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Viernes, 22 de julio de 2011

TEATRO

La fiesta inolvidable

Una ópera de Rossini sobre personajes tan leves como pompas de jabón que rescata un personaje de Madame de Staël, vibrante escritora a la que Napoleón llamaba “peligrosa mensajera de libertad”.

 Por Moira Soto

A Madame de Staël (1766-1817, Anne-Louise Germaine Necker, baronesa de Staëlholstein por casamiento) le habría encantado estar en una ópera de Gioacchino Rossini a través de una poeta iluminada, su alter ego en la novela Corinne, ou L’Italie (de 1807), que inspiró parcialmente al libretista de Il Viaggio a Reims, reciente estreno sudamericano en el Argentino de La Plata, debido a que partes del manuscrito estuvieron perdidas siglo y medio.

Pero la vibrante autora de ensayos literarios y políticos, la viajera curiosa y visionaria, la amante atrevida e inconstante ya había muerto cuando se presentó en París este dramma giocoso con forma de cantata, que Rossini compuso a raíz de la coronación de Carlos X en la catedral de Reims, en 1825. Una pieza de circunstancias que este inspirado gourmet convierte en comedia de situaciones, donde se ríe amablemente de usos y costumbres de países europeos. Adelantándose siglo y pico a la serie Seinfeld, Rossini hace “una ópera sobre casi nada” (según las palabras del musicógrafo JeanMichel Brèque, citadas en el bien diseñado programa de mano del Argentino), una comedia ingrávida y gentil como pompa de jabón (de hecho, los personajes de los criados soplan en un momento pompas que sobrevuelan la platea del teatro), que parodia, incluidos los respectivos himnos nacionales, a la aristocracia variopinta atrapada sin salida a Reims, en ese muelle de un hotel.

Esta situación tiene alguna semejanza con la de los ricachones que no pueden abandonar el salón en El ángel exterminador (1962) de Buñuel, con la diferencia de que en Viaggio los representantes de países europeos se van adaptando a la situación, sacan lo mejor de ellos mismos y hacia el final eligen celebrar alegremente desde el hotel. La leve línea argumental ha dado pie a una ingeniosa puesta del español Emilio Sagi (estrenada en Pesaro, 2001) y brillantemente repuesta localmente en estos días, trayéndola a época contemporánea, con una profusión de gags irresistibles, que incluyen canto a través de teléfonos celulares...

Una fiesta inolvidable, tres horas de pura felicidad musical, vocal, visual que el público supo agradecer con arrebato en la función del domingo pasado. Si el espacio lo permitiera, la lista de nombres a alabar sería muy larga, porque se trata de un espectáculo de una milagrosa armonía colectiva. Pero es imposible no nombrar a la sublime Paula Almerares en su interpretación del personaje de Corinna, la poeta tomada de la antes citada novela de Madame de Stäel, que invoca en su canto admirable las ideas que se agolpan, el fuego en el corazón que anuncia un fraterno reino de amor y de paz, a la sombra sagrada del olivo...

Esos precisamente eran los conceptos que animaban a Madame cuando escribió Corinne, ou L’Italie, publicado con mucho éxito. Lectora apasionada de Rousseau desde muy joven (escribió un ensayo sobre este autor), amiga de destacados políticos y escritores, introductora del romanticismo alemán en Francia, Germaine de Stäel reflejó en Corinne, entre la novela y el relato de viajes, su propia experiencia en Italia. Tanto que hay una célebre pintura de su amiga Elisabeth Vigée- Lebrun que le da a Corinne los rasgos de Madame, y que es utilizada habitualmente en las portadas del libro. La protagonista es una joven poeta romana que tiene amores con un lord inglés y que —como en la ópera— hace improvisaciones cantadas. Corinne reclama el derecho a vivir en forma independiente, a ser escritora, abriendo un llamativo debate sobre la condición femenina en Europa a comienzos del siglo XIX. La novela tiene un espíritu francamente cosmopolita y trasluce un gran amor por Italia.

Si bien en más de una oportunidad los viajes de Germaine de Stäel tuvieron que ver con el exilio obligado a causa de sus enfrentamientos con el poder imperial de Napoleón (que la llamaba “peligrosa mensajera de la libertad”), ella siempre aprovechó sus estadías en otros países para conocerlos a fondo, armar salones literarios, escribir textos como De L’Allemagne (un lugar donde trató mucho a Goethe y a Schiller). Aunque el final de Il viaggio a Reims no condice con el de Corinne ou l’Italie, sin duda a Germaine de Stäel le habría divertido ese cierre con amos y sirvientes celebrando –antes que la monarquía– la oportunidad de disfrutar de los placeres de la vida, sin olvidarse de los pobres... Madame de Stäel, muy moderna ella, reivindicaba el derecho a la felicidad y no respetaba las convenciones: después de un marido embajador al que dejó pronto, tuvo intensos romances en serie con personajes de las letras o la política, y a los 40 bien cumplidos de enamoró de un oficial del ejército de 25, se casó con él y tuvo un hijo. De ella se ha dicho que vivió varias vidas, cada una de ellas más intensa que la de cualquier mujer de su época ¡incluida George Sand! ¤

Il viaggio a Reims, en el Teatro Argentino de La Plata, sábados 23 y 30 a las 20.30, domingos 24 y 31 a las 17, entradas desde $15, con descuentos a jubilados, 5533-5533. Servicio de ómnibus desde Capital en Callao 237.

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