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Viernes, 24 de febrero de 2012

ENTREVISTA

Mi cuerpo es mio

Elena Reynaga, histórica dirigente de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina, hace suyo ese principio feminista –por la libre determinación sobre el propio cuerpo– para reivindicar su derecho al trabajo sexual. No acepta otra definición y por eso pide que se regule la actividad. Frente al juicio por la desaparición de Marita Verón, es crítica en relación con el cierre de prostíbulos y con el tratamiento mediático que homologa a las víctimas de trata con quienes se consideran trabajadoras. Sin embargo, admite que es muy difícil entrar en los lugares cerrados, que a veces se puede hablar con las chicas que están dentro pero nunca a solas. Y que exponer a las que denuncian es una locura: “Después van a vivir temiendo que les peguen un tiro”.

 Por Sonia Tessa

Elena Reynaga está preocupada por lo que considera una persecución a las mujeres que ejercen lo que ellas –desde la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar)– definen como trabajo sexual. Pide a gritos que la escuchen para determinar las políticas públicas sobre trata y proxenetismo y en especial para regular la actividad autónoma, que ellas encarnan. “Parece ser que algunas palabras valen más que otras. Hay una cuestión de a quién se le cree más, y a quién no se le cree, la palabra de Susana Trimarco es muy creíble, y la admiramos, pero nosotras hacemos un trabajo también arduo y no estamos siendo lo suficientemente escuchadas”, afirma Reynaga, ahora asesora de Ammar y secretaria general hasta el 15 de diciembre pasado. Defensora de la regulación, reclama una y otra vez un lugar de respeto, como el que merece cualquier trabajadora. Pero también subraya que “la sexualidad y la moral” tallan en esa mirada de sospecha que siempre sienten sobre ellas. Como si el lugar de la víctima eximiera de toda culpa, pero reivindicarse como mujeres autónomas que exigen derechos laborales las pusiera en ese lugar de las “malas” que siempre han ocupado las putas en el imaginario social.

¿Cómo evalúan el juicio por la desaparición de Marita Verón?

–Bueno, en realidad hay una confusión muy grande. Se tiende a confundir, a que todo es lo mismo, porque obviamente es un tema muy mediático, y nosotras admiramos profundamente lo que ella (Susana Trimarco) ha hecho, y preguntamos por qué no lo hizo el Estado, por qué la sociedad civil termina haciendo cosas, exponiendo la vida, poniendo recursos, como pasó con Sandra Cabrera (dirigente de Ammar Rosario que fue asesinada el 27 de enero de 2004). A veces vemos que los estados, los gobiernos, tanto nacional como provincial y municipal siguen sordos. Y después la confusión de creer que todo pasa por cerrar prostíbulos, que así se erradica la trata. Nosotras estamos totalmente seguras de que no es esa la solución, una cosa es el tráfico, la trata y otra el trabajo sexual, no todas están siendo tratadas.

Pero los prostíbulos son ilegales. ¿Por qué ustedes piden la legalización de la actividad?

–No la legalización, sino una regulación. No se puede legalizar algo que no es ilegal, el ejercicio del trabajo sexual por mujeres mayores de edad y autónomas no es delito, sí el proxenetismo. Si hay una organización que tiene la trayectoria y el trabajo que tenemos nosotras, desde hace 18 años... Es tiempo de que también a nosotras se nos escuche, se nos respete y se nos crea.

¿Ustedes reciben denuncias sobre situaciones de extorsión o privación de la libertad?

–Hay chicas que han venido a denunciar, y a algunas hemos sacado... Por eso nosotras necesitamos que nos escuchen. Tenemos que cuidarnos, no podemos contar muchas cosas. Tiene que haber lugares donde nosotras estemos protegidas. En el caso de la denuncia de La Alameda (sobre la historia de Carina Ramos, que denunció haber estado bajo una red de trata comandada por un comisario de la Policía Federal), están exponiendo a esta chica por televisión, hay que estar locos para hacer lo que hacen. Yo sé lo que cuesta eso. No va a poder salir a la calle sin miedo a que le peguen un tiro. Como mujer estoy horrorizada, que la pongan en televisión durante 24 horas y que encima haya quien la ponga en el banquillo de los acusados, cuestionándola.

