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Viernes, 28 de noviembre de 2014

Una cámara dudosa

 Por Lucía Scrimini *

Como profesional de la salud mental con experiencia en el trabajo con niños y niñas, fui convocada como perito por las abogadas de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) para dar mi impresión sobre la entrevista en cámara Gesell que se le realizó a Kevin, uno de los hijos de Reina Maraz cuyo testimonio fue clave en la sentencia del Tribunal Oral Nº 1 de Quilmes.

Observando la filmación, hay varias cuestiones que llaman la atención. En principio, quien realizó la entrevista era una fiscal, no una psicóloga. Una falta tanto “técnica”, por tratarse de una técnica psicológica, como ética.

Otra cuestión es que siendo el modo general del discurso del niño bastante confuso, dudoso y entreverado, la única parte donde se expresa con claridad y seguridad es el momento cuando incrimina a la madre de haber cometido el asesinato de su padre. Antes y después de esa expresión clara, en castellano, Kevin balbucea en su lengua materna (¿quechua?). Es muy llamativo que justo en esa expresión haya ese nivel de claridad discursiva. Esto permite intuir que con la lengua castellana (extranjera para él) hay una pura relación racional. Mientras que en su lengua (el quechua) se expresa el plano emocional, mostrándose allí su confusión, que puede estar dada por el tema sobre el que habla como por el modo que tiene la entrevista misma, que a mi entender no proporcionó ningún cuidado ni contención para su psiquis.

¿Qué se puede pensar cuando un niño dice con claridad discursiva algo de tenor criminal y no hay emociones afines? Son muchos las o los niños que frente a la interrogación directa de algo que no comprenden, responden afirmativamente a lo inquirido para luego ir construyéndose con nuevas preguntas “la denuncia”. En abuso de menores es un clásico. Casi siempre a la niña o al niño víctima se lo devela más por sus síntomas o simbolizaciones proyectivas que por su discurso. La mayoría de las “denuncias claras” han sido construidas por intereses de algún adulto. Como podemos inferir en este caso, en que le realizan preguntas torpes de forma directa y con respuesta implícita: “¿Quién mató a tu papá?” o “¿Quién es el papá del hermanito que tiene tu mamá en la panza?”.

Asimismo, cuando describe el crimen lo hace sin emoción alguna. Es muy difícil que un niño testigo de tal acontecimiento y que haya estado tan implicado no tenga signos de shock traumático ante la rememoración del hecho.

Da la impresión de que Kevin es tomado como adulto, ya que la profesional que lo entrevista hace una interpretación literal de lo que dice. Ese modo de interpretación del discurso supone a un adulto pero, además, que no atravesó ningún tipo de situación traumática ni estado de shock. Hasta un adulto si es testigo de algo tan traumático, más aún si se tratara de sus propios padres, podría estar bloqueado o con ansiedades inmanejables.

Por último, se observa que durante la entrevista no hay trabajo de interpretación de los instrumentos de evaluación proyectiva que se están usando. Parecería un simulacro de evaluación antes que la utilización de una técnica proyectiva.

* Médica psicoanalista. Psiquiatra de niños.

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Imagen: Constanza Niscovolos
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