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Viernes, 29 de junio de 2012

ESCENAS

A mucha hembra

En Hembra, ocho mujeres intentan poner el cuerpo a las emociones y contradicciones del alma femenina, aunque terminan representando a todas y todos.

 Por Carolina Selicki Acevedo

Desde la denominación que se eligió darle a la obra, a simple vista se presenta un desafío, tanto para el espectador como para quienes la integran: ¿qué es ser una “hembra”? Este es el disparador de una puesta que invita a experimentar, a sentir con las bailarinas, cuatro supuestos estados emocionales por los que toda mujer transita según ellas: estado carnal, estado tierra, estado hueco y estado luz, pero como aclara Ana Azcurra: “Hay lenguajes que son universales y no necesitan ser intelectualizados, como sucede con la música o la danza, aunque en este caso se busque plasmar la parte más pura de una, casi animal”.

Desde el comienzo, las ocho bailarinas –entre las que se encuentra Ana– introducen por medio de técnicas del lyrical jazz, del contemporáneo junto a matices afroamericanos, a estos cuatro estados, totalmente arbitrarios. Durante más de 10 cuadros musicales, en los que se puede disfrutar de voces femeninas y variadas como Adele, Carla Bruni o Bebe, entre otras, y donde hasta la zamba se hace presente, la intensidad crece en ese engranaje de mujeres que parecen conformar una sola: impredecible, desafiante, fuerte y apasionada, casi tribal, aunque con sus claroscuros. Los cambios de vestuario –hasta la desnudez– y los distintos juegos de luces se conjugan para ambientar cada estado, sin caer en excesos. En el escenario, una pantalla en la que durante algunos cuadros se proyectan imágenes de paisajes casi etéreos, reminiscencias a los cuatro elementos.

Primero aparece el “estado carnal” –donde prima la conexión con la energía sexual, la sensualidad y los impulsos–, le sigue el “estado tierra” –etapa fértil asociada a la sensibilidad–, luego el “estado hueco” –la etapa más oscura y conflictiva, donde afloran los miedos, la asfixia y las voces internas– y finalmente el “estado luz” –la vuelta a la mujer-niña, donde se recobran la energía y el espíritu lúdico–.

La “clasificación” surgió de una necesidad de Ana, quien luego de una gran trayectoria dentro de la danza jazz, la formación clásica, la actuación y el clown, decidió realizar su primera obra de danza-teatro. “En estos últimos años sucedieron hechos muy movilizadores en mi vida: fui mamá, transité momentos de dolor y crisis, y necesitaba transformarlo desde la danza. Fui testeando los ‘estados’ con amigas y amigos, alumnas, y Jorgelina Balerdi me dio su voto de confianza para producirlo, con lo cual se transformó en algo doblemente especial porque es su primera producción y mi primer espectáculo.”

El trabajo coreográfico destaca algo más que una buena coordinación, una no es sin la otra y todo intento de significación estructural pierde sentido frente a una obra a la es necesario acceder desde los sentidos –aunque sea inevitable el roce con la memoria emotiva– y donde cada espectador terminará completando dicha significación. La vuelta a las entrañas, tras goce y dolor, no deja de remitir a la parte más ancestral del universo femenino, ese que nos hermana, en búsquedas y miedos, más allá de la raza, las creencias religiosas, el sexo, el aspecto físico o los supuestos mandatos sociales. “Siempre estuvo en mi cabeza armar una obra donde se mostrara la diversidad. Cada una con su propio estilo y figura. En la danza suele maltratarse mucho a la mujer, sobre todo en cuanto a las exigencias que debe cumplir en torno de la exposición y permanencia en una compañía. A mí no me ha pasado, pero he tenido compañeras y he conocido profesoras muy exigentes”, explica.

Hacia el final, el ambiente recobra la luminosidad y el espectador junto con las bailarinas, la calma. El público no es sólo femenino, y no es dato menor. “Nos rotulan, nos etiquetan, pero el sentir es universal”, agrega Ana. Si algo debería cuestionársele a la obra es que no se trate de cuatro estados por los que transitaría la mujer sino todo aquel que se permita conectar con la energía femenina que lleva dentro.

Hembra. Teatro El Cubo, Zelaya 3053. Funciones: miércoles a las 21.30. Hasta el 11 de julio. Más información en: www.hembrabaila.com.ar

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