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Lunes, 24 de octubre de 2011

OPINION

El camino correcto

 Por Ariel Greco

Apenas superada la mitad de los Juegos Panamericanos y todavía con una semana más de competencia por delante, la delegación argentina ya dejó atrás la cosecha de 11 medallas doradas de Río de Janeiro 2007 y tiene en la mira la de 16 de Santo Domingo 2003. El significado que tiene ese dato es, ni más ni menos, la confirmación de que se logró detener ese tobogán que marcaba un descenso histórico en las prestaciones de los atletas argentinos a nivel continental.

Que Argentina haya logrado ya 13 medallas doradas y que se encuentre consolidada en el sexto lugar del medallero delante de Colombia y Venezuela no determina que se esté cerca de recuperar el protagonismo histórico que supo tener el país en América. Pero marca un crecimiento importante. Y además, más relevante incluso que la cantidad de medallas es la evolución en algunos deportes, como el remo, la natación y el yachting. Un nadador destacado, como en su momento fueron José Meolans o Georgina Bardach, puede ser casualidad o fruto del talento individual. Dos preseas en aguas abiertas, otra en 1500 y una más en una posta, además de algunas marcas clasificatorias para los Juegos Olímpicos, implica un crecimiento general del equipo. Algo similar se puede señalar con el remo o el yachting, disciplinas en las que Argentina luchó el comando del medallero general.

La mejor prueba de la mejora general del deporte argentino en Guadalajara llega de la boca de los propios atletas. Las frases del estilo “no pudimos tener una preparación seria y llegamos sobre la hora de la competencia” o “los botes tienen más de 15 años y son más pesados que los de los rivales” que habitualmente se escuchaban de boca de los distintos deportistas argentinos cambiaron para esta competencia a “gracias al apoyo que tuvimos pudimos llegar quince días antes del torneo” o “pudimos renovar toda la flota y competir de igual a igual”.

La creación del ENARD, el apoyo de la Secretaría de Deportes de la Nación y el complemento del Comité Olímpico Argentino están mostrando los réditos de un trabajo serio y mancomunado, aunque todavía perfeccionable. Con los resultados a la vista, el desafío es profundizarlo en el tiempo. Es más que probable que Londres 2012 aún no alcance para dar el salto mundial. Por eso, la labor debe estar apuntada con la mira en Río de Janeiro 2016, con el apoyo a jóvenes proyectos que ronden los 18/22 años y que se encuentren en su apogeo físico y mental dentro de cinco años. Al menos, el camino correcto parece haberse encontrado.

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