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Viernes, 15 de marzo de 2002

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Y no hables más, muchacha

Bueno, ya pasó. Y en la tele se comportaron como era de prever: felicitaciones, florcitas, conductoras e invitadas a las que les gusta ser mujer pero no tanto el día de, misóginos con piel de cordero chupándonos las medias con esos halagos que suponen galantes, tribunas femeninas convertidas por una hora en masculinas, mini-informes sobre señoras destacadas en alguna actividad, seudovedettes exhibicionistas en espacios cotillas, avisos desatinados o tergiversadores (del sentido de recordatorio de la discriminación sexista que prevalece en nivel mundial), figuraron entre lo visto en las pantallas el 8 de marzo.
“¿No hay un día del hombre?”, arrancó el programa “Siempre listos” la esforzadamente cómica Verónica Varano. “A mí no me gusta mucho el Día de la Mujer. Me gusta sí porque vamos a contar qué se celebra hoy, pa-pa-papá...”, intentó explicarse. A continuación, se “festejó” la efeméride con ingredientes tales como: encuesta callejera (¿qué nos falta para estar completas?, quizás por aquella apolillada idea de que la mujer es en realidad un varón imperfecto, malogrado...); otra encuesta a varones opinators sobre la protagonista del día (“carne de primera, de exportación”, etc.); reportajito grabado a científica tan destacada como Eugenia Sacerdote de Lustig, 91, inmigrante judío-italiana, auténtica pionera (“cuando estudiaba medicina en Italia, éramos cuatro mujeres y quinientos hombres”), cuya opinión sobre la situación actual de la mujer hubiera valido la pena escuchar. Pero apenas se la oyó decir: “Todavía nos falta, demasiados siglos han mandado ellos...”, mientras que en el videograph –subtítulo– se leía “Doctora ejemplo”. También se pudo ver y oír a Gabriela Arias Uriburu, separada de sus hijos (“El calvario de una madre”), a algunas empresarias cuentapropistas. Y cerca del cierre, Roberto Piazza anunció: “Vamos a hablar de una de las mujeres más importantes, si no la más importante... Marilyn Monroe”. Víctima del maltrato familiar primero, y del star system después, Marilyn fue una comediante admirable, aunque no considerada como tal en su momento, pero de ahí a proclamarla la mujer más importante... A continuación, el diseñador relató algunas anécdotas irrelevantes y el fresón de este “Homenaje a la mujer”, según se podía leer en la parte inferior de la pantalla: una bailarina, lo menos parecido a MM que puedan imaginar, pechos saltones tipo siliconés, haciendo –playback mediante– “Los diamantes son los mejores amigos de las chicas”. Pero eso no fue todo, amigas: al culminar el número, la danzarina se quitó el traje y quedó en mínimo biquini, con el clásico local que viene a ser el cola-less del hilo dental en primer plano (aullidos de los muchachos en off). Pero, tranquilas, que como recitó el conductor Horacio Cabak en su estilo más trivial: “Todas las mujeres son maravillosas, todo lo que hacen es para agradecérselo”. Embarró un poco tanto ditirambo cuando una movilera presentó un puente exclusivo para la mujer en Puerto Madero: “Si no va el hombre e invita, ¿quién paga?”, quiso saber el aggiornado animador.
Más tarde, en “Indomables”, la conmemoración del episodio de las obreras quemadas a comienzos del siglo pasado por pedir mejoras laborales tuvo su nota más disonante con la aparición de la pretendida –desde hace añares– vampiresona Edda Bustamente. Vestido negro largo con mangas largas adherentes, pelo largo sacudido cada tanto con gesto “sensual” (chupándose las mejillas y haciendo mohínes insinuantes con la boca), soltó: “Yo no entiendo qué hago acá. Cuando me llamaron, dije que realmente no festejo el Día de la Mujer, porque tendría que haber un día del hombre (...). Me parece totalmente discriminatorio (...). Están marginados (...). Cuando se ponga el día del hombre, voy a festejar con gran cariño el Día de la Mujer...”. Y por si no había quedado prístina su postura pro-varón en general, añadió posteriormente: “Yo creo que tendrían que darle importancia al hombre y darles más premios a aquellos que han hecho en su vida algo importante” (refiriéndose vagamente al acto en el Colón). “Me parece una injusticia, yo busco la igualdad”, completó su pensamiento abarcador la sinuosa, serpenteante Edda. Rato después, mientras se le interrogaba por el fracasado reality en el que participó y por los atributos que pedía en un novio, el subtítulo preguntaba: “Edda Bustamente, ¿es loca o se hace?”.
Además de esta clase de “agasajos”, en la tele fue posible ver avisos ad-hoc como el de McDonald’s, donde un niñito de unos seis años se encuentra con niñita de pareja edad que le propone ser novios, que la invite, le pague las salidas, se casen, le haga una extensión de la tarjeta de crédito... Un bochorno, francamente agraviante, totalmente extemporáneo. Más adulones, los de Disco propusieron el slogan para poner en la heladera: “Las mujeres argentinas son las más lindas del mundo”. Y si realmente fuese cierta esta afirmación, ¿cuál es el mérito? ¿A las que no son lindas –según patrones impuestos en boga– las descartamos de toda consideración y estima? Es eso seguramente lo que haría el guaperas Carlos Corach, quien preguntado –cuando aun era ministro del Interior– por Jorge Guinzburg, en la revista Viva, sobre Monica Lewinsky, respondió compadrito: “Si soy Clinton, la rechazo”. “Porque es gorda”, dedujo, sagaz, el entrevistador. “Gorda y fea –especificó el alto y apolíneo–, lo más condenable, creo yo, es que es fea.”

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