¿Las mujeres que están por su propia voluntad en el prostíbulo podrían colaborar para detectar situaciones de trata?

–Lo han hecho, acá hay algunas cosas que nosotras sabemos por otras compañeras, pero no las puedo decir, porque tenemos que cuidarnos, porque tenemos que hacer que las chicas sigan confiando en nosotras.

¿El abolicionismo conspira contra lo que propone Ammar?

–Sí, y creo que es una falta de respeto. La regularización no sólo va a mejorar el trabajo y las condiciones de vida, sino también a disminuir el tema de trata, toda la trata existe porque no hay una ley que a nosotras nos garantice derechos. Hay mucha gente, muchos maulas, mucho proxenetismo que aprovechan para amedrentar, obligar, esclavizar, superexplotar. En los prostíbulos, del trabajo de las chicas, el 60 por ciento se lo lleva el dueño. Nosotras decimos que si se regulariza el trabajo sexual de una vez por todas, las compañeras van a crear su propia cooperativa. Eso es algo que hoy está pasando. Tenemos compañeras en la ciudad de Buenos Aires que alquilan el departamento, entre cuatro, ahí no hay ningún delito. Tenemos un problema, como no estamos regularizadas, la policía cae, y les piden dinero a las compañeras. Hay un cúmulo de cosas que nos exponen a estar muy vulnerables. Hoy no sólo Ammar dice –como lo decimos desde hace 17 años– que la policía, algunos políticos y algunos jueces están detrás de eso. Hay un montón de organizaciones que también lo dicen, sería bueno que nos llamen a nosotras para las mesas de discusión. Si no son otras las que dicen: esto no es trabajo. La mayoría tienen títulos de abogadas, de sociólogas y nosotras somos obreras. Además, no tenemos que pedirle permiso absolutamente a nadie para hacer lo que queramos con nuestro cuerpo, porque es lo único que tenemos. Yo creo que acá hay un problema de sexualidad y de falsa moral. El trabajo sexual atraviesa el aspecto moral y con eso no se jode.

Lo que se plantea es que la explotación sexual de las mujeres está enraizada en la relación jerárquica entre los géneros...

–Me parece que esos discursos abolicionistas no ayudan. No me quiero pelear con esas mujeres, pero de una vez por todas quiero que escuchen. Nosotras respetamos que no estén de acuerdo, pero hay una organización grande que dice que esto es trabajo. Hay que respetar nuestra organización. Si uno no respeta e impone a otras mujeres su punto de vista, a veces se reproduce el patriarcado. Y son las mismas mujeres que dicen que tenemos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos –nosotras formamos parte de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito– las que nos niegan el derecho a decidir.

¿Eso las lleva a aceptar la existencia de los prostíbulos?

–Nosotras no estamos a favor de los prostíbulos, estamos a favor de que se regularice y que de una vez por todas se termine con la trata. ¿Creen que disminuyó la violencia, el tráfico, el proxenetismo porque se están cerrando esos lugares? No, no pasa eso. No sabemos dónde van esas chicas. Eso es lo que yo me pregunto, dónde van. Nosotras estamos muy preocupadas. Estamos como acorraladas y sentimos que hay una cacería de brujas, de mujeres contra mujeres. Es lamentable porque hablan mucho de la no violencia, pero invisibilizarnos a nosotras e ignorar nuestras reivindicaciones también es violencia.

¿Ustedes entran en los prostíbulos, tienen contacto con las mujeres que están allí?

