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Lunes, 4 de agosto de 2003

JORGE RINALDI, CONSEJERO DE FUTBOL

“Miele fue a San Lorenzo lo que Menem fue al país”

El ex delantero abandonó momentáneamente el periodismo para dedicarse al club de su vida, pero no olvida la práctica y analiza ambas pasiones.

 Por Gustavo Veiga

Es evidente que ciertas combinaciones de colores distienden. La luz de un sol intenso y el verde de un césped cuidado con esmero invitan a conversar. Y, sobre todo, si el entrevistado se compromete con el diálogo, aunque su teléfono celular suene más de una vez y se enfríe un café que pidió. Jorge Rinaldi está en la ciudad deportiva de San Lorenzo, fuma de a intervalos cigarrillos rubios y responde las preguntas sobre dos pasiones que consumirán poco más de una hora: el fútbol y el periodismo.
–¿Ampliaste tu visión del fútbol cuando escribías para Clarín?
–Sí, me sirvió. Y fue un dilema resolver si continuaba con el periodismo o no. Porque me había gustado muchísimo. Yo sigo escribiendo en mi casa. Pero llegó el desafío de San Lorenzo, que quizá no era lo más conveniente para mí en la fase personal.
–¿Qué diferencias hay entre ver el fútbol desde el palco de periodistas y sentado en el banco de suplentes?
–Se ve más fácil desde arriba. Aunque yo no olvidé lo que decía el periodismo cuando me criticaba. Ese lema lo tomé de entrada. Si un jugador no andaba bien, explicaba que quizá había tenido un mal día. No escribía: “Este fue un desastre”. Hubiera traicionado lo que siempre pensé. Y yo no soy de los que sostienen que de fútbol pueden hablar solamente los jugadores. Porque en nuestro palo eso es muy normal. O, ¿qué es saber de fútbol?
–¿Lo que afirmaste tiene que ver con ciertos códigos?
–No, y no me gusta la definición “códigos del fútbol” porque suena muy a mafia. A mí no me gusta. Podría utilizarse códigos de vida, aunque la frase ya se mancilló.
–Tu afán por escribir, ¿guarda relación con la lectura?
–Sí, siempre me encantó leer. Y no es que vaya a hablarte de Vargas Llosa. A mí me gusta leer de todo. Desde mi época de jugador.
–¿Por qué a un futbolista que disfruta de la lectura o trasciende por ciertos conocimientos se lo observa como a un rara avis?
–Quizá porque el ambiente no ha evolucionado. El jugador normalmente se masifica. Pero si se lo agarra solo, no. Cuando está en grupo es diferente. Yo pensaba de igual manera en las dos circunstancias. Parece chocante decirlo y no quiero ponerme en moralista.
–¿Qué cosas cambiaron desde tu época de jugador a la actual?
–Vos ves las divisiones inferiores y no evolucionaron. El fútbol de cabotaje en la Argentina involucionó. Si uno lee El Gráfico de los años ‘70 u ‘80, compara y ve que hoy existen los mismos problemas. Todo lo que se avanzó a nivel internacional y de la Selección, se perdió en el medio local.
–¿El fútbol reproduce las miserias de la sociedad al pie de la letra?
–Debe haber puntos en común, como en el tema de la violencia. Acá nunca se tomaron los recaudos suficientes para que desaparezca. Yo lo sostengo desde hace cinco años. El espectáculo del fútbol en la Argentina es el más caro del mundo. Si comparás un Boca-River con un Real Madrid-Barcelona, sale cien veces más el clásico nuestro. ¿Y cómo? Acá vas a la cancha y no sabés dónde dejar el auto, si lo vas a encontrar; cuando pagaste la platea más cara, por ahí llegás y está ocupada; no tenés seguridad. Se olvidaron que el protagonista principal es el jugador y después, segundo, el que paga la entrada.
–Ahora hablemos de San Lorenzo...
–Nos metemos en un lío...
–¿Cómo definirías tu función en el club?
–Fui y soy un consejero absoluto. En un año y medio generé unas relaciones bárbaras. Para mí hubiera sido estupendo que me dijeran: “Usted es el manager”. Porque me ponía una oficina, venía de saco y corbata, y agarraba los teléfonos. Cuando llegué, venían de un incumplimiento absoluto en la gestión anterior. La credibilidad del plantel en los dirigentes era cero. Había que arremangarse y ganársela.
–¿Fernando Miele fue a San Lorenzo lo que Carlos Menem al país?
–Por lo que tengo entendido, sí. La ciudad deportiva estaba devastada, no la había reconocido y eso que me crié acá. Cuando la vi, casi me pongo a llorar. Además, el club estaba devastado económicamente, con un plantel que ni siquiera dejaba entrar al presidente. También digo que hubo gente que laburó con Miele y está totalmente capacitada. No voy a hacer una caza de brujas.
–¿Vas a seguir trabajando mucho tiempo más en San Lorenzo o planeás volver a ejercer el periodismo deportivo dentro de poco?
–Eh... (piensa bastante). La verdad, no sabría contestarte. Vine con un montón de ideas al club, aunque considero que es muy difícil cambiar una estructura ya instalada en el fútbol, pese a que modifiquemos algunas cosas. Dicen que el jugador debe estar para patear una pelota y no es así. El jugador piensa, habla y puede sumarle un montón de cosas al fútbol que la dirigencia no tiene ni la más reputa idea que existen.
–¿Desde qué lugar pensás que se puede hacer el aporte más importante? ¿El propio fútbol o el periodismo?
–Un día, cuando apenas había dejado de jugar, un técnico, Cayetano Rodríguez, sorprendido, me dijo una verdad: “Tenés que estar del lado de adentro para luchar. De cualquier forma, pero desde el lado de adentro”. Yo había largado a los 29 años porque estaba repodrido y no me hacía el Superman ni nada por el estilo. Entonces, cuando me salió el trabajo del diario, era como una forma de luchar. Si uno mantiene una opinión, respeta su esencia y dice cosas, es como estar luchando también.

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