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Viernes, 29 de agosto de 2003

PSICO

Las mujeres de Menassa

Pintor, escritor y psicoanalista de culto, tanto en Buenos Aires como en Madrid, Miguel Menassa anticipa una revolución femenina –no, no es la de los ‘50 ni la de los ‘60– que comenzará con la poesía y acabará hasta con el confort capitalista. Todo según él mismo.

Por Florencia Gemetro

La mirada femenina de un óleo domina el ambiente central en Barrio Norte. Un hombre mayor permanece sentado junto a la pintura. Algo de él hay en la mirada. Miguel Menassa, ese hombre es el autor del cuadro. Pero no sólo es pintor sino psicoanalista, poeta y escritor. Dice que nació dos veces: en Buenos Aires y en Madrid, donde vive desde su exilio en 1978. Se ha dedicado al estudio de las mujeres por más de 35 años. Su producción combina el psicoanálisis y el arte. Los resultados de esa realización se condensan, innovadores y caóticos, en La mujer y yo, un libro de poemas que se analizó en el último Congreso Internacional organizado por la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. El encuentro fue el fin de semana pasado en el Centro Cultural San Martín, donde casi 500 asistentes reflexionaron sobre la sexualidad, el goce de las mujeres y una particular visión acerca de la revolución femenina. La visión de Menassa.
En el libro hay mujeres masoquistas, dominatrices, miserables, ambiciosas, dóciles, glamorosas y violentas. Hay hombres sumisos, agresivos, femeninos, engreídos, machistas y repulsivos. Hay personajes poseídos por fantasías banales que conversan en diálogos imaginarios sin mediaciones. No hay amores imposibles o posibles porque no hay una idea del amor sino múltiples conceptos protagonizados por diversos personajes. Pero ninguno de ellos se resume en un estereotipo masculino o femenino específico. Menassa los defiende a todos con rigor durante la entrevista. Dice que son símbolos de una época, ésta, aunque no se identifique con ellos. Dice que ellos forman parte de “la producción poética que comandará una nueva revolución liderada por las mujeres”. ¿De qué se trataría?
–La mujer tiene que formular su propia tesis de cómo se debe vivir, cómo se debe trabajar y qué se debe hacer con el producto del trabajo, porque ella es la única que puede revolucionar el sentido. Tiene que dejar de ser un objeto de deseo y convertirse en un sujeto deseante. Las mujeres han participado en las revoluciones de los hombres, pero nunca han hecho la suya. Esos procesos no les pertenecían. Eran congruentes con un modo masculino y excluyente de pensar la realidad. Las revoluciones masculinas ya han fracasado. Fracasó el cristianismo, habría que revisar el marxismo porque fracasó en el intento de llevarlo a una política de Estado y fracasó la sociedad del confort del capitalismo. Ninguna pudo mejorar la vida de las mujeres y de los hombres. Y estamos en el mismo lugar que hace 500 años.
–¿Qué se lograría entonces?
–Un proyecto donde la mujer pueda ser protagonista de los movimientos que originan los cambios en la sociedad. No sé cómo será, pero pienso que estará comandada por la poesía. No fue fácil para mí escribir los poemas porque no estoy de acuerdo con nada de lo que escribí, pero el poeta es un alcahuete de su tiempo, del mundo en que vivimos, en definitiva, es un historiador. Toda revolución fue anticipada por un poeta y yo creo que la mujer está fabricando su poema.
–¿Cuál sería el vínculo entre la poesía y ese cambio?
–Hay una semejanza irremediable entre la poesía y la interpretación en el psicoanálisis. Ambos son instrumentos que develan los misterios de la realidad. Son liberadores. Para Lacan, el inconsciente se estructura como un lenguaje. Yo pienso que está estructurado en forma de poesía. Y si se puede cambiar el lenguaje, se puede cambiar la realidad. Si hay interpretación, el sujeto cambió y, en los sistemas actuales, eso significa vivir en otro mundo que no es éste.
–¿Las mujeres y los hombres de su libro formarían parte de esta realidad?
–Los estereotipos son formados y producidos por los modelos ideológicos del Estado. Pero en el libro hay tantos estereotipos como poemas y más porque en cada poema hay varios que, además, hablan entre sí. Si consideramos eso, entonces podríamos decir que hay una ruptura de esos estereotipos para cualquier relación. No hay una única manera de relación. Así como no existe la heterosexualidad o la homosexualidad en sí mismas sino la búsqueda del hombre y de la mujer. Las relaciones heterosexuales y las homosexuales que transcurren siempre de la misma manera son perversas como cualquier otra cosa que transcurra siempre de la misma forma. Sólo un perverso soporta que lo único que le produce deseo son las bragas o las bombachas rojas.
–¿Cuál sería la importancia de las palabras en las relaciones de pareja?
–Las parejas en la realidad no hablan. Y ése es el paso que da el libro: aun las relaciones que parecen estereotipadas ya no lo son tanto porque la mujer y el hombre pueden hablar. Esto produce un cambio porque las personas gozan más cuando se utilizan más palabras. El amor se revitaliza y las enfermedades se curan con palabras. Hay gente que retrasa su muerte nada más que para tener una conversación. ¿Por qué? Porque el goce verdaderamente humano es poder decir y hacer lo que las palabras construyen a mi alrededor. Si la mujer se dejara decir en su casa, en el trabajo, estaría construyendo la verdadera revolución femenina en tanto se dejaría decir tal cual es.

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