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Viernes, 29 de junio de 2012

MUESTRAS

La paisajista rebelde

El paisaje como mapa del mundo, pista de la naturaleza que, en definitiva, sólo habla de estados del alma. La artista Maggie de K los recupera a grandes dimensiones.

 Por Cristina Civale

Se llama Margarita, pero pronto empezaron a llamarla Maggie, seguramente porque su madre era nativa de EE.UU. y su padre era un prusiano que durante la Segunda Guerra Mundial trabajaba para el enemigo. Es decir, para el bando de la madre. La misma bandera de estrellas y barras. A ella su pasado de espías la divierte.

De su padre “traidor a la causa patria” heredó el apellido difícil de recordar, ése que empieza con K, una K que ahora –más allá de su labor como artista– es una letra que la identifica. Sin traiciones.

Pero eso no tiene que ver con su arte. Sí, en cambio, tiene que ver su último seudónimo. Maga. Esa bruja a la que su madre –más prusiana que su padre– llegó a internar dos veces en un psiquiátrico. La hija le había salido pintora, artista, alucinaba cuadros, les ponía colores que en la realidad no eran reconocibles. Pastos anaranjados, flores carnívoras, ríos fucsias. Finalmente Margarita-Maggie-Maga, aunque toma lo más inocente de la locura, no deja de sentirse medio loca: una loca donde la locura no es sanción ni enfermedad sino creatividad. “Veo mis cuadros –dice–, voy caminando y se me vienen encima antes de pintarlos.” Pero, por fortuna, no la aplastan, la estimulan.

Ahora, la Koenigsberg, la artista de apellido difícil, camina un viernes helado y de garúa por la Sala 6 del Centro Cultural Recoleta. El lugar aún está vacío, falta poco menos de una hora para que se realice la inauguración oficial de su nueva muestra de pinturas, Esto no es un paisaje.

Camina sin nervios, enfundada en un equipo negro sin pretensiones y calzando un par de zapatillas claras, con mucha lentitud entre sus quince pinturas de gran tamaño. Lo de “esto no es un paisaje” quizá llevaría a la madre a intentar una nueva internación o, al menos, una discusión. En un primer golpe de mirada sólo vemos paisajes, como una refutación empecinada a quienes dicen que pintar paisajes en pleno siglo XXI es anacrónico. MK esboza una respuesta que no es una defensa sino una declaración de principios. Lo explica de ese modo: “Recuperar el paisaje tiene un sentido. En una realidad en la cual continúa la idea del artista que tiene que escandalizar con su obra y que forzosamente tiene que estar a la vanguardia, mi desafío es pensar el concepto de lo bello nuevamente. En este contexto pinté pensando en lo bello como algo verdadero, intentando generar una pintura donde uno pueda quedarse reposando, reflexionando. El paisaje interior de cada uno son los estados anímicos. Recupero el paisaje porque somos paisaje”.

Su panteísmo no es nada bucólico. Los colores fluyen descontrolados, se contaminan uno con otros y en ese punto de supuesto desvarío radica, posiblemente, su belleza.

En cada paisaje se repite una constante: cielo, vegetación, río/camino, un sendero que parte al medio cada obra, el trazado donde encontrar un escape o donde hundirse. No está claro si es baldío o agua, si es pantano o tierra firme. Sólo apreciar y empecinarse en las formas es entender las obras desde el error, habría que dejar que la mirada fluya por esos caminos inciertos y palpite con esos colores que intentan dar cuenta de lo bello.

Esto no es un paisaje fue curada por los galeristas de MK, Damián Masotta y César Torres de la galería que lleva sus apellidos. Ellos fueron quienes eligieron las quince piezas exhibidas entre las veintidós que MK pintó entre 2011 y 2012 para la ocasión. Damián Masotta es quien se atreve a dejar constancia en palabras del sentido de lo exhibido: “Hacer un paisaje en el siglo XXI es hacer un mapa del mundo, construir un sistema de pensamiento, armar un plan de vida, proponer una plataforma político/estética, plantarse en el medio de un poema y liderar un combate metafísico para imponer un decir, para modificar el presente y el futuro”.

Y allí están esos cuadros para probarlo o para desmentirlo.

Esto no es un paisaje. Centro Cultural Recoleta (Sala 6): Junín 1930.
Martes a viernes de 14 a 21, sábados, domingos y feriados de 12 a 21.

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