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Viernes, 25 de noviembre de 2011

PERFILES

La intrusa

Mercedes Marcó del Pont

 Por Fernando Krakowiak

Es la primera mujer que ocupa la presidencia del Banco Central, pero su nombramiento supuso un punto de quiebre aún más significativo que el referido a la cuestión de género. Hasta entonces, la entidad monetaria era una torre de marfil a la que sólo accedían funcionarios legitimados en un supuesto saber técnico desideologizado. Ese discurso que reivindicaba la autonomía del organismo respecto del poder político era sólo una fachada funcional a los intereses del establishment financiero, pero a partir de la década del ‘90 se naturalizó. Por eso Martín Redrado creyó tener la autoridad suficiente para resistir la decisión oficial de pagar deuda pública con reservas en diciembre de 2009 e incluso llegó a atrincherarse cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó su desplazamiento. Luego de aquel incidente, Mercedes Marcó del Pont asumió la titularidad del Banco Central y complementó el objetivo primario de preservar el valor de la moneda con políticas orientadas a sostener el nivel de actividad y de empleo de modo coordinado con el Poder Ejecutivo. Desde entonces, es vista como una intrusa por los máximos referentes de la city, quienes periódicamente operan para debilitarla. La reciente corrida bancaria también es una muestra del rechazo que genera.

Marcó del Pont nació el 28 de agosto de 1959 en la ciudad de Buenos Aires. Su madre, Nélida Blanco, era cuñada del economista desarrollista Rogelio Frigerio, de quien Mercedes “heredó” la pasión por la política. “Fue como un segundo padre para mí”, afirmó en noviembre de 2006, en un homenaje después de su muerte. Se recibió de economista en la Universidad de Buenos Aires en 1982 y luego cursó una maestría en Desarrollo Económico en la Universidad de Yale, en la ciudad estadounidense de New Haven. A los 32 años se casó con Jorge Cafferata, un médico psiquiatra con el que tuvo tres hijos: María, Juan y Josefina.

Sus primeras armas como profesional las hizo a comienzos de los ‘80 en la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), que había sido creada por Frigerio y que entonces era dirigida por Héctor Valle. En 1989 Valle asumió como subsecretario de Programación Económica y designó a Marcó del Pont como asesora de temas productivos de la Secretaría de Planificación de la Presidencia de la Nación. Dos años después, tras la llegada de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía, Valle abandonó el gobierno y Marcó del Pont se fue con él. Durante el resto de la década del ‘90, trabajó como economista en el sector privado y siempre mantuvo una posición crítica con respecto al régimen de Convertibilidad y la desregulación económica.

En 2001 fue una de las impulsoras del Plan Fénix, un espacio que reunió a destacados economistas heterodoxos de la Universidad de Buenos Aires, y al año siguiente volvió a la función pública de la mano de Héctor Valle, quien asumió como jefe de Gabinete del Ministerio de la Producción que comandaba José Ignacio de Mendiguren. Las turbulencias de aquellos días hicieron que Valle durara apenas un mes en el cargo y Marcó del Pont sobrevivió como asesora sólo dos meses más. Luego se sumó al kirchnerismo y en las elecciones legislativas de 2005 fue electa diputada por la Capital Federal. Cuando Cristina Fernández de Kirchner asumió como Presidenta, la puso al frente del Banco Nación y en febrero de 2010 la eligió como reemplazo de Redrado en el Banco Central.

Marcó del Pont nunca se involucró activamente en las cuestiones de género y tampoco hizo de su condición de mujer una bandera. Sus mayores transgresiones al orden establecido fueron en materia de política económica y con eso le alcanzó para poner nerviosos a los sectores más conservadores de la sociedad. En un editorial publicado el pasado 6 de abril, titulado “Absurdas teorías de Marcó del Pont”, el diario La Nación volvió a cuestionar el uso de las reservas internacionales para el pago de la deuda pública y los niveles de emisión monetaria que, desde su perspectiva, serían responsables de los aumentos de precios. Por ambas acciones responsabilizó a Marcó del Pont, quien, según remarcó, “sustenta sus acciones en teorías económicas estrafalarias y carentes de lógica”. El 10 de noviembre, La Nación la emprendió nuevamente contra la titular del Central en otro editorial donde criticó los crecientes controles en el mercado cambiario. Allí el diario volvió a remarcar que la función del Banco Central se debe reducir a defender el valor de la moneda y cuestionó la falta de autonomía del organismo al afirmar que el accionar de Marcó del Pont se condice con “los efluvios populistas que suelen caracterizar el discurso oficial”. Sin duda, el sueño del establishment financiero sigue siendo desplazar a Marcó del Pont para recuperar el Banco Central.

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