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Viernes, 15 de mayo de 2015

VIOLENCIAS

El grito en la calle

Las dos acciones se generaron casi al mismo tiempo, impulsadas por el mismo hecho: una niña de 19 había aparecido muerta dentro de una bolsa de consorcio en un basural. Se llamaba Daiana García y su nombre se sumaba a otros nombres de mujeres, muertas y maltratadas después por la cobertura mediática de la misma manera, cuestionando sus costumbres y sus decisiones, como si así se pudiera explicar su suerte. Entonces surgieron los Siluetazos –acciones callejeras que citan aquellas siluetas a principios de los años ’80 para hacer visibles los miles de cuerpos ausentes de los desaparecidos y desaparecidas por la última dictadura militar– y que pusieron en la calle los nombres de las víctimas de la violencia machista y “Ni una menos”, una maratón de lecturas autoconvocada por periodistas y escritoras que se replicó en varias ciudades del país. En los meses que siguieron a esas primeras acciones los femicidios se multiplicaron, los Siluetazos ya fueron tres y se planean próximos y “Ni una menos” se transformó en la consigna que convoca a una marcha que desde que se difundió por las redes sociales no deja de viralizarse. Reflejos de un hartazgo que pide a gritos políticas públicas y un cambio cultural radical para terminar con la violencia de género.

 Por Roxana Sandá

Fabio Páez y Verónica Camargo encabezaron el martes una multitudinaria marcha pidiendo Justicia por su hija Chiara, de 14 años, embarazada de dos meses, asesinada a fierrazos por M., su novio de 16, probablemente con la ayuda de sus familiares, todos detenidos. M. es capaz de cavar un pozo del tamaño de una persona en 30 minutos, poco menos del tiempo que llevó hacer el asado que se comió en San Martín al 800, donde mataron y enterraron a la adolescente. El femicidio de Chiara Páez desbordó a la población de Rufino, donde se movilizaron unas 7000 personas, casi la mitad en una ciudad de poco más de 15.000 habitantes, la misma que en el 2000 fue testigo del crimen de la adolescente Natalia Fraticelli. Con la misma potencia, el desborde se replicó en Buenos Aires: en cuestión de horas, el lunes se viralizó la convocatoria de un grupo de mujeres periodistas que impulsan una movilización para el 3 de junio bajo la consigna “Basta de Femicidios. Ni una menos”.

La marcha de Rufino fue una manifestación de silencio denso, con los repudios puestos en pancartas de “No al femicidio”, “Todos somos Chiara”, “Que ningún abogado de nuestra sociedad defienda a estos asesinos”. Destacaba uno como si fuera la decisión colectiva de algo que no volverá a suceder: “No queremos morir en manos de un ‘hombre’”.

“Si el crimen se produjo por el embarazo, no hacía falta que se hiciera cargo de la criatura ni que la matara”, dijo Verónica Camargo, la madre de Chiara, mientras caminaba junto a familiares y amigxs que no se resignan a aceptar ese agujero negro que fue la semana de la búsqueda desde que desapareció, el 3 de mayo. Una de sus tías, Lorena, había confirmado que la sobrina estuvo con amigas y después fue a ver al novio. En la marcha del martes volvió a recordarlo Verónica. “El le dijo que no supo nada más de Chiara. Si hasta me ofreció colaborar en la búsqueda cuando seguramente ya la había matado.”

En un principio, el padre del chico tampoco aportó demasiado. Policía de la comisaría 3ª de Rufino, la seccional a cargo de la búsqueda, fue el que lo entregó a la Justicia. “Mi hijo fue el autor del hecho”, anunció al fiscal Mauricio Clavero cuando había pasado una semana y algunas de las principales pruebas se perdieron. Ya de noche, con la movilización a las puertas de la comisaría, Fabio Páez se aferró al vallado y dedicó un grito desgarrador a las caras de los policías. Por las demoras en la búsqueda, por la sospecha de un supuesto encubrimiento, por la pérdida de otra niña en un listado que no quiere olvidar. “Esto que nos pasó no se va a borrar nunca, porque ese tipo de cosas siguen sucediendo, pero hay que enseñarles a los niños y a los adultos. Luchemos por los chicos que quedan.” Los que estaban allí, niñas y niños, aplaudieron a adolescentes y adultos que llevaban remeras blancas con la leyenda “Ni una más”. Esas tres palabras se leyeron en los cuerpos de Yanina, Romina y Tania, hermanas de Chiara. Una de ellas increpó indignada a un policía que sonreía irónico. Fabio, dolido, concluyó en una conferencia de prensa que “no estamos en condiciones de acusar a nadie, pero dudamos de la investigación”. Al otro día despidió los restos de su hija, quebrado y gritando “nadie me la va a devolver”.

