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Viernes, 26 de enero de 2007

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La venganza del macho herido

 Por Marta Dillon

Sí, es verdad, he visto Gran Hermano 2007 –recuerdo nada de sus versiones anteriores, salvo el detalle de los gustos y/o padeceres sexuales de sus ganadores, que de eso era imposible no enterarse–. Lo he visto y aunque no me exculpe, en buena medida adjudico mi acción a la debilidad causada por la combinación de verano en Buenos Aires y cerebro agotado por unas vacaciones que parecen siempre un poco más allá, como la zanahoria frente a la mula. La cuestión es que vi el programa y, peor aún, he visto sus réplicas en otros programas que viven del polvo que se desprende de las siempre en desintegración estrellas mediáticas. Avidos buscadores y buscadoras de eventos, quienes hablan en la tele sobre la tele se hicieron un festival con la chica cuasi adolescente y confesa novia del sesentón Sergio Denis al mismo tiempo que en la Casa, donde 18 jóvenes se encerraron por voluntad propia y pocos pesos, la despellejaban. El denominador común del festival sobre el árbol caído de la osamenta de la joven fue una moralina rancia que, evidentemente, pesa sobre las chicas sobre todo cuando se les ve la hilacha. Y lo que es peor, esa hilacha tiene el tupé de ahorcar a un varón con nombre y apellido al que en adelante se lo reconocerá como cornudo mientras un coro al estilo comedia musical –aparece de la nada y probablemente sólo exista en la imaginación– se compadece de su suerte a la vez que le pide que actúe en nombre del honor y el de su especie.

Resumiré los hechos: entre los participantes de GH07 se incluyó a Melisa, rubia, de hogar humilde, trabajadora desde la adolescencia y novia –según promoción previa al primer envío del programa– del cantante de las canas y la raya al medio, Sergio Denis. Como era de esperar, la joven de 22 sobreactuó su amor por el hombre de la cabeza nevada, contó que todo empezó porque ella lo admiraba como artista y que él (N de R: se aprovechó y) le declaró su amor desde el escenario. Pero fiesta va y fiesta viene en el encierro, la blonda que por haber trabajado tanto nunca tuvo amigos ni bailes quiso tocar carne de su edad y perdió su mano en los pectorales de un joven desaprensivo que, tal vez porque no le permitieron “ponérsela ya” contó con detalles al resto del grupo como lo habían acosado. Resultado, nominaron a la rubia para que abandone la Casa –cosa que sucedió– ya que no hubo quien se corra de endilgarle el mote de pecadora, cuando no guacha, y otros epítetos que aludían a su falta de fidelidad por el vejete aun cuando la joven apenas si recibió una caricia mal dada.

Eso en la Casa. En el resto de la tele, también la tocaron de “pecadora”, desaprensiva, falsa, etc., etc. Se escuchó, me soplaron por ahí, decir a una señorita panelista en horario nocturno “una mujer que engaña jamás será feliz” (y, a juzgar por la suerte de Nora Dalmasso...). Obviamente a nadie se le ocurrió reflexionar sobre qué tipo de lealtad debe una joven de 22 a un señor de 60 –¡fue una caricia, che! Una caricia sobre unos pectorales casi adolescentes que la niña bien merece– ni qué tipo de cualidad, hombría o como se quiera llamar conduce a un señor mayor a sacar provecho (sexual) de una señorita encandilada por su fama que, justamente, quiere ser famosa. En fin.

Frutilla de la torta: el acosado de la semana (por los programas de chismes), el cantante de las casi seis décadas, luego de negarse a través de su empleada a contestar el requerimiento de la prensa finalmente apareció en cámara cuasi codeándose con los mismos que lo habían tratado de cornudo –llámese Beto Casella, el mismo conductor de GH Jorge Rial, Luis Ventura, Viviana Canosa, bla, bla, bla– diciendo “ésta era una relación acabada, je, ella ya estaba más tiempo en su casa que en la mía, je, je, además yo tengo muchas amigas que vienen a dormir conmigo y nunca dejaron de hacerlo, je, y bueno...” Fue él quien dejó, que quede claro, él quién se rió con los informes que lo trataron de cornudo porque total, según sus dichos, él la tiene mucho más larga que la jovencita que metió en su cama durante un tiempo. ¿Qué necesidad, Sergio? ¿Qué falta hacía tener que jactarte –disculpame que te tutee, pero ya que te codeás con la juventud y los muchachos...– de los muchos polvos que te echás y de lo infiel que sos antes y mejor que ninguna otra novia? Porque a la niña la fueron a buscar a tu propia casa para llevarla a la Casa y vos le llevaste la valija hasta el auto. ¿Qué es lo que estás salvando? Allá tú con tu Viagra y tus amigas.

Esto es sólo el comienzo: ahora sigue el debate y tal vez alguien descubra a la pequeña Melisa para desnudarla en algún lado o bien para reconciliarla con SD justo antes de que el susodicho tenga un show y la misma moralina que condenó a Melisa compre discos old fashion ya sea por empatía con el macho herido como por esa ilusión de rescatarlo de las garras de la infiel.

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