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Domingo, 9 de octubre de 2005

DE COLECCIóN - LIBROS DEL FIN DEL MUNDO

Más allá del horizonte

La Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo que publica Eudeba tiene una historia y un territorio. Desde los confines del mundo, una colección privada dio pie a este atractivo legado documental.

En esa apasionante como transversal novela que es Frankenstein, Mary Shelley –además del mentado monstruo y su creador Víctor– incorporaba un personaje que también dejaba traslucir el espíritu con que se inauguraban los tiempos modernos. Robert Walton, el ambicioso explorador del Artico que le escribía cartas a su hermana, encarnaba a la perfección lo que venía pasando desde finales del siglo XVIII: el surgimiento del romanticismo y la aparición razonada de una nueva concepción individual que, como Prometeo, no buscaba otra cosa que despojar a los reyes de su derecho divino. “El gran objeto de la vida es la sensación: sentir que existimos”, afirmaría Byron.

Y si bien –a fuerza de ser sinceros– la colección reservada del Museo del Fin del Mundo –dirigida por Alejandro y Rafael Winograd– reúne escritos que van del siglo XVI hasta el XIX, no es menos cierto que todos ellos tienen en común, aparte de tratarse de viajes alrededor de la Patagonia, esa misma pasión romántica y prometeica.

La historia es más o menos la siguiente. En el mes de diciembre de 1982, un anciano coleccionista envió una carta al Museo territorial de Tierra del Fuego, que sólo contaba –hasta entonces– con poco más de tres años de existencia, y una muestra de piezas modesta pero absolutamente valiosa donada por los descendientes de los “viejos pobladores”. Con la carta aparecía, adjuntado un catálogo que ofrecía la venta de encuadernaciones protegidas por cubiertas y sobrecubiertas de cuero, un verdadero greatest hits de las exploraciones realizadas en la Patagonia. El entusiasmo inicial de los directores del museo pronto se vio obligado a poner los pies sobre la tierra: una institución tan nueva y reducida no estaba en condiciones de costear el valor de la colección. Cuando la derrota parecía inminente, un grupo de amigos del museo decidió reunir el dinero necesario a través de una suscripción pública. Y como el más trillado de los finales felices, luego de que los libros llegaran al museo para convertirse en parte del patrimonio común de los fueguinos, y convenio con la Universidad de Buenos Aires mediante, se conformó el corazón de la Colección Reservada que ahora publica Eudeba.

Es así que hoy tenemos acceso a Atlanta, el primer libro de la serie. Y que, por supuesto, no hace referencia a la mítica civilización que Platón ubicaba “más allá de las columnas de Hércules”, sino a una ciudad marítima –sí– pero que algunos pretendían fundar en nuestro sur. El ideólogo del proyecto (finalmente abortado) fue Julio Popper, un ingeniero rumano que, además de planear la urbanización de Nueva Orleans, una vez que llegó a la Argentina arrastrado por los rumores de oro, hizo buenísimas migas con la oligarquía política de la generación del ’80. Y fue el primero en inventariar y explorar Tierra del Fuego, a tal punto que le dio nombre al Mar Argentino.

Un viaje alrededor del mundo es la crónica que hizo George Shelvocke para atajarse de quienes lo acusaban de pasar de ser corsario (contratado por los ingleses para arrasar cada navío que tuviera bandera española), a frívolo pirata saqueador de todo lo que quedara al alcance de su garfio. El estilo de esta narración, tal vez el más valioso en términos literarios, está a mitad de camino entre el descaro enervante de Colón en su diario de “descubrimiento”, y la astucia con onda empleada por Odiseo para regresar vivito y coleando a Itaca. Al leer el tramposo testimonio de Shelvocke, no sorprende tanto que su libro haya inspirado a S.T. Coleridge (vía su entrañable amigo Wordsworth) para componer esa pieza clave del romanticismo que es La balada del viejo marinero.

La serie se completa –por ahora y solamente por ahora– con Dos años entre los hielos, donde José María Sobral, alférez de la Armada Argentina, narra las peripecias de la expedición científica sueca que realizó a bordo del ballenato Antartic, Viaje alrededor del mundo, el relato de Louis Antoine de Bougainville, primer francés en dar la vuelta al globo (¡adelantándose inclusive a Julio Verne!) y –de reciente aparición– Viaje al estrecho de Magallanes, que cuenta con las memorables relaciones del navegante Pedro Sarmiento de Gamboa, una de las figuras más sobresalientes del siglo XVI hispano.

La Colección del Fin del Mundo, además de aportar riquísimos datos en materia de historia y geografía (presenta ediciones muy cuidadas que incluyen diversos mapas y láminas ilustrativas), combina la excelente formación que –de chicos– nos ofrecía una colección del tipo Robin Hood, con el placer y la fruición con que se leían los –digámoslo– Elige tu propia aventura. Por otra parte, como sólo pasa con las colecciones imprescindibles, la de Eudeba ofrece –en conjunto– un material que, pese a su importancia múltiple, resulta prácticamente imposible encontrar en otras ediciones.

En una época en la que el romanticismo está asociado más que nada a las cursilerías de las telenovelas de las tres de la tarde, una colección tan apasionada sólo tiene que esperar ser bien recibida, aunque –como sucede con todos los exploradores– no pueda determinarse con exactitud a dónde irá a llegar.

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