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Domingo, 19 de marzo de 2006

ROMEO CéSAR: EL CARNAVAL DE BUENOS AIRES

Carnavales eran los de antes

Una tesis doctoral, rediseñada para público más amplio, toma como objeto de investigación el Carnaval que alguna vez supo tener Buenos Aires.

 Por Jorge Pinedo

El Carnaval de Buenos Aires
Romeo César
Editorial de las Ciencias
2005
391 págs.

Si la fiesta constituye esa instancia dentro de la cual se suspenden las normas de las instituciones que procuran regular la diversidad del grupo, el Carnaval se eleva como su expresión paroxística. A mitad de camino entre lo sagrado y lo profano, se desarrolla según una conjunción astronómica que coincide con la cuaresma católica para concluir el Miércoles de Ceniza. Limitado, censurado, reprimido y hasta prohibido por dictaduras y dictablandas, en la ciudad de Buenos Aires las carnestolendas acompañaron las vicisitudes históricas sin alejarse de un espíritu no menos popular que orgiástico que le ha servido de hilo conductor a fin de obtener algo semejante a una identidad propia a lo largo de los siglos.

Tal es la idea que Romeo César, joven filósofo egresado de una universidad confesional, doctorado en Antropología en Sevilla y docente patagónico, desenvuelve en ocho estudios y tres anexos destinados a cubrir los fastos saturnales entre 1770 y 1850. Originalmente concebido como tesis doctoral, El Carnaval de Buenos Aires, el libro, ha sido rediseñado a fin de facilitar su lectura “en un lenguaje simple y llano, con categorías y clasificaciones tomadas de la prensa de la época o del habla diaria”. Le otorga, por ende, a público y celebrantes una función preponderante en la adjudicación de sentidos “sin demasiadas interferencias de jergas académicas” en la determinación de un pensamiento que suma en forma confesa antropología, sociología, historia, filosofía y teología. Propósito por demás logrado al recurrir tanto a Kundera como a Baudelaire, Bajtín, Demócrito o Bergson y reciclarlos, entre otros, a fin de desasirse de enredos teóricos como el deconstructivismo, la diferencia entre enunciado y enunciación o la teoría freudiana del humor, al punto de evitar requerir de razones que fundamenten el período histórico adoptado. Por ello César alcanza la cima de explicar con sólo describir y hacerlo en el marco de un relato que, al modo de la transmisión del saber popular, reitera una y otra vez algunos rasgos con el propósito de subrayar en forma cualitativa la idea central. En otros términos, tiene en cuenta “que la chanza del Carnaval puede dirigirse a cualquiera y que si descree de la ironía escéptica de los intelectuales lo hace porque cree en la expresión gozosa de los cuerpos”. En efecto, privilegio hermenéutico de la creencia, el texto suma posibilidades paradójicas: mientras caracteriza al Carnaval como una instancia que deja “sin vigencia el pensamiento y la acción política que se desarrollan en él”, resiste “los embates del proyecto moderno llevado adelante por los poseedores del poder”, al tiempo que presenta “rasgos civilizatorios formidables para las relaciones interétnicas”.

Actualización de las sendas pioneras trazadas en la década del sesenta por las extinguidas revistas Janus y Planeta, el texto de César va más allá y reivindica las interpretaciones críticas de un fenómeno cultural mediante el “tratamiento jocoseiro” como el diálogo, la sátira y la parodia. Sermones, ordenanzas, documentos oficiales, notas periodísticas y fuentes rigurosas son contrastadas con meticulosa insistencia hasta completar un panorama generoso que ameritaría un editing más prolijo.

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