–Hay algunos lugares a los que sí accedemos, porque por ahí el encargado o la encargada creen que cuando hablamos de regulación pedimos que los regularicen a ellos también, y no es así. Lo que es muy difícil es estar a solas y charlar. Hay mujeres de lugares cerrados que vienen a nuestra organización y nosotras les recomendamos que alquilen entre varias compañeras, que hagan una cooperativa. Pero no es fácil alquilar para cualquier persona que no tenga recibo de sueldo, ni siquiera alquilar un lugar para vivir. Hay muchas chicas que viven en hoteles, porque no pueden acceder a un departamento. No te olvides que por una habitación de 4 por 4 pagan 2 o 3 mil pesos, sin baño y con cocina compartida. Por eso nosotras queremos regulación, porque no puede seguir pasando esto. Y está la situación en el privado, donde las chicas van y vienen a sus casas. Hay explotación, hay proxenetismo pero no trata; ahí sí entramos, nos dejan hacer talleres, pero siempre la encargada está vigilando de qué hablamos. Y hemos tenido algunos resultados, compañeras que vinieron a la organización para denunciar que alguien le ha pegado o no le ha querido pagar lo que le tenían que pagar. Nosotras les llevamos la tranquilidad de que no están solas. Esto lo hacemos en mucha soledad. No hay que pensar sólo en cerrar, sino ver qué otra alternativa, porque cerrás acá pero la chica se va a ir a otro lado.

Lo que pasa es que resulta indignante que haya hombres que paguen por tener sexo con mujeres esclavizadas. ¿Por qué no se denuncia esa situación, por qué se naturaliza?

–¿Sabés lo que pasa? Me parece que no denunciar tiene que ver mucho con lo ocurrido en la década del ’90, me parece que no es sólo el cliente que no denuncia que hay una chica que está siendo esclavizada, en muchos ámbitos la gente no es solidaria. No sólo es el cliente el que no se mete, hay mucha gente que no se mete en un montón de cuestiones que afectan a las mujeres o a los niños.

Pero es chocante que tengan sexo con una mujer que está siendo retenida contra su voluntad.

–Me parece que no se puede generalizar, porque hay muchas chicas que lograron salir gracias a los clientes.

¿Acuerda con la propuesta de la abogada Susana Chiarotti de trabajar con los sindicatos como Camioneros y la Unión Tranviarios Automotor, de los colectiveros y sensibilizarlos para que detecten y denuncien casos de trata?

–Me parece que sí hay que hacer un trabajo. Es un tema complejo, que requiere de varias patas, no sólo de un sindicato. Nosotras trabajamos con UCRA, que es el sindicato de Camioneros que está en la CTA. Me parece que el caso Marita Verón destapó un poco esta inmensa mugre, la gente se empezó a comprometer, pero falta más. Falta que se comprometan los que realmente se deben comprometer, los que tienen la responsabilidad política y los recursos. Está todo bárbaro con la ley de trata, pero con eso solo no alcanza.

También se cuestiona que la ley de trata hable de “consentimiento” en el caso de las mayores.

–Nosotras no apoyamos eso. Me parece que hay gente mayor de edad que también está siendo tratada.

¿Ustedes combaten el proxenetismo y la trata?

–Sí, claro. Para nosotras, proxenetas son los que están atrás del prostíbulo, desde la encargada y el tarjetero en adelante, algunos policías también. Los tratantes son personas de la Justicia, fiscales, comisarios, gente muy poderosa. Por eso actúan con total impunidad. Hoy salen a cerrar todos los prostíbulos porque el tema está en todos los medios.

¿Ammar representa a las mujeres que están en los prostíbulos?

–Por supuesto, las compañeras vienen y se afilian. Les encanta agremiarse y saber que no están solas. Tenemos compañeras que no sabían que la policía para entrar en un privado debía tener la orden de un juez o un fiscal. Eso permitió que no entraran más. Y cuando les sugerían un arreglo, me llamaban a mi celular. Hoy, muchas compañeras no están pagando a la policía, están trabajando, y no tienen ninguna figura detrás de ellas. También hay que diferenciar, hay muchos que nos niegan derecho a tener pareja, creen que siempre nuestros compañeros son proxenetas. ¿Hasta cuándo nos van a faltar el respeto?

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