libros

Domingo, 5 de febrero de 2006

INéS FERNáNDEZ MORENO

Se habla español

Una historia de exilio maduro y femenino que toma como contexto la última gran crisis económica.

 Por Verónica Bondorevsky

La profesora de español
Inés Fernández Moreno
Alfaguara
246 páginas.

La profesora de español retrata el exilio en la localidad marítima de Benalmar, España, de Isabel, una argentina de cincuenta y seis años. Esta porteña de clase media, del barrio de Villa Urquiza, se fue de la Argentina luego de la última gran crisis económica.

Irse del país también significó para Isabel haber partido el (y del) grupo familiar, ya que, con la decisión, se separa, entre otros, de su esposo, que termina trabajando en Portugal; de su joven hijo, que estudia música en los Estados Unidos y de su madre octogenaria, que se queda en el país.

Luego de haber perdido el trabajo en la agencia de publicidad en la que trabajaba en Buenos Aires, de vender el auto, de dar de baja la prepaga y de renunciar a otros tantos hábitos y servicios que utilizaba –característicos de la clase media argentina–, la protagonista y su esposo deciden emigrar. Por lo tanto, Isabel desarma su casa, se separa de sus afectos y costumbres y pasa a ser una de las tantas argentinas indocumentadas en España.

Allí la mujer trabaja como redactora publicitaria, como profesora de español y como periodista. A partir de sus trabajos, conocerá a distintos extranjeros en España, algunos por razones económicas, otros por estudio, por amor o por turismo. A su vez, gracias a una nota que le encargan de una revista, se pondrá en contacto con otro argentino, Alonso Cichero, un cartero que fue encarcelado acusado por estafa. Con él, la protagonista mantendrá una relación por carta y ambos terminarán accediendo a sus mutuos y particulares pedidos.

Enseñando español en España, la protagonista reflexionará sobre las posibilidades de comunicación de la lengua y sobre los sentimientos y los conceptos que se esconden o se ven limitados dentro de cada palabra. Por ejemplo, y en relación con su momento, Isabel se cuestionará el término irregular, que supuestamente daría cuenta de su situación. También, al entrar en contacto con nuevas personas, comprobará que tanto la solidaridad y la indiferencia no se rigen por nacionalidades.

El tratamiento del tiempo en esta novela se ve teñido de los mecanismos propios del recuerdo y, por lo tanto, hay saltos y evocaciones que producen una ruptura del orden cronológico cotidiano para dar lugar a otras coordenadas: las del exiliado. Este ritmo particular que vive Isabel se vincula también a la idea de qué conservar y qué dejar de la Argentina y de su tiempo –hay, en este punto, una indagación en el valor afectivo de los objetos (fotos, cartas, testimonios de lo que uno ha vivido)– y de las formas de integrarse a una nueva sociedad.

En sus libros, Fernández Moreno ha indagado con precisión el mundo de la mujer adulta. De hecho, la protagonista de su novela La última vez que maté a mi madre o las mujeres que trasuntan de muchos de los cuentos de Hombres como médanos son sinceras, autocompasivas y siempre dispuestas a recurrir al humor para entender y hacer más livianas sus circunstancias. Como lo hace Isabel, más allá de estar desgarrada por afectos, países, lenguas y dialectos, que es capaz de decir(se): “Una de las cosas buenas de emigrar a tan avanzada edad es que uno se dispone a hacer cualquier cosa, casi cualquier cosa, como lo hacía cuando era joven”.

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