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Lunes, 3 de julio de 2006

FúTBOL

Diario de viaje

 Por A. G.

“Anclados en Nuremberg” podría ser el título. Hace meses, años, en esta ciudad se jugó un Mundial. Al menos, no quedan ni rastros de una subsede del torneo que todavía se está jugando y en el que el dueño de casa sigue en carrera. Para Nuremberg, es como si la Copa del Mundo ya se terminó hace rato. Salvo, claro, por un detalle: domingo a la noche, bastante fresquita, por la calle casi no pasa gente, más que algunos borrachines aislados. Apenas hay un par de bares y restaurantes abiertos. Entonces, las voces delatan los últimos atisbos mundialistas. “Sigo sin entender que José no haya puesto Messi”, se escucha a la pasada. Y ahí esta la clave: en el centro de Nuremberg sólo parece haber periodistas argentinos. Algunos a la espera de que les confirmen los vuelos de regreso. Otros, a la espera de los partidos de las semifinales, en el primer día tranquilo en un mes, sin partidos de otros países y con la Selección ya lejos de Herzogenaurach. Sobre la calle principal de la Altstadt comparten la cena los enviados de Clarín, con Cardozo y Pagani a la cabeza. También aparece Walter Saavedra, el relator de Mitre, triste por el regreso al otro día pero feliz como un chico por al fin tener la pelota “manchada” con citas y datos futboleros en los gajos. A la vuelta, Hernán Claus, Luis Calvano y el resto de los cronistas de Olé charlan sobre la sucesión (o no) de Pekerman. También pasan Leto y Facundo Quiroga. Al rato los que llegan son Diego Borinsky, que no pierde la chance de hacer una encuesta sobre quién debe ser el técnico de la Selección, y Elías Perugino, de El Gráfico. Unos van, otros se quedan, charlan en una mesa, luego van a la otra. Parece una gran reunión en el centro de Nuremberg. Mientras se discute de fútbol, también aparecen los guías turísticos, que recomiendan no perderse el Museo Germánico o el Centro de Documentación, los tours de la tarde. Hay quien se lamenta no haber ido a la Sala 600, que como sólo está abierta al público los domingos, ya no habrá ocasión para visitarla. Hasta Andrés Burgo, un periodista argentino radicado en España, se suma desde Wurzburg y por teléfono al itinerario turístico. Es que al tiempo que programa el viaje a Dortmund, cuenta que es imperdible la escapada a Bamberg. Alguien a la pasada relata que por costumbre se dio una vueltita por Herzogenaurach y vio que en la sede de Adidas cambiaron el escudo gigante de la AFA por una foto de Podolski y que el hotel en el que hasta ayer paró la Selección quedó desierto. “Cuando no salen campeón, el Herzogspark está vacío”, surgió el chiste con la canción de la hinchada de Boca. “Pasé treinta días por la puerta sin entrar, aproveché para ir al Outlet de Adidas”, tuvo que confesar el cronista por el verdadero motivo de su paseo. Claro que mientras todos hacen tiempo en Nuremberg, el que mejor aprovechó los días sandwich fue Elio Rossi, que se tomó un avión y esperará las semifinales del martes y miércoles en Menorca.

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