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Lunes, 12 de septiembre de 2005

Malos muchachos

 Por Pablo Vignone

Un curioso caso de intento de censura, que demuestra la impunidad con la que pretenden imponerse las grandes corporaciones del deporte mundial, tuvo como blanco al dirigente argentino Mario Goijman, ex presidente de la fenecida Federación Argentina de Vóleibol. La maniobra fue abortada gracias a la valiente reacción de los organizadores de Play the Game, la conferencia que se lleva a cabo periódicamente en Dinamarca para discutir la problemática deportiva en relación con los valores democráticos, y que invitaron a Goijman a exponer públicamente sus acusaciones contra la Federación Internacional de Vóleibol (FIVB).
Goijman lleva adelante desde hace tres años una cruzada contra el presidente de la FIVB, el mexicano Rubén Acosta Hernández, al que acusa de numerosos actos de corrupción en el desempeño de su tarea dirigencial. El embate ha provocado, entre otros desenlaces, la desafiliación de la Federación Argentina y su reemplazo por otro organismo menos cuestionador, la proscripción de Goijman como dirigente del vóleibol e inclusive la suspensión de la Selección Argentina, que se vio privada de actuar en competencias internacionales entre el 2002 y el 2004.
Los organizadores de Play the Game invitaron a comienzos de año al dirigente argentino a exponer sus puntos de vista en la conferencia, que se llevará a cabo en noviembre próximo, y cursaron la misma invitación a la FIVB. Entonces sucedió lo inesperado: el secretario de la entidad, el suizo Jean-Pierre Seppey, envió una nota a Copenhague con más amenazas que agradecimientos. “Su debate no puede tener lugar sin violar la ley –se lee en la carta de Seppey– como ya lo hizo Goijman y como clama que hará nuevamente con lo que aparece como vuestra complicidad (...) Apreciaríamos que nos confirmara que no permitirá el uso de su tribuna para insultar a la FIVB bajo el pretexto de la democracia. En caso contrario nos veremos obligados a tomar acciones legales contra todos los miembros de su Comité Ejecutivo y de su Comité de Programación.”
Durante las ediciones anteriores, en el 2000 y el 2002, Play the Game sufrió presiones de otros organismos deportivos, como la FIFA (que impidió la presencia de algunos de sus miembros para discutir temas inherentes a su funcionamiento con el periodista británico Andrew Jennings) o el Comité Olímpico Italiano, que trató de impedir la presencia de su especialista en la lucha contra el doping, Sandro Donati. Pero ésta es la primera vez que la intimidación llega tan lejos.
“Siempre me sorprende cuando una organización poderosa teme tanto la confrontación –le cuenta a Líbero Jens Sejer Andersen, el alma mater de Play the Game– que su reacción es responder con exageradas amenazas. En Dinamarca no tenemos nada que temer con la censura o represalias, pero en muchos otros países hay una gran complicidad entre el deporte y la política, países en los que una amenaza como ésta puede tener más impacto.”
Andersen respondió a la nota de Seppey en términos no menos concluyentes. “Vamos a defraudarlo asegurando que no tenemos intención de cambiar el programa (...) Tomamos muy en serio su reclamo sobre la ilegalidad del debate pero, después de consultar con expertos, confirmamos que debatir las prácticas de la FIVB no constituye un quiebre de la ley o de los principios legales reconocidos internacionalmente. El debate podría fortalecerse si la FIVB contribuyera con sus propios puntos de vista.” Ambas notas fueron publicadas en la web de la conferencia, www.playthegame.org. La FIVB no respondió; sorprendentemente, Seppey fue separado de su cargo.
“Hay que ser muy caradura para lanzar amenazas mentirosas como ésas”, opina Goijman, que se siente “absolutamente respaldado” por Andersen y los organizadores. “No esperaba otra cosa de gente que defiende la justicia y la moralidad en el deporte”, señala el dirigente. La noticia del alejamiento de Seppey no lo alienta demasiado. “Puede ser una trampa –señala–. Se pelearon entre ellos y le cargan la romana a este tipo que no es trigo limpio.” Goijman, que tiene aún dos juicios en marcha contra la FIVB (“uno penal, que pronto dictará el procesamiento de Acosta y Seppey, y uno civil, que va más lento”), irá a Copenhague a “contar lo que ha pasado, hechos que son insólitos en el deporte”.
–Ya habido otras presiones, de la FIFA, por ejemplo, sobre la conferencia. ¿En qué se diferencia ésta? –preguntó Líbero a Andersen.
–En esencia, no hay diferencia. Desafortunadamente, las organizaciones del deporte se consideran por encima de las reglas que son válidas para el resto de la sociedad, y se oponen fuertemente al debate público. Muchos líderes hablan del deporte como de una “familia”, imaginándose como verdaderos padrinos.
De los padrinos en el deporte es de lo que Play the Game lleva ya años alertando, echando de paso una refrescante bocanada de aire fresco sobre el denso accionar de las corporaciones deportivas. Hay algo en Dinamarca que no huele a podrido.

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