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Viernes, 11 de abril de 2003

MODA

La ropa que habla

Muchas veces bordeando el terreno del arte conceptual –como en unos abrigos diseñados con collages de frazadas y destinados a la espera en la cola del banco–, los nuevos diseñadores se presentaron en la BAF. Señales antiguerra, harapos y carteles indicadores señalando el momento del aplauso ratificaron que en Buenos Aires una nueva generación está al ataque, y que no vive en una burbuja.

 Por Victoria Lescano

La quinta edición de la semana de la moda tramada por el Grupo Pampa no sólo cambió la denominación BAF (Buenos Aires Fashion Week) por Fashion Week Lycra Buenos Aires. También tuvo una apuesta más bajada a un formato comercial, mayor presencia de los industriales y abundancia de citas a la devastación y el clima bélico. Vale aclarar que BAF sirvió de plataforma de lanzamiento de muchos de los diseñadores que hoy lideran un movimiento de diseño argentino y crecieron en forma directamente proporcional a la crisis pese a la escasez de telas y recursos, abrieron tiendas muy glamorosas y en muchos casos ya presentan sus colecciones fuera de esta pasarela.
Entre el lunes 7 y el jueves 11 el pabellón azul de la Rural cobijó a 42 diseñadores en showrooms –si se los compara con espacio níveos con butaquitas negras de antaño, en muchos casos se limitaron a la simpleza de percheros– y 17 desfiles. El vasto listado incluye de la sastrería en negro de Cora Groppo, apuestas a colores intensos de Mariana Dappiano a las joyas de Portamento, las construcciones en cuero de Uma, una marca que ahora saltó a la escala de las shopping centers. También las chaquetas en cuero y gamuza de Fioca que reproducen la morfología de insectos, prints consagrados a los viajes de Tinta Roja, un living pasarela ambientado con sillas Saarinen y Mies van der Rohe, para fieles lectoras de Wallpaper engalanadas en verde militar y negro por María Cher y una colección óptica con énfasis en la distorsión de la realidad según Vero Ivaldi.
En la apertura, cautivaron las citas a las domadoras de circo en la sastrería de aire retro de Vicki Otero. Para su debut en pasarela, remixó marrones, azules, naranjas y rojos más intensos en pantalones de cintura alta, impostaciones de corbatas en los cuellos de abrigos y blusas, chaquetas cortas y trench coats, algunos tenían mochilas adosadas mediante botones y otros prints de lunares que recuerdan a estampas japonesas. Para exaltar el recurso de aplicaciones de metal, adosó un arnés en el cuerpo de una modelo que recordó los corsets coraza que los moralistas victorianos consideraron “tentaciones del diablo”.
“Adhiero a la sastrería rígida y jugar con la impostación de mujeres fuertes. Las estampas y las líneas de los cincuenta son un disparador, aunque no me limito a la falda evasée y las cintura avispa. Como guiño llevé la tipología del bolerito, una de mis prendas favoritas al metal”, dice Otero, quien luego de integrar el staff de diseñadores de John Cook, va por su tercera colección propia. Los originales Otero está a la venta en Pura Vida, la tienda consagrada al diseño argentino en Barcelona y también en tiendas de Palermo.
La puesta de Nadine Zlotogora incluyó un violinista en vivo, una pasarela homenaje a los cartoneros como iconografía de devastación que remitió a dos temporadas. Imperó un clima de andrajos aunque glamorosos en hombres, mujeres y niños. Dice Zlotogora sobre su colección invierno 2003 “sin dudas es menos romántica, las flores del jackard se transformaron en camuflaje, las faldas tienen mucho de paracaídas, las siluetas aparecenmuy enfundadas pero más livianas. Mis colecciones nacen de cómo me siento y percibo el presente y el sentimiento que rigió esta colección fue la resistencia, los recursos constructivos remixan tiroleses con aviadores de la Segunda Guerra. Mi ropa tiene un lujo velado, se siente que en algún momento fue lujoso y ya no lo es”.
Para apreciar ese juego con el lujo del pasado se impone visitar la flamante maison Nadine de Palermo. Una casona de la calle El Salvador que la diseñadora encontró derruida –aprovechó una parte para ambientar su campaña– y devino en un espacio muy luminoso, con percheros/escultura de hierro y óxido y maniquíes esculpidos por Pablo Luna y un vitreaux construido con vidrios de desarmaderos.
La puesta de Hermanos Estebecorena volvió a confirmar que prefieren perfeccionar nuevas ediciones de pantalones o cazadoras de cuero cual nuevos modelos de automóviles –aunque agregaron flamantes trajes de corderoy para los fashionistas (porque pese a su postura antimoda sus realizaciones para hombres son muy codiciadas entre caballeros coquetos). Esta vez el formato de desfile HE sorprendió con una pasarela en sinfín con carteles indicadores que disparaban a los espectadores “Fotos”, “Aplausos”, etc. El juego gráfico continuó en remeras con slogans “Tenemos todos los climas”, “Tenemos la avenida más ancha del mundo” que habían deslizado vía panfletos en un pequeño desfile en el Planetario.
Además de los bellos modelos nada empastados de Civiles, hacia el final se sumaron hombres no modelos y vestidos con sus propios hediondas.
Con turbinas de ventiladores agitando los tocados/máscaras de cuero y piel y sonidos de tormenta de arena.