Enredadas

Al intendente Gustavo Dehesa le cuesta interpretar lo que pasó en Rufino; dice que el hecho superó su capacidad de comprensión, “porque se trata de dos adolescentes escolarizados y el chico no tenía antecedentes, ni delictivos, ni de mala conducta”. Un grupo de escritoras y periodistas de diferentes espacios se pregunta hace tiempo lo que Dehesa no logra descular pero ellas cubren a diario, mientras observan cómo el dolor se va haciendo callo en los familiares de las víctimas de femicidios. Bajo el hashtag #NiUnaMenos surgió una convocatoria espontánea para el próximo 3 de junio en la plaza del Congreso a partir de las 17. Se trata de la segundo iniciativa contra los femicidios y la violencia hacia las mujeres. El primer “Ni una menos” fue a fines de marzo, cuando cuarenta escritoras y periodistas realizaron una maratón de lecturas en la plaza Spivacow del Museo de la Lengua, de la que también participaron las familias de Wanda Taddei y Lola Chomnalez. Entonces el grupo se propuso sostenerse como colectivo y realizar otras acciones para darle continuidad a la primera.

Esta semana, Ingrid Beck, Mercedes Funes, Marcela Ojeda, Hinde Pomeraniec, Valeria Sampedro y Claudia Piñeiro, entre otras, viralizaron un encuentro que esperan sea masivo. Hoy se reunirán con la directora de La Casa del Encuentro, Fabiana Túñez, para definir el documento que se leerá ese día.

Según datos del Observatorio Adriana Marisel Zambrano, de esa organización, al menos 277 mujeres fueron asesinadas en la Argentina en 2014: un femicidio cada 31 horas. “Y ni siquiera sé si esto es así. No hay cifras oficiales, y ése es un dato importante, habla de la indiferencia general de la dirigencia política sobre el tema”, manifestó la periodista Ingrid Beck, directora de la revista Barcelona. “Sería interesante que a partir de esta movida el tema de violencia y femicidios también entre en la agenda de campaña de los políticos.”

La decisión de movilizar fue “espontánea y visceral por el hartazgo de leer todas las semanas sobre estos casos”, explica Beck. “Surgió la necesidad casi imperiosa de salir a la calle, la cuestión se viralizó y fue imparable. Lo importante es que se visibilice y el miércoles 3 vaya la mayor cantidad de gente.”

Desde el colectivo que también reúne a artistas, académicas y activistas se publica “Ahora fue Chiara. Antes fueron Angeles, Lola, Melina, Wanda y tantas otras”: para la periodista, productora y cronista de Radio Continental, Marcela Ojeda, lo de Chiara “fue la gota que rebasó el vaso, me desencajó. Estoy cansada de cubrir este tipo de hechos, por eso me pareció inteligente la idea de manifestar frente al Congreso, porque necesitamos federalizar el problema”.

Ojeda destaca la urgencia de hablar de los noviazgos violentos, de las denuncias solidarias, “sin la necesidad de esperar 24 o 48 horas”, y de la necesidad de involucrar a los varones en esta etapa, “porque son parte del problema pero también de la solución”.

Valeria Sampedro, periodista de TN y Canal 13, creadora de Mujer Sujeto, “una pequeña cruzada feminista” en versión blog, anuncia en un video que “la violencia deja marcas, las marcas dejan femicidios. El miércoles 3 de junio todas al Congreso. Ni una menos”. Dice que el reclamo apunta a exigir la aplicación de políticas públicas sancionadas, como la Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, destinar una mayor partida presupuestaria e intensificar las campañas de difusión. “La Justicia también debe profundizar la articulación con otros poderes porque, es evidente, con la ley no alcanza. Tenemos que encontrar recursos para que los casos no se conviertan en lugares comunes.”

¿Es posible pensar que un hecho escabroso, como el de Chiara Páez, inauguró una reacción masiva en las redes sociales? La periodista, editora y autora Hinde Pomeraniec tiende a creerlo así, y “como una situación de desborde”. Siente que esa violencia machista se mete con las niñas y las adolescentes, “para luego desprenderse de esos cuerpos de modos denigrantes, descartándolas como basura”.

Una estrategia de expansión. La escritora Claudia Piñeiro propone irradiar el tema hacia todos los sectores de la sociedad, “porque son conmociones que nos involucran a todos. Es cada vez más preocupante la cantidad de niñas y niños golpeados y maltratados, pero también es intolerable el desprecio hacia las mujeres, vivas o muertas”.

Hace tiempo que Piñeiro sigue casos de mujeres “que denuncian y nadie las escucha”. Ese descrédito por las palabras de las que reclaman y el maremágnum de noticias “hacen que muchas veces algunos sucesos se pierdan. Por eso debemos mantener los oídos atentos frente a estas situaciones”.

El femicidio de Chiara Páez fue repudiado desde todos los ámbitos y personajes imaginados, algunos de ellos ciertamente cuestionables. “Creo que porque surge con mucha potencia el querer hacer algo más que quedarse en el enojo nuestro de cada día”, supone la periodista y editora general de Gente, Mercedes Funes.

“Provoca indignación asistir todos los días a ver cómo se naturaliza que maten mujeres. Por eso decidimos ir para adelante. Queremos visibilizar lo que está pasando y convocar este 3 de junio a todos los sectores de la sociedad para ponerles caras, nombres y apellidos a cada una de las chicas que fueron muriendo en estos años y plantear las demandas que sean necesarias.”

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Imagen: ROCIO FDEZ COLLAZO / ARIADNA LASSER
 
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