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Viernes, 20 de septiembre de 2013

CINE II

Mika capitana

La única revolucionaria que comandó una milicia durante
la Guerra Civil Española, en un documental narrado de manera prodigiosa por la voz de Cristina Banegas.

 Por Clarisa Ercolano

Era argentina, nacida en Entre Ríos. La única mujer que llegó a capitanear una milicia en plena Guerra Civil Española. Mika Feldman había asumido el mando de 150 hombres cuando su marido murió en una batalla. “No he venido al frente para morir por la revolución con un trapo de cocina en la mano”, escribió en una carta que en España rescató la Fundación Nin. Ahora, en su madre patria, la figura de Mika, que había sido dentista en la Patagonia y entabló amistad con Cortázar, fue rescatada por los directores Fito Pochat y Javier Olivera, que preestrenaron en el Gaumont el documental que la trae del olvido.

Mika, mi guerra de España (2012) retoma las figuras de Mika y de su compañero de vida, Hipólito Etchebehere. De formación trotskista, se conocieron militando por la reforma universitaria, circunstancia en la que se hicieron amigos de Alfonsina Storni. Tras un período de ahorrar dinero trabajando como dentistas, viajaron a Europa, primero a Alemania y luego a España.

La historia de Mika se va contando en el entrecruce de los recuerdos familiares con los lugares donde vivió. La voz de Cristina Banegas recorre sus memorias prodigiosamente. Sobresale un archivo fílmico que proyecta a una Mika ya envejecida, pero con gestos llenos de convicción, asegurando como si hiciese falta: “Siempre guardé un pensamiento libertario”.

Mika iba tras la revolución y de ella se hizo parte. Su narración cuenta de qué manera vivió como una “tentación” el hecho de quedarse a vivir para siempre en la Patagonia, a orillas del lago Futalaufquen, “pero el destino que nos habíamos impuesto era otro”.

Pochat se encontró con Mika el día en que una prima le acercó un texto, el libro de las memorias de Mika. Leerlo alcanzó para que, casi de inmediato, se disparara el rodaje.

El recorrido del viaje de Mika lo relata en cada lugar su sobrino Arnold, fascinado por la figura de esa tía, que lagrimea cuando la recuerda mirando el río Sena, esa inmensa línea de agua donde esparcieron sus cenizas clandestinamente. Las imágenes de archivo y la filmación actual permiten adentrarse con detalles en el recorrido maravilloso de esta revolucionaria.

Y el espanto está presente en el clima de la Alemania nazi, que alarmó a esa pareja de idealistas asentados en España, donde latía la revolución. Hipólito, compañero de Mika, anticipaba en una misiva el terror acechante sobre Alemania. “Caerán los mejores”, auguró antes partir a España. En ese período Mika limpiaba, escribía cartas a las familias y organizaba el botiquín, mientras veía a su compañero luchar junto a las milicias que conducía: “Hipo se vuelve mucho más luminoso”, supo escribir alguna vez.

Otras cartas, sin embargo, reflejan horrores ciertos. “Una bala lo quebró como se quiebra el árbol herido por un rayo; no lloro, pero tiemblo tan fuerte que no logro tomar su arma.” Es el relato sufriente de una testigo de la muerte, la de sus pares y la de los niños de aquéllos. Se mantiene firme, nada importa. “Estamos aquí para bloquear al franquismo”, y entonces se hace cargo de los 150 milicianos que conducía Hipólito. Después vendrá Madrid.

En abril de 1937 fue detenida en esa ciudad, interrogada como trotskista, enemiga de la República. Si bien fue puesta en libertad, ya no se le permitió volver al ejército. Permaneció en Madrid hasta días antes de la caída. En ese escenario escribió Mi guerra de España. Testimonio de una miliciana al mando de una columna del POUM.

En abril del ’39, Mika logra vivir en París, pero la inminente toma de la capital francesa y su condición de judía y militante izquierdista la apremian para un regreso urgente a Buenos Aires, donde permanecerá hasta el final de la II Guerra Mundial. Desde 1945 hasta su muerte, en 1992, vuelve a instalarse en París, donde murió y sus cenizas recibieron la ceremonia clandestina sobre el Sena. La vida de Mika, guionista involuntaria de este documental, vuelve a ser narrada desde aquellos ideales en los que empeñó su propia vida.

Mika, mi guerra de España seguirá exhibiéndose hasta marzo de 2014 en el cine Gaumont. Av. Rivadavia 1635. Más información: www.motonetacine.com.ar

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