Mariano Toledo, diseñador y arquitecto, presentó una colección regida por Mongolia, la China y el futurismo de Mad Max. “Esas citas resumen mi mirada sobre el futuro, sin dudas muy primitivo y donde la gente fusiona información de otras culturas”, desliza el diseñador. La pasada mutó de una línea de sastrería con dénim en tonos de verde oxidado que conforman su flamante línea Human Being, a microvestidos en cuero de oveja marrón (estilizados con las botas media más largas y cautivantes que se vieron en la pasarela), abrigos en fieltro y paño. El apartado noche, con sus gasas y estampas tribales se remitió a las puestas de extravaganza en el Sahara con Veruschka posando las transparencias de Giorgio Sant Angelo de los sixties, aunque en versión darkie. El lujo de esas amazonas futuristas consistió en maquillaje corporal con citas tribales, dragones y gallos como accesorios.
Pri y Brandaza de Adúriz simbolizaron el ingreso de nuevos nombres en la pasarela y una mirada al margen del mainstream. La primera, cuya desopilante invitación por mail consistió en imágenes de un soldadito emergiendo en la pasarela con cierto temor y disparos de flatulencias, rescató el folclore de Europa del Este con remixes de corsarios y cosacos en honor a sus ancestros croatas. Los citó en básicos de dénim, corderoy y plush negros y grises, remeras de angorina y una línea de noche con incrustaciones de encajes y lentejuelas. Burlar el límite entre el mal y el buen gusto es una constante en el estilo Pri, quien simbolizó el lujo imperial con bijouterie cero tendencia y cinturones muy anchos y adornados con hebillas doradas. “Pero mi idea de las etnias es nada de Palermo ni de hippies, hubo algo de nenas jugando a vestirse con los accesorios de las madres. Para los peinados pensé en tocados de obispo pero ahora que lo veo, quedó algo de viejas griegas”, dispara con su mordacidad habitual.
La apuesta de Manuel Brandaza y Diego de Adúriz incluyó luz negra como bastidor para sus construcciones con circuitos, pespuntes en flúo, recortes en láser y tachas que son el trademark de la marca. Abundaron los cuellos altos, siluetas entalladas y citas al cómic y la discoteca como zona de esparcimiento. En los vestidos de organza reemplazaron a los teletubbies por muñecos con cuernos de factura propia y texturas impostadas con cintas bebé.
Desde el showroom Marcelo Ortega, diseñador de Unmo, se refirió a los conceptos de su colección “Esclavos del beat”, que modifica siluetas ravers de sus comienzos en la Bond Street por imágenes oscuras también
asociadas con la cultura de las discotecas. Incluyó pantalones jogging -una prenda destinada a hot ítem– pantalones, parkas con apariencia de bolsas de dormir, remeras cuyas mangas citan la modalidad de superponer mangas largas y cortas, remeras con tipografías góticas, sastería entallada para mujeres, y anunció que el próximo lunes la va a presentar con una puesta de altares darkies y sonidos para esclavos del drum and bass en La Catedral.
En la primera fila se pudo ver a algunos nombres propios más fuertes del diseño local: Pablo Ramírez, ausente desde hace dos temporadas en esas pasarelas fue muy interrogado sobre el vestido negro de línea sirena con que vistió a Susana Giménez en su regreso a la televisión, Martin Churba (separado de la firma Trosman Churba desde fines de diciembre) comentaba los resultados de su convocatoria a nuevos diseñadores para el showroom /entro de nuevos experimentos textiles para indumentaria y el hogar situado en la calle Posadas. Jessica Trosman anunció su participación en la edición de septiembre del Lycra Fashion Week mediante un corto con juegos de desnudos y sus siluetas, que resultó algo confuso cuando se proyectó minutos antes del desfile conceptual de los HE.
Consultadas sobre el nuevo perfil del Fashion Week, Andrea Flores y Kita Tarelli, directoras de producto y relaciones públicas de Pampa, deslizan: “El concepto es el mismo, es cierto que esta vez hubo mayor presencia en los showrooms. Hace apenas dos años que empezamos en condiciones pésimas y ahora los diseñadores tienen cada vez más bocas de expendio. Esta vez no vinieron compradores ingleses ni americanos, pero sí más compradores de Latinoamérica. Y también apostamos a hacer vínculos con compradores del interior”.
Entre las novedades de la industria, Alpargatas anunció el regreso del concurso Tela y Talento –certamen del que emergieron muchos de los diseñadores ahora consagrados– y convocan a inscribirse entre el 21 y el 25 de abril a través de la dirección www.telaytalento.com.ar para participar en pasarelas del Fashion Week de septiembre. Con una puesta de hilados que simbolizan su producción, TN& Platex exhibió los diseños ganadores y los seleccionados del certamen Fibra 2003. Regido por el leit motiv “Escenarios Argentinos” convocó en las categorías textil e indumentaria y el premio consiste en pasantías pagas durante el 2003 en las firmas Varanasi, Churba, Kosiuko y Mariana Dappiano. Entre las propuestas, se destacó el traje “A la espera”, atuendo protector con collage de frazadas y periódicos –con falda simulando una silla y vianda- concebido para colas frente a los bancos y los consulados que cambiaron el paisaje urbano 2002, también remeras con estampas de óxido simbolizando fábricas tomadas. En el rubro textil, se tramaron estampas citando boletos de colectivo, una línea de prints bautizados Mi Buenos Aires herido, con citas al caos social y los cartoneros en sus tramas y también estampas simbolizando la fugacidad de las estrellas mediáticas.

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