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Domingo, 16 de julio de 2006

DALIA ROSETTI: ME ENCANTARíA QUE GUSTES DE Mí

La flor de mi secreto

La invención de un personaje y la construcción de una narradora son los rasgos salientes en los relatos de Dalia Rosetti.

 Por María Moreno

Me encantaría que gustes de mí
Dalia Rosetti
Mansalva
172 páginas

Fernanda Laguna, narradora, artista plástica, docente y mercera, firma su primer libro en una editorial no artesanal con el nombre de Dalia Rosetti. La aclaración puede parecer un escrache si no se estuviera seguro de que el seudónimo se propone, más que el encubrimiento, la invención de un personaje, mientras, al mismo tiempo, actúa como un copete del texto lésbico en su candorosa saturación floral: Dalia Rosetti. Varias décadas de crítica literaria han puesto la duda sobre la autobiografía como el relato sincero de una experiencia para revelarla como la construcción interesada de esa experiencia, escritura de un yo no muy diferenciable del de la ficción. Los tres relatos de Me encantaría que gustes de mí constituyen una insinuación autobiográfica debido a su efecto de inmediatez, oralidad y la convergencia en una voz única. “Durazno reverdeciente” es el que más coquetea con esa insinuación mediante la mezcla del nombre de la autora con el de la narradora que se llama Fernanda Rosseti, pero en una variable insólita: la autobiografía futura. Fernanda Rosseti tiene 65 años, es panzona, canosa, y muestra un pasado extrañamente común con el de la narradora de “Me encantaría que gustes de mí” y “Alejandra”. “Me encantaría que gustes de mí” inventa el género novelita lesbo-playera o de surfismo sáfico. Forman parte de su cartonería estética subtitulados de películas, letras de canciones, aforismos de poster. Los personajes son los del porno naïf: la mesera, la camionera y la caballeriza. En apariencia, estos tres relatos se proponen como dramas, pero están hechos con elementos de géneros que aplanan toda dimensión dramática; al utilizar imágenes cómicas o signos tipográficos, provocan con una estética de la intrascendencia.

Resulta precario situar Me encantaría que gustes de mí en una filiación letrada de novelas sin hombres como En breve cárcel de Sylvia Molloy o El círculo imperfecto de Alicia Plante, pero también creerles a las marcas culturales que los tres textos puntean y que van desde Leo García a Los Dados Negros, pasando por Leo Mattioli. Hay relatos orales que provienen de lecturas, hay textos que suenan como escritos pero que nunca llegan a la escritura, hay clichés de viva voz que alguna vez fueron textos. Una chica puede leer de oído, como la escritora Dalia Rosetti, en los diálogos escuchados en su living o en su mercería. En Me encantaría que gustes de mí, como totalidad, hay ecos de las micronovelas de Aira, en el efecto de naturalidad en un discurrir que se propone con la soltura de la causerie y donde yace una compulsión a la peripecia, estrepitosa pero antiépica, sin valor como en las secuencias planas de una historieta.

Sylvia Molloy ha observado en determinadas escritoras mujeres del pasado un culto del personaje que empañaba la obra, pero que no era necesariamente producto de la coalición masculina sino una estrategia de integración en las orillas del campo cultural. Y uno de los rasgos del “hacerse personaje” es el anenamiento, estrategia que ella ha trabajado en la figura de Delmira Agustini. En sus puestas en escenas públicas, Fernanda Laguna sigue esa tradición de anenamiento que simula coincidir con los síntomas privados, mientras la narradora de Laguna se muestra naïf, enumera con saña sus supuestos fracasos en la seducción, se burla de su cuerpo, llora litros de lágrimas Liechtenstein, pero exige una ardua elaboración estratégica a condición de que se defina la estrategia como una lectura a posteriori, una negociación estética entre lo que no se puede evitar ser, el cliché impuesto por los demás y la alegría de ceder a la droga de escribir. En “Durazno reverdeciente”, en los bordes de sus peripecias sexuales, se intenta, en cambio, un cálculo descarnado sobre el quién es quién en la cultura del futuro: “Orgía con los grandes vanguardistas de la época en que éramos jóvenes, y los nuevos poetas como Christopher Miles y Juan Moleti. Seguro que van a estar Casas, Cucurto, Aira (mi amante cuando tenía 33), Rubio, el galán de Alemián que sigue conquistando con su estética down. En fin, todos los poetas que me cogí para ascender en mi decadente escalera de la ruina: profesora de literatura de colegio secundario”. Mediante la ficción, Dalia Rosetti propone el relevo de sus mayores, de los que ha pasado a formar parte mientras, a través del fantasma del fracaso –ser profesora de Letras en el secundario–, pregunta por su pertenencia literaria. Es como si el deseo oculto en la afirmación “me encantaría que gustes de mí”, se dirigiera no a alguien sino al campo cultural. En nombre de éste podría respondérsele que sí, que éste gusta de ella. Fernanda Laguna es una narradora de textos vertiginosos, divertidos y que permiten una lectura popular. En realidad, ella ha inventado en parte una nueva rama: el populismo bright.

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