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Viernes, 30 de enero de 2004

MONDO FISHON › VERANO FISHON

Blanca y radiante

Así es como quiere ver Su Santidad (sobre todo de El) Juan Pablo II a las modelos más cotizadas del mundo, de blanco y cual vírgenes a punto de entregarse en cuerpo y alma al hombre de sus sueños, desfilando ante sus ojos (aunque no es seguro que pueda abrirlos) en el sacro salón de audiencias del Vaticano. Sí, las quiere blancas, las quiere enfundadas en los trajes de novia de las casas más caras de Italia. ¿Lujuria senil? ¿Alquiler del salón para compensar las arcas diezmadas por la corrupción de la curia? Nada de eso: se trata de una simple estrategia de mercado ¡para promover el matrimonio católico! ¿O acaso ud, lector/a, es capaz de resistirse al deseo del vestido blanco? ¿No iría volando a pedir turno –y pagar por él, como es la tradición– en la iglesia más cercana sólo por vestir así aunque sea una vez en la vida? Vamos, no tema admitirlo. Además, eso de “lo que Dios une no lo divide el hombre” es sólo un decir. Basta ver las artimañas que desarrollan los católicos bienpensantes en los dos países dos que, por seguir las leyes de la fe del Sumo Pontífice, no han aprobado el divorcio: Chile y Lichtenstein. Que la dirección que dio ella en el contrato matrimonial no era la correcta, que está loca, que él es impotente o que nunca vivieron juntos, por escasos mil dólares y con alguna de estas inocentes acusaciones, cualquiera puede anular un matrimonio (aun cuando haya recibido la bendición del Papa). Un trámite más sencillo que el que propone el texto de la ley que podría cambiar la historia del vecino país e inscribirlo entre los herejes que ya cuentan con ley de divorcio. De aprobarse esta ley, una vez manifestado el deseo de separación, las partes deberán esperar para hacerla efectiva entre tres y cinco años, siempre y cuando el juez de turno no considere que es demasiado daño moral o patrimonial para alguna de las partes. No es para quejarse, hasta ahora, con esto de las anulaciones la cuota alimentaria no existe o se le puede reclamar al Vaticano. ¡Y después dicen que Chile podría ser la avanzada reaccionaria en el Sur! ¿Por qué no le preguntan al Papa, a ver qué opina de la nueva ley?

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