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Jueves, 30 de abril de 2015

MONDO FISHION

La estrella del geriátrico

 Por Victoria Lescano

“Rara avis de la moda” fue el título de una muestra celebrada en el Metropolitan Museum en 2006 que reunió ochenta trajes de la extravagante colección de Iris Apfel. Ella, en cambio, se autoproclama “estrella de geriátrico”. Iris Apfel es al circuito de la moda oldies (los ardides de la industria y el marketing que veneran la estética de las mujeres mayores de setenta años), lo que fuera Kate Moss en sus comienzos para las campañas de Calvin Klein. Pero Apfel es neoyorquina, tiene 93 años y el pelo blanco muy corto con algunos matices violáceos. En las infinitas galerías de imágenes que celebran los modos de uso de Iris para con los accesorios (acostumbra llevar docenas de pulseras de colores disímiles y contrastantes trepando desde la muñeca hasta el antebrazo como si fueran esculturas portables) predica una manual de estilo referido a fabulosas combinaciones de ropa de alta y baja costura. Con sus máximas de moda y constantes críticas al mainstream, en 2010 la Universidad de Texas le ofreció dictar un curso sobre estilo. En relación a esa experiencia Iris no temió esgrimir: “Los estudiantes que salen de la Parson y otras escuelas de diseño viven en una burbuja, creen que la moda es una alfombra roja y desconocen los aspectos de la industria. Mi misión es enseñarles a construir un estilo lejos de las proclamas de las revistas y accesible a distintas personas. La gente tiene miedo a experimentar, los medios de moda asustan a las mujeres con sus dictámenes” dijo.

Tales afirmaciones, que como los memos de Diana Vreeland circulaban fragmentados hasta que se editaron por Phaidon, componen la trama del documental Iris dirigido por Albert Maysles, recientemente estrenado en Nueva York. Corresponde destacar que el mismo director realizó los films de culto Grey Gardens y Gimme Shelter.

El currículum de Apfel indica que junto a su marido Carl creó una exquisita empresa de diseños textiles llamada Old World Weavers, tuvieron una pequeña oficina en un tercer piso por escalera de la calle 57 y estuvieron asociados con un artesano. Su listado de clientas admitió a Greta Garbo, Esteé Lauder y la Casa Blanca (idearon el interiorismo para nueve presidencias y presidentes desde Truman hasta Clinton).

El documental refleja además el protagonismo de Apfel en la escena fashion actual: ya como espectadora y con trajes fabulosos en la primera fila de los desfiles, sus protagónicos en campañas y su faceta de diseñadora de ropajes y de cosmética. Kate Spade la eligió para su campaña de carteras, mientras que MAC la contrató para diseñar una colección de pintalabios a imagen y semejanza de su devoción por los rojos mezclados con naranja (ideó cuatro tonos apodados Flamingo, Morango, Pájaro rosa y Scarlet Ibis). Además de modelarlos, argumentó: “Es estúpido que las mujeres de más de 65 años miren los maquillajes que llevan las modelos de apenas 16 y que además fueron retocadas digitalmente”. Otra prédica de moda consiste en el uso de collares descollantes por encima de sus tapados –turquesa, rojo, gris o negro cual si fueran condecoraciones–. De ahí que ahora existe una línea de accesorios con la etiqueta “Rara avis, Iris Apfel” compuesta por collares, aros y relojes que intentan replicar piezas que combinan su exotismo: algunas replican piedras turquesas, otras piezas de carey, esmaltes que simulan piezas retro y collares multicolores a precios democráticos. Porque la clave de la construcción de su estilo residió en cómo armar conjuntos con pocos dólares desde la infancia. “Fui una niña de la Gran Depresión, mi madre me daba veinte dólares y con esa cifra debía armar varios conjuntos.” En la adultez Apfel replicó ese ingenio para cimentar una pequeña colección de alta costura. Sobre el modus operandi para ese fondo de placard que fuese celebrado por el MET (allí hubo ochenta originales Christian Dior, Nina Ricci y Lanvin que en un facilismo podrían ser calificados como vintage) alguna vez explicó Iris: “Mis viajes a Europa solían coincidir con las pasarelas. Después de los desfiles iba a las firmas y consultaba si había alguna prenda de la que quisieran deshacerse y la compraba. Así pude acceder a las casas grandes. Recuerdo que algunas marcas tenían tiendas donde comercializaban las muestras. Como siempre me gustó lo poco convencional pude construir una colección hermosa gastando poco dinero”.

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