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Viernes, 31 de agosto de 2012

MUESTRAS

Los hilos del sueño

Casi como quien practica una forma de meditación, Jazmín Berakha pasó dos años bordando superficies de placer que le disparó una vez un sueño.

 Por Santiago Rial Ungaro

Un día, o quizás haya que decir una noche, Jazmín Berakha tuvo un sueño: soñó que bordaba unas flores gigantes. “Lo único que recuerdo de ese sueño es eso: estaba bordando. Yo nunca había bordado, pero justo esa misma mañana recibí este mail que hablaba de unas clases de bordado que daba Guillermina Baiguere y me decidí a arrancar.” Jazmín (le dicen Jaz, nombre muy adecuado para su novio, el pianista y compositor Ulises Conti) cuenta que empezó a hacerlo sin darle demasiada trascendencia: “Para mí era como cualquier otra actividad extracurricular, como hacer yoga, natación”. Jaz se sonríe al recordarlo porque lo cierto es que desde el primer contacto que tuvo con el bordado se produjo “un enamoramiento instantáneo con el material”. Por supuesto que hay pocas actividades creativas menos instantáneas que el bordado: si La Noche del Cazador se distingue no es sólo por la belleza de estas superficies coloridas e insinuantes, sino también por el gran tamaño de algunos de estos bordados. Antes de convertirse en bordadora, Jaz estudió de todo, pero siempre dentro del mundo del arte y la artesanía: “La verdad que sí, estudié primero Bellas Artes, después Diseño de indumentaria, Historia del arte y, por último, Diseño gráfico, que fue la única carrera que terminé, aunque sí trabajé mucho como diseñadora, textil y gráfica. De hecho la verdad es que yo no sabía que no había encontrado el material. Hasta que empecé a bordar no me di cuenta de que lo que estaba buscando era esto: hacer obra bordada”. Todas esas experiencias se notan al entrar en esta muestra: en la primera habitación, la opción de ver algunas obras o meterse en un biombo permite tener un poco de intimidad, algo indispensable en esas reuniones tan exacerbadamente sociales que son los cocktails. Ese breve espacio de expectativa realza las obras más grandes que se imponen en la otra habitación. Cuando Jaz habla de la influencia del Art Nouveau que ella misma encuentra en esta aglomeración de estampados y superposiciones llenos de color, brillo y espacio, uno entiende que sabe lo que hace. Jazmín Berakha menciona a Günta Stölzl y a Sonia Delanauy y la verdad es que cada una merece un pequeño párrafo. Günta Stölzl era la única mujer maestra de la Bahuaus y su influencia en el surgimiento de diseño textil industrial es decisiva. Nacida en Ucrania en 1885, en Odessa, Sonia Delaunay fue otra mujer increíble: esposa del pintor francés Delaunay, sus diseños de decorados y vestuarios para los ballets rusos de Diaghilev y sus trabajos con tejidos y tapices estampados a mano la convirtieron en la “Reina del Art Déco”. Si Jaz logra sintonizar con estas artistas sólo hay que tener paciencia. La sintonía con ambas es la misma: está dada por bordar durante miles de horas, días, meses, años. “Y, sí, esto es algo que no se puede hacer más rápido. Para hacer estas obras estuve bordando durante dos años todos los días, entre 6 y 10 horas por día. Y eso que conté con ayuda. Pero justamente, ¿sabes que yo me doy cuenta de que lo que más me fascinó de bordar es justamente la entrega que requiere?”. La Noche del Cazador es también quizás el implacable hechizo por ese Ulises que, justamente, es un músico que viaja durante varios meses al año por Europa, EE.UU. o Asia, siempre por distintas ciudades del mundo, mientras Jaz se la pasa bordando y bordando. Pero otras veces este mismo Ulises viaja también con ella, que aprovecha esos momentos para... comprar hilos: “Desde que empecé a bordar que a todos lados adonde voy lo primero que hago es averiguar dónde queda ‘el Once’ de cada ciudad. Y el mejor Once que conocí hasta ahora es el del Distrito Federal de México”. Jaz tiene una buena estrella: hace un par de años viajó a Nueva York y, por si acaso, llevó un par de trabajos que supo a quién mostrar y eso le permitió hacer una exposición en Hefkim Contemporary en el año pasado. Pero Jaz piensa realmente que esa muestra fue un rejunte de cosas, y que La Noche... es algo que hizo más conscientemente. “De repente yo veo estas obras como si fueran pistas. Para mí son como territorios abstractos, ficcionales.” A puro bordado Jazmín Berakha ha creado unas sugestivas superficies de placer: imposible evitar mirar para un lado, mirar para el otro y, ya seguros de que nadie nos mira, acariciar estos enjambres de hilos multicolores y sentir las texturas de los diferentes hilos. “Creo que lo que atrae es ese volumen mínimo, esa cosa de que es algo material pero que sobresale muy poquito, algo que tiene relieve. Pero lo principal creo que es la entrega: no sé qué tipo de persona soy, pero si sé que bordar 6, 7, 8 horas al día me hace bien. Es un desafío, y aunque ahora estoy descansando un poco, sé que soy un poco ansiosa e impaciente. Y bordar me hace bien.” A quien mira, evidentemente, también.

En miaumiau, Bulnes 2705, hasta el 11 de septiembre. www.miaumiauestudio.com

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