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Viernes, 3 de marzo de 2006

MONDO FISHON

Romero, el exquisito

 Por Victoria Lescano

Mis realizaciones exceden el mensaje de la tela, hago una crítica de esa tiranía que obliga a que la ropa tome una determinada forma y que todos hagan lo mismo en una determinada gama de colores. La ropa es un mártir, la gente la usa para protegerse, armar la máscara de la personalidad e ingresar a grupos de pertenencia. Mi estilo consiste en reciclar prendas de modo absolutamente salvaje, luego tomo las perlas de la tradición y lo combino con lo urbano”, solía decir el diseñador Kelo Romero, autoproclamado “modisto insurgente” y en ocasiones “Romerito, el exquisito”. Dandy de la austeridad, coleccionista de sombreros, músico y poeta murió el pasado 24 de febrero, en su casa de Almagro y cuidado por su hermano Javier.

Nació en Villa Ballester, en 1962 y fue una figura indispensable del movimiento de moda surgido de la Primera Bienal de Arte Joven; desde los escenarios, el bar Bolivia y el Garage Argentino hizo sus primeras investigaciones y críticas estéticas. Luego trabajó en producto para las firmas Alpargatas y Levi’s. Entre 1993 y 2003 vivió en Nueva York, la ciudad en que se exilió por causas estéticas.

Su filosofía de diseño remitió a convertir la simpleza de telas de mantel o el dénim en algo extraordinario. La estilista Simona Martínez, una de sus amigas más cercanas, cuenta que, cuando lo visitaba en su casa de Brooklyn, iban juntos a mercados de pulgas para buscar prendas por kilos que tendrían usos inciertos, o bien ella llevaba en sus maletas básicos producidos por marcas del establishment y le encargaba transformarlos para la revista Elle. Así pasaban los días, mientras bebían te negro y comían platos de una dieta yogui muy radical.

En Buenos Aires se exhibió su traje Cacerolazo en una muestra de la Fundación Proa y mostró sus trajes en modelos vivos, y él desfiló con una falda y el torso desnudo en la Ciudad Konex.

En diciembre de 2004, en el ciclo Malba Moda estilos latinoamericanos, presentó Marea de actitudes, una revolución psicológica. Oficié de curadora, con donaciones de telas de Santista Textil y arduas labores de Simona Martínez, el fotógrafo Gustavo Di Mario, su hermano, y también del diseñador Guillermo Mendoza. Resultaron pantalones de estilo hiphopero con camisas rescatadas de tiendas vintage a los que suelen adherir el crisol de habitantes del Bronx, los atuendos para divinidades afrocubanas. Por sobre todas las cosas, vestido con un caftán rojo y un turbante que cubrían su figura espectral, Romero, después de llenar el piso de lentejuelas rojas, recitó sus versos en prosa gauchesca acompañado depercusionistas; acto seguido, ¡proclamó el fin de las tendencias ante las cámaras del Ftv latino! Nunca supe si esa señal emitió la entrevista.

En octubre de 2005, durante todo el mes la Galería Belleza y Felicidad hizo un ciclo dedicado a su obra y él, quien asistió en sillas de ruedas comentó que estaba componiendo música con amigos Djs. Esta semana se brindó en su memoria en Origen, el restaurante de San Telmo que conserva y exhibe algunas de sus postales con críticas sociales y figuras muy coloridas, en los pasillos del Fashion Buenos Aires y los afortunados en haber asistido a sus shows de moda y poesía volvimos a rebobinar los tapes.

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