libros

Domingo, 27 de noviembre de 2005

EMPRENDIMIENTOS

Parece que fue ayer

La historia de Juvenilia, la editorial de los ex alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires.

 Por Mauro Libertella

La historia es más o menos la siguiente. La Asociación de ex alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires se viene reuniendo aquí y allá desde los antiquísimos primeros años del colegio. Cuando asumió la presidencia de la asociación Alicia Muzio (la primera mujer, por cierto), quiso hacer real un sueño que venía añejándose en el cromosoma mismo del tradicional grupo: una editorial propia. La idea era que alumnos, profesores y la gente involucrada en general con el colegio pudieran publicar sin tener que padecer la maquinaria de filtros de las grandes editoriales. Pero también querían ampararse bajo un mismo techo que los legitime. Esa editorial viene editando libros hace poco más de un año y se llama Juvenilia.

El nombre de Juvenilia estará para siempre atravesado por un universo de imágenes propias: la exaltación de la adolescencia, el culto por lo libresco, la herencia de la tradición. Y, se sabe, el libro de Miguel Cané es un ritual para todo el que empiece a estudiar en el colegio. Por eso en estos días la apuesta de la asociación –apuesta a un mismo tiempo sentimental y editorial– fue la de publicar el clásico de Cané bajo el sello de Juvenilia Ediciones. En la redundancia, dicen algunos, está el estilo. Queda claro entonces que la editorial es un homenaje a la escuela, pero también a las letras que la perpetran, de modo que la mejor manera de homenajear es escribiendo. Y así lo vienen haciendo.

Fulano de tal, de Samuel Azar, y El clon del clown, de Hugo Esteva, son algunos de los títulos que ofrece Juvenilia en ediciones discretas de encuadernación y diseño más bien clásico. Es curioso cómo el año de egreso del colegio toma en cada autor la misma importancia que el apellido o los datos del libro. En ese gesto, a la vez melancólico y de pertenencia, nos enteramos de que entre los autores hay quienes egresaron a principios de los años ‘60 como bien entrados los ‘90.

Vale recordar: la historia ha demostrado que Miguel Cané alternaba su costado literario con una faceta ideológica y política que rozaba la xenofobia contra los inmigrantes. En este sentido, la gente de la Editorial Juvenilia acepta que el emprendimiento editorial no implica juicio respecto de la vida y el accionar de Cané, y que, en última instancia, es algo a discutir. Quizá la discusión llegue en los mismos libros que el grupo publique, y tal vez puedan volver a poner a Juvenilia en la senda de lo específicamente literario y, por qué no, hacer público algún nuevo relato que narre bellamente las peripecias del estudiante, pero al ritmo de estos tiempos de hoy. Porque de eso se trata, de infiltrarse en una tradición para renovarla. Y también se trata de valerse de un nombre tan instalado para, a partir de él, hacer cosas nuevas.

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