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Viernes, 7 de febrero de 2014

RESISTENCIAS

Sin un pan bajo el brazo

En marzo de 2012 se sancionó la ley que otorga la licencia por maternidad a las trabajadoras particulares, pero aún no se reglamentó la norma, lo que genera algunos obstáculos para la implementación efectiva del pago de los tres meses correspondientes. Es el caso de la trabajadora Adriana Medina, a quien la Justicia dio la razón tras presentar un amparo, patrocinada por la Defensoría General de la Nación, aunque todavía no cobró su beneficio. Mientras tanto, la Anses informa que ya liquidó esa asignación a unas 1200 mujeres.

 Por Luciana Peker

Se va a llamar Eva si es mujer. Y puede ser la primera niña en sentar un precedente histórico en el derecho a gozar de la licencia por maternidad de las trabajadoras que se dedican a cuidar los hijos e hijas de otras trabajadoras. La Sala de Feria de la Cámara Federal de la Seguridad Social dictó un fallo, el 20 de enero pasado, en el que equipara su necesidad de ser cuidada en sus primeros meses de vida con la del resto de los bebés nacidos en la Argentina. En realidad, no se sabe si es Eva o Bautista, pero sí se sabe que hará justicia y que, en cualquier caso, su nombre podría hacer historia. Su mamá, Adriana Medina, tiene fecha de parto desde el 3 de febrero, y ya cuenta con el aval judicial para poder percibir el equivalente a su salario durante los tres meses dedicados exclusivamente al embarazo y al bebé, a Eva o Bautista.

Adriana trabaja cuidando chicos desde los veinte años. Y está en pareja desde hace doce. Ahora tiene 31 años y siente que, por fin, pudo buscar su propio hijo/a. Ella y Catalino –Cata–, que es pintor, viven junto a sus padres en Lomas de Zamora. Los dos esperaron a tener trabajo, una casa y algunas comodidades para concretar un embarazo muy deseado. “Yo sabía perfectamente cómo buscar el bebé, esperé que se cumpliera el mes y en junio lo supe. Le conté a mi empleadora cuando pasaron dos meses. Yo sabía que no tenía derechos y siempre charlaba lo injusto que era. Pero por mi empleadora me enteré de que hacía poquito que había salido la ley. Ahí empezamos a hacer los trámites. Pensamos que iba a ser rutinario y nos encontramos con que era más complicado”, relata.

Ella y su empleadora se volvieron aliadas en esta lucha. Igual que en muchísimas familias donde la persona que cuida a los/as hijos/as es respetada y querida no sólo como parte de un engranaje fundamental para que la casa funcione sino también como una presencia que tiene un saber, un cariño y una responsabilidad para los que es difícil precisar una retribución posible. Aun así, tiene derecho a cobrar en blanco y, además, a acceder –increíblemente recién ahora– a la licencia por maternidad.

En realidad, la ley de trabajadoras particulares se sancionó en el Congreso en marzo de 2012 y estableció la prohibición de trabajo durante los 45 días anteriores y posteriores a la fecha de parto, y reconoció su derecho a gozar de la licencia. El problema es que el Ministerio de Trabajo todavía no la reglamentó. Existen algunas zozobras. Por ejemplo, la ley dice que la AFIP debe determinar quién paga la licencia por maternidad. Pero la letra chica no está. Cuando Adriana quiso ir a cobrar su licencia por maternidad, le dijeron que no se podía por la falta de reglamentación de la normativa.

Por eso, el 14 de noviembre de 2013 inició un amparo con el patrocinio de la Defensoría General de la Nación. El 20 de enero último, la Sala de Feria de la Cámara Federal de la Seguridad Social dictó un fallo en el que dispuso que la Anses depositara la asignación por maternidad. El 31 de enero, el organismo informó que desde septiembre de 2013 había recibido 1200 solicitudes en sus delegaciones, y que tramita y paga con normalidad las asignaciones por maternidad de las trabajadores de casas particulares. La fecha de parto de Adriana fue el 3 de febrero, pero ella dejó de percibir su salario treinta días antes, ya que rige una prohibición de trabajar durante el último tramo del embarazo. Todavía no cobró la asignación por maternidad que le corresponde, con el aval de la ley y la sentencia judicial. “La prohibición de trabajo empezó y todavía no le depositaron en el banco el dinero que le corresponde. La Anses dijo que se liquidó la asignación, pero estaría incumpliendo”, consideró la abogada Raquel Asensio, integrante de la Comisión sobre temáticas de género de la Defensoría General de la Nación.

Más allá de que posiblemente la situación de Adriana se regularice en los próximos días, su caso muestra que todavía faltan ajustes para cumplir plenamente con el derecho de quienes pueden limpiar, cocinar, cambiar pañales, hacer mamaderas, dar yogur en cucharita, armar rompecabezas, juntar cubos, acunar o realizar mil tareas irreemplazables. ¿Quién debe pagar esos tres meses de licencia? ¿El/la empleador/a o el Estado? Asensio despeja la duda: “Ante la falta de regulación, el Estado tiene que garantizar el derecho”. Ante una consulta de Las/12, la Anses informó que este organismo es el que paga la asignación por maternidad, a través de un trámite en sus oficinas para el que se debe sacar turno.

Asimismo, a las trabajadoras de casas particulares que estén en blanco (como a todas las demás empleadas registradas) les corresponde una asignación prenatal (a la que Adriana accedió por una cifra de alrededor de 1400 pesos) y se cobra a partir del tercer mes de embarazo, en nueve cuotas que varían según el ingreso familiar y la zona, con un monto que va de 110 a 992 pesos por vez. Por otra parte, después del parto, se puede gestionar una asignación por nacimiento de 750 pesos.

En la Anses dicen que el sistema está funcionando en regla y en fecha. María de la Paz Herrera, abogada de la Comisión sobre temáticas de género de la Defensoría (que judicializó el caso de Adriana Medina), replica: “En octubre nos contestaron que tenían 71 solicitudes. No sé si desde esa fecha pudieron recibir 1200 casos y resolverlos mucho más rápido. Lo que creo, personalmente, es que si hubieran resuelto 1200 casos la situación de Adriana también estaría resuelta y le hubieran pagado la licencia por maternidad a tiempo”.

“Lo injusto es que dedicándonos a cuidar chicos desde que tienen todavía el cordón umbilical, carecíamos del derecho del resto de las mujeres a tener un hijo sin temor a tener que dejarlo o a que le falte algo. Nos sentíamos discriminadas –resalta Adriana–. Por eso hice esto por mí y por las otras trabajadoras que necesitan que se reglamente la ley, porque si no es como si no existiera.”

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