. Todavía estamos ahí, aunque ahora la situación esté dormida.”

En la multipremiada Extranjeras, la también fundadora de la Asociación de Mujeres Cineastas y de los Medios Audiovisuales (CIMA, creada en 2006) elige el documental para elaborar un mosaico colorido y multiétnico de mujeres que viven en Madrid. “Es un juego de espejos que expone cómo nos ven las de afuera y que reúne los dos temas fundamentales del siglo XXI: las mujeres y la migración”, define la directora, que para el film reunió chinas, africanas, ecuatorianas, rumanas, polacas, venezolanas, peruanas y más, impregnando la cinta de aromas locales, raíces, miserias y voluntad-de-seguir-adelante. “Todos los directores de ficción deberían transitar el género documental alguna vez. Enseña humildad de la buena ¡Y a no confundir con docilidad! Que eso me hace temblar”, recomienda la también guionista y productora, al frente de sus proyectos en todos los flancos.

Finalmente está La buena nueva, el gran salto –de época– que la encuentra de cara con la Guerra Civil Española y una historia inspirada en hechos reales (la vida del tío de Tabernas, el párroco Marino Ayerra, personificado por Unax Ugalde). Situada en Alsasua, Navarra, el film expone las dos iglesias que acompañaron las dos Españas: “Nunca se había tratado el rol encubridor y verdugo de la Iglesia durante este período en cine. Su apoyo al fascismo fue claro, dándole nombre de Santa Cruzada. ¡Qué coraje llamar así una guerra entre hermanos!”, destaca Taberna. Con sotana y fusil, muchos curas fueron al frente y pelearon contra los republicanos. Claro que no todos: el protagonista de La buena nueva reconoce el gesto anticristiano y se ordena contra el mandato superior (no divino). ¿Aguantará la fe?

“Siempre recuerdo una frase de Juan Gelman que decía: ‘Se fueron los dictadores y aparecieron los organizadores del olvido’. En España, están disfrazados de críticos, modernitos que definen al film como ‘otra película de la Guerra Civil’. Pero hay que seguir luchando mientras tengamos la vergüenza histórica de muertos en cunetas y ningún proceso de castigo a los culpables. La transición tapó la historia y me da pena que se olvide”, explica la directora con productora propia –y de doble significado–: Lamia. “Le puse ese nombre por las lamias de la mitología vasca y porque he hecho la-mía. Son los dos aspectos que me gustan de la vida; el territorio poético y la realidad”, define sobre sentidos y significantes la artista pausada y de voz amable.

Después del éxito de La buena nueva, Taberna vuelve ahora al documental. El hecho real que le compete hoy es la muerte de Nagore Laffage, una estudiante de enfermería de 20 años, asesinada y violentada por un médico psiquiatra. Como caso puntual, habla del universal de violencia de género. “Habitualmente se cree que está vinculado a un entorno social marginal y no a la burguesía. El caso Nagore demuestra lo contrario. Ella lo amenaza con denunciarle por agresión y él, para cuidar las apariencias, piensa la fórmula para deshacerse de ella y la mata durante las fiestas de San Fermín”, relata la directora, que ya cuenta con imágenes poderosas y llamadas de lo más impactantes. “Iba a ser una ficción pero la profundización de la memoria pide un género documental”, cuenta sobre la ida y vuelta del formato.

En su primera edición, y con el auspicio del Centro Cultural de España en Buenos Aires, Mujeres en Foco recupera el material de Taberna y lo exhibe gratuitamente en formato “retrospectiva”. Ojo, hay más: también invita a la realizadora a debatir acerca de la mirada de género y dar un seminario de guión y dirección (“Ficción histórica e historias de ficción”).

Más información, fechas y horarios, en www.mujeresenfoco.com.ar.

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