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Domingo, 7 de noviembre de 2004

BèGUE: LA VUELTA DE UNO DE LOS NARRADORES MáS SECRETOS DE LOS ‘70

Un barroco del Río de la Plata

Buitre de pesares la memoria
Carlos Bègue
Paradiso, 2004
123 págs.

 Por Jorge Pinedo

Caracterizar una época como la de las últimas dictaduras en el Río de la Plata con una frase gongoriana puede resultar más acertado que barroco: “... quédese, amigo, en tan inciertos mares, /donde con mi hacienda/ del alma se quedó la mejor prenda, / cuya memoria es buitre de pesares”. Pues el ave carroñera devora el recuerdo doloroso de los burgueses no tan aburridos como asustados, comprobadamente capaces de convertirse en fundamentalistas del fascismo para, tras cartón, hacer como si nada hubiera sucedido. No por reiterada a ambos márgenes del proceloso mar de Solís, tamaña instancia deja de perpetuarse a través de sus imperecederos efectos, de sus víctimas, de la impunidad de los victimarios, del ovino mutismo de los cómplices.
¿Qué lenguaje, qué estilo sería el adecuado a fin de plasmar esta experiencia? Todos y ninguno, tal vez, con la sola condición de narrar un retazo que se torne representativo, de relatar aquello que conspire contra el olvido. Carlos Bègue (Buenos Aires, 1935) adopta el ritmo de una crónica casi frívola, la de un casorio entre ricos pueblerinos, contada desde un bastión de palabras armado por ciertos giros que abrevan en las fuentes más secretas de la lengua castellana, ironizadas mediante las muecas propias del patrón de estancia y reconvertidas a partir de reminiscencias borgeanas. Resulta de ello una cruza de humor con esgrima del lenguaje: “... sumó su gola a la plegaria que enseñara Jesucristo mismo para santificar el Nombre. Abismado en ese mangazo casi mecánico a la gracia de Dios...”.
El escenario es Puerto del Angel, símil adrede de Colonia del Sacramento, donde llega un anticuario devenido corredor de vinos y, de inmediato, pesquisante de cuanto secreto a voces haga eco en ambas márgenes del Plata. Milicos torturadores reciclados en democracia como regentes de la mierda social (lograda metonimia si las hay), intelectuales culposos, marginales pujantes, devotos surtidos, hoteles decadentes, incesto, sanguinarias escenas bíblicas de pavorosa analogía con la reciente realidad (otra aguda contigüidad) son los peldaños sobre los cuales la tensión trepa en consonancia con unas reglas del género que, de tan sutiles, se aplican desapercibidas.
Compinche a comienzos de los ‘70 de Miguel Briante (a quien le está dedicada la obra), Osvaldo Lamborghini, Jorge di Paola, Mempo Giardinelli, Marcelo Pichon Rivière, entre otros, Bègue se inscribe en una tradición de escritura heteróclita. Premiada en uno de los pocos concursos confiables que quedan (Fomento a la producción nacional del Fondo Nacional de las Artes), Buitres de pesares la memoria recupera para la novela al Bègue cuentista premiado en 1967 en Cuba (cuando Casa de las Américas marcaba rumbos). En el mismo movimiento en que apela a un regocijo literario que, no en vano desde el título, retrotrae a Góngora, evade las frialdades del realismo mediante el sortilegio de custodiar hasta el detalle su propia reescritura.

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