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Viernes, 25 de febrero de 2011

TEATRO

La suma de detalles

Código de familia narra la historia de un joven abogado que recibe un caso imposible (obligar a una mujer a que conviva con su ex) en un contexto adverso (la guerra de las Malvinas). La directora de la puesta, Eva Halac, describe el proceso de trabajo de una pieza que abre los pliegues de las pequeñas corrupciones de cada día.

 Por Flor Monfort

Una historia no contada, eso fue lo que pensó Eva Halac cuando recibió el texto de Ponciano Funes, el seudónimo en el que se esconde un ex juez y abogado de este país, quien decidió volcar en formato teatral aquella trama de la que fue protagonista, en 1982.

La obra cuenta la desesperada consulta de un hombre (Arturo Bonín) a un abogado recién recibido (Tomás Fonzi), para recuperar a su mujer (Alejandra Darín), quien lo abandonó. Concretamente, el cliente quiere que el letrado encuentre un refugio legal para forzar a su ex a volver a convivir con él. Más allá de su voluntad y deseo. La voz en off de Galtieri y el dólar que se dispara cada día condensan el clima del final de la dictadura, y el nudo dramático es el vínculo entre estos seres, que no son las voces que acostumbramos a escuchar para contar esos años.

“Es una obra escrita por un abogado que habla mal de los abogados, eso de entrada me fascinó. Es una mirada muy tangencial del tema de la Justicia, es lateral en un punto. Me interesó empezar a encontrarle imágenes a un texto que de alguna manera había sido elaborado a partir de imágenes. Son los detalles de cómo fue y de cómo es la memoria en la sociedad. Aquello de las pequeñas aceptaciones, las pequeñas corrupciones, eso me interesó muchísimo, no las grandes, a la vista y siempre tan fáciles de juzgar, sino las que nos involucran a todos. Las pequeñas sumisiones y el dejar pasar.”

–El caso es un absurdo y podría haberse montado como una comedia, sin embargo tiene un paso denso y dramático.

–Lo absurdo de la práctica de la ley es claro desde el principio y, sin embargo, todo el engranaje judicial y social juegan para que se desencadenen los hechos naturalmente y ocasionen este universo absurdo. Por otra parte, empiezan a aparecer estos detalles de cómo funcionamos. No hay ni buenos ni malos, hay una serie de circunstancias que envuelven a los seres humanos en algunos momentos y que los convierten en enemigos de otros. Es un juego de conflicto propio de las leyes, y es una autocrítica del autor no solamente de lo que le ocurrió, sino del grado de desprestigio que tienen los abogados.

–¿Cómo juega el telón de fondo de la guerra?

–El contexto del caso no es menor, hace al caos de toda la situación. No solamente es el final de la dictadura, que hace que estén todos estos personajes que transitan por el poder, desesperados, sino que también estamos en guerra. Y la gente tiene miedo, y hay jóvenes muriendo. Una situación completamente desbordada, donde el contexto contamina la situación por la que transita la obra, que no tiene nada que ver, no habla de eso. Pero es imposible evadirlo. Esto también es interesante: ver qué pasaba con estas personas, con la gente que no era ni revolucionaria ni poderosa, personas comunes que les tocó vivir en ese momento, un ama de casa o un empleado del Estado. No son los grandes protagonistas de las historias sino de su propia vida, y el contexto los supera. Y tienen que elegir, y no importa si sos un rey o un empleado, la elección habla de vos y siempre es dramática.

–¿Piensa que esta historia solo se pudo contar con el permiso del tiempo transcurrido?

–Sí, tiene que haber una distancia para poder ver con cierta ternura y con cierto humor. Es la única manera de contar, me parece. Es tan absurdo el camino del abogado al aceptar ese primer cliente. Hay algo muy teatral en el ejercicio de la ley y tiene que ver con la necesidad de crear personajes y argumentaciones a favor o en contra, la necesidad del argumento para justificar o interpretar los hechos hace que todo parezca teatral y si hilamos más fino todo pertenece a un juego de ficción que está sostenido por un sistema que vive de eso. Creo que parte del caos es insistir en esa ficción, que es nuestro sistema, y la desesperación por sostener se cuela por todos lados y se delata. Hay una percepción de algo que no es real pero seguimos adelante.

–¿Cómo queda parada la mujer en este contexto?

–No es el tema de la obra sino el hecho que inicia un mecanismo que hace girar la rueda. La mujer en esta obra es a su vez la fantasía de ese marido y de ese abogado. Creo que esta construida con esos fragmentos y tiene esa vulnerabilidad que la hace interesante. Son personajes con muchas contradicciones y son los que me gustan trabajar, son muy humanos, son los que no han llegado a ocupar lugares importantes en el sistema, no son los grandes protagonistas, son los que con esa fragilidad se han quedado en esos espacios.

Código de familia
Funciones: viernes y sábados a las 22. Domingos a las 21.30.
Teatro del Globo
Marcelo T. de Alvear 1155. Reservas: 48161644

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