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Domingo, 3 de octubre de 2004

LA BIOGRAFíA INTELECTUAL DE GINO GERMANI RECONSTRUIDA POR SU HIJA.

En familia

Gino Germani: Del antifascismo
a la sociología.
Ana Alejandra Germani
Taurus, 2004
412 páginas.

 Por Sergio Di Nucci

“La sola posibilidad de cuantificar me produce reflejos eróticos”, proclama desafiante José Luis de Imaz en su libro de memorias Promediados los cuarenta. El sociólogo había sido discípulo y colaborador de Gino Germani. “Seamos cualitativos”, exigen los sucesores, para quienes la sola noción de cantidad, de mensurabilidad, de datos, resulta hostil a su inteligencia. En este enfrentamiento se resume, con las necesarias simplificaciones, el triunfo actual de una tradición francesa o europea por sobre una profesionalización de la sociología que Germani había propuesto con un modelo inequívocamente norteamericano.
El nombre de Germani sirve hoy para ornamentar institutos o bibliotecas, y se lo reverencia como padre fundador de la sociología “dura” en la Argentina, para seguir con la metáfora de De Imaz. Su obra recibe cada tanto homenajes o exégesis, pero parece riesgoso afirmar que siga viva en el sentido de haber creado una continuidad más o menos amplia y compartida. Gino Germani: Del antifascismo a la sociología es una notable contribución a la historia de la sociología en Argentina. Ana Germani, hija de Gino y también socióloga, activa en Italia, traza una biografía intelectual de su padre en la que puede leerse, uniendo mentalmente las líneas de puntos, una historia de la teoría sociológica. El libro recurre, con felicidad, a testimonios in extenso de intelectuales contemporáneos a Germani. Los del gran filólogo clásico Eduardo J. Prieto se destacan por la vivacidad y el acierto con que reconstruyen el clima de ideas, político y cultural, en el que Germani comenzó a desarrollar su obra argentina, después de la emigración de Italia forzada por su lucha antifascista. Prieto y Germani estudiaron Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. El ambiente universitario era mediocre y la enseñanza deplorable; la gran diferencia con la actualidad consiste en que entonces había muchos profesores católicos. En aquellos años, Germani forma por sí solo una biblioteca de sociólogos norteamericanos que habrían de guiarlo toda su vida en sus opciones teóricas y metodológicas. Aunque sin contaminar, según piensan sus detractores, sus convicciones políticas.
Germani empezará su vida como sociólogo en el Instituto que dirigía Ricardo Levene en la Facultad de Filosofía y Letras, y fue dejado de lado por el peronismo de 1946, durante el cual enseñará en el Instituto Libre de Estudios Superiores (pero también interpretaba sueños en revistas del corazón), volverá a la UBA con la Revolución Libertadora de 1955 (sin la venia de Lonardi), se alejará de ella sigilosamente en 1962 con la irrupción interna del peronismo que trabaja en la Operación Retorno, trabajará en el Di Tella, y en 1966, antes de la Revolución Argentina de Onganía, partirá hacia Harvard. Como los sociólogos de su escuela, Germani estudió la anomia, la estructura y la estratificación social con sus cambios lentos o cataclísmicos, los patrones de voto y los sondeos electorales, las clases dirigentes y las dirigidas, las elites funcionales o no tanto, la sociedad de masas. Lo hizo en estudios que pueden, que deben leerse en su estilo árido, tan alejados de la entonación épica que adoptan los profesores argentinos.
La biografía intelectual de Germani que compuso su hija mejora nuestro conocimiento de esos textos, y es una contribución que difícilmente podrán desatender los interesados en la historia de la disciplina, pero también aquellos a quienes interesa la situación de las ciencias sociales y aun de la cultura y de la acción política en Latinoamérica.

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Gino Germani en roma, en 1954, cuando regresó después de veinte años.
 
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