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Lunes, 6 de septiembre de 2010

FúTBOL › OPINIóN

Por temperamento y por concepto

 Por Pablo Vignone

Se lo ganó desde el temperamento, pero también desde el concepto. Si el de favorito le sabía a rol incómodo, Vélez no dio señales de tal prejuicio. En la comparación previa contra un equipo en proceso de ensamblado, como es River, era apuntado como el dueño de la obligación. Sin embargo, a semejante papel había que considerarlo como natural, porque el equipo de Liniers venía de perder dos partidos en una semana, con Boca en la Bombonera y con Banfield en su cancha por la Sudamericana, y lo más meritorio de este Vélez resultó ser el complemento de atributos: no fue que con el temperamento reemplazó al manejo de la pelota sino que se lo adosó. La suma dio más que las partes.

Frente a un planteo parejo en la primera media hora, los muchachos de Gareca volcaron el curso a su favor apretándose y apretando. A River le duró un puñado de minutos la idea de ahogar la línea de volantes (como Boca había llevado a cabo con éxito una semana atrás) y la concepción de equipo corto para adueñarse de pelota y tiempo redituó en favor del local. Siempre estuvo de acuerdo en que imprimiéndole velocidad al juego le restaba capacidad de idea a su rival, y que de esa manera tenía amplias chances de sacarle la circulación.

Reducido a la fórmula de Ortega como lanzador para un tibio Funes Mori, el equipo de Cappa perdió capacidad de daño. Con Papa sumado al combo Moralez-Martínez por la izquierda, Vélez amplió su oferta de agresividad, mojando de paso la pólvora de Ferrari. Nunca más la balanza pareció pareja en lo que quedaba de los 90 minutos.

El gol de Martínez mostró a este River en una situación inédita: era la primera vez que marchaba en desventaja en el Apertura. La cuota de calidad de Buonanotte le posibilitó zafar de la prueba de carácter. Pero la diferencia de compromiso entre uno y otro terminó por hacerse notoria en el segundo tiempo. Después del tanto de Silva, River perdió definitivamente el alma y casi todo el cuerpo, no mostró ni encontró reacción y se enfrenta ahora a una profunda prueba.

Probablemente sea éste el momento que muchos adversarios están esperando para sacar a luz viejos reclamos, ahora que se ha quedado sin invicto. Superado en temperamento en el campo, tendrá que mostrar que es capaz de poner en caja esos cuestionamientos.

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