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Viernes, 10 de junio de 2011

RESCATES

LA ELOCUENTE ELOISA

Eloísa (1101-1164)

 Por Aurora Venturini

Esta inocente mujer, sobrina del canónigo Fulberto, contrariando la costumbre de su época medieval por lecturas y conocimientos históricos, era considerada sabia. Pero el tío no estaba conforme y le destinó como maestro-preceptor a Abelardo.

Fulberto era canónigo de la catedral de París y la ilustrada joven, a esta altura de las circunstancias, cumplía 17 años. Abelardo concurrió al convento y cuando vio a la niña, en lugar de tomarla como discípula, decidió seducirla. Con esas intenciones, se integra al seno del hogar, teniendo 22 años más que la alumna y quedando con ella a solas porque Fulberto confiaba, comenzó a toquetearla. La chica lo evitó cuanto pudo. En una carta de la Historia Calamitatum de Abelardo, éste dice: “Confié que me sería tanto más fácil que esta niña consintiera cuanto que tenía y amaba la ciencia de las letras”.

Eloísa se enamoró locamente de Abelardo. Comienza el género epistolar con varias cartas, una de las cuales pone en evidencia la circunstancia: “Los libros permanecían abiertos, pero el amor más que la lectura era el tema de nuestros diálogos, intercambiábamos más besos que ideas sabias. Mis manos se dirigían con más frecuencia a sus senos que a sus libros”. Este sistema “educativo” duró dos años y la amante quedó embarazada. Abelardo se asustó y disfrazó a Eloísa de monja, la mandó a casa de su hermana, hasta los 9 meses. Nació un bebé: lo llamaron Pedro Astrolabio.

El astrolabio es un instrumento que representa la esfera celeste y se utilizaba para determinar la posición y el movimiento de los astros.

El tío se enteró y exigió que se casaran. Abelardo, mujeriego y de vida disipada, pensó que su graciosa figura perdería brillo y disminuiría su conquista. En el fondo, significaba que el seductor deseaba hacer a un lado a Eloísa y a Astrolabio. Ella, entristecida y desengañada, escribió lo siguiente: “No podrías ocuparte con igual cuidado de una esposa y de la filosofía. ¿Cómo conciliar los cursos escolares y los sirvientes, las bibliotecas y las cunas, los libros y las ruecas, las plumas y los huesos? Quien sabe absorberse en meditaciones teológicas o filosóficas, ¿puede soportar los gritos de los bebés, las canciones de cuna de las nodrizas, el ajetreo de una domesticidad masculina y femenina? El nombre de esposa parece ser más santo, más vinculante, pero para mí, la palabra más dulce es la de amiga, y si no te molesta, la de concubina y meretriz. Tan convencida estoy de que cuanto más me humillo por ti, más grata seré a tus ojos y causaré menos daño al brillo de tu gloria”.

Fulberto dijo a Abelardo que si no se casaba, lo mataría. Eloísa, sabiéndolo, accedió a un casamiento secreto.

Dijimos que el género epistolar se enriquece con las misivas de esta pareja. A los requerimientos de Eloísa, el abusador le escribe “recuerda que poco después de nuestro matrimonio, cuando vivías retirada en el convento de monjas, en Argenteuil, yo, un cierto día, fui a visitarte en secreto y allí, contigo, mi lujuria sin moderación se satisfizo en un rincón del refectorio, a falta de otro lugar propicio”.

Un matrimonio secreto no convencía a Fulberto. Resolvió contratar a un grupo de malvivientes que invadieron el dormitorio de Abelardo y le amputaron las partes pudendas. Desesperado, éste pensó que la voz se le aflautaría, porque estaba castrati. Ella, sabiéndolo todo, se encerró para siempre. Corrieron las aguas debajo de los puentes y llegó a ser abadesa. En cuanto a Astrolabio, desapareció. El profesor amante y seductor se dedicó a escribir importantes tratados de Lógica. A pesar del enclaustramiento, ella estaba enamoradísima. Siguió escribiéndole y él le pedía que lo dejara de embromar, porque ya era una monja.

Una carta de Eloísa al amante: “Ahora bien, en toda condición de mi vida, Dios lo sabe, es a ti más que a Dios a quien he temido ofender, a ti más que a El, a quien he deseado agradar. Cuando me entregué a tus caprichos, satisfice mi placer contra mi voluntad, siendo la tuya la que me sometía”. Eloísa opina que si Augusto emperador se quisiera casar con ella y le entregara la posesión de todas las tierras, sería para ella más honroso ser llamada su ramera que la emperatriz.

Generalmente, se toma esta relación como un romance lírico. En realidad, el hombre prefería escribir sus tratados de Lógica y discutir con Guillermo De Orange “Las Universales”, ser famoso y el teólogo más reconocido del siglo XII, profesor de la Catedral de Notre Dame, París, y otras yerbas.

Ella vivió 12 años más que él y hoy sus cuerpos descansan en el cementerio Père La Chaise de París, juntos y ejemplares, como los quiere la gente